Lupara Bianca Capítulo 28
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Capítulo 28

Bianca

Me tiemblan tanto las manos que apenas soy capaz de sujetar el teléfono contra mi oreja. Suenan dos tonos y está a punto de llegar el tercero cuando escucho la voz de Romeo al otro lado de la línea.

—¿Bianca? —Su voz suena ronca y somnolienta, como si acabara de despertarse.

Echo un vistazo a mi reloj de pulsera. Con la diferencia horaria, ahora mismo es poco más de medianoche en Filadelfia.

—Siento haberte despertado —digo, conteniendo un sollozo—. ¿Podemos hablar? De verdad, necesito hablar.

—Eh… Sí, claro. Dame un segundo. —Lo escucho moverse, después el sonido de una puerta al cerrarse—. Ya estoy. ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?

—Sí, yo solo… —Inspiro hondo por la nariz—. Me he quedado dormida.

—Vale… ¿Y eso es malo?

Exhalo con fuerza y todas las lágrimas que estaba intentando contener empiezan a salir en cascada de mis ojos.

—¡Sí! Es muy malo —sollozo—. Estoy compartiendo dormitorio con Luca y me quedé dormida. Intenté no hacerlo. Bebí mucho café y ayer estuve en los probadores de dos tiendas. Lo intenté y no funcionó, y ahora…

—Bianca, frena un poco. No entiendo nada de lo que dices. ¿Estás llorando?

—Sí… —Vuelvo a sollozar y me aferro con más fuerza al teléfono.

—Está bien, cariño. Trata de tranquilizarte y cuéntame exactamente lo que ha pasado.

Respiro hondo un par de veces y empiezo a relatar entre lágrimas todo lo ocurrido desde que llegamos ayer a la isla.

Que comparto dormitorio con mi esposo; mi aventura en los probadores; el paseo por Trapani durante la tarde; la desastrosa cena; nuestra discusión de después y, por último, el incidente de hace un rato, cuando desperté en la cama con la polla de Luca apuntándome a la cara como un misil.

—¿Entiendes ahora por qué estoy así? No sé qué hacer.

—Tampoco es tan grave, Bianca. Dices que él no te tocó, ¿verdad?

—Sí, eso es lo que él asegura.

—¿Y le crees?

Lo pienso unos segundos y asiento, aunque sé que no puede verme.

—Sí, parecía sincero. Además, fue él quien me despertó. Ya sabes cómo me pongo cuando estoy sonámbula. Que me haya detenido cuando estaba a punto de…

Me quedo callada de golpe y escucho a mi amigo reír al otro lado de la línea.

—¿Hacerle una mamada a tu marido? —Resoplo con fuerza y él vuelve a reír—. Las cosas por su nombre, cariño.

—¿Puedes dejar de burlarte de mí y ayudarme a solucionar esto? ¿Qué se supone que voy a decirle?

—Nada. Eres sonámbula y punto. No tienes que darle ninguna explicación. Aunque por lo del puñetazo… —Ríe de nuevo—. ¿En serio lo hiciste sin querer? Admítelo, ya le tenías ganas de antes.

—Romeo, no estás siendo de ayuda —mascullo entre dientes.

—Vuelve a la habitación, discúlpate por darle el puñetazo y listo.

—¿Y qué se supone que voy a hacer esta noche? Porque seguiremos compartiendo dormitorio. Nada me impide volver a asaltarlo.

—Bueno, al menos esta vez no lo tomará por sorpresa. Dile que si…

—Romeo, ¿qué haces? Vuelve a la cama. —Mi amigo es interrumpido por la voz de un hombre.

—¿Quién está contigo? —pregunto.

—Eh… Nadie.

—¿Estás con tu amante secreto?

—No. Tengo que dejarte.

—¡Eh! ¿Vas a dejarme tirada por un polvo? Te necesito.

Suspira con fuerza y casi puedo imaginarlo presionándose las cuencas de los ojos, como siempre hace cuando está frustrado.

—No me necesitas, Bianca. Solo querías desahogarte y ya lo has hecho. Ahora vuelve a ser la mujer fuerte y valiente que conozco, plántale cara a tu querido maridito y resuelve la situación. Cu furza e curaggiu si vince tuttu. Tengo que colgar. Te quiero.

Antes de poder decir nada más, la llamada se corta y me quedo mirando la pantalla del teléfono como una idiota. Sí que me ha dejado tirada por un polvo. Traidor.

Me pongo en pie y tomo una respiración profunda antes de abrir la puerta de la despensa donde me he encerrado. Ni siquiera sé cómo he terminado aquí. Busqué el primer lugar aislado y esto fue lo que encontré.

Camino por los pasillos casi de puntillas para no hacer ruido. Si alguien llegara a verme, no sabría cómo justificar estar paseando en camisón por una casa ajena. Cuando llego al dormitorio que comparto con Luca, me detengo frente a la puerta cerrada y respiro hondo de nuevo.

—Eres una mujer valiente y poderosa. Furza e curaggiu —me digo a mí misma justo antes de girar el pomo y entrar en la estancia.

Busco a Luca con la mirada, pero no lo veo por ningún lado.

Entonces, me fijo en la puerta del baño; está cerrada y se escucha el agua de la ducha correr.

Dejo escapar todo el aire que estaba conteniendo y me cubro el rostro con ambas manos.

Al menos, tengo unos cuantos minutos más antes de enfrentarme a él.

Espero que sean suficientes. Debo recuperar la compostura.

Odio esto. ¿Por qué no puedo dormir como una persona normal?

Luca

Ni confirmo ni desmiento que me he aliviado en la ducha.

¡Joder, claro que lo he hecho! ¿Cómo se supone que iba a pasar el resto del día después de haber estado más empalmado que en toda mi vida?

Cuando tomé la decisión de casarme con Bianca bajo sus términos y condiciones, supe que algo así podría pasar.

Es una mujer preciosa, más de lo que cualquiera puede soportar tener cerca sin caer en la tentación, pero lo de hace un rato ha sido…

Ni siquiera sé cómo definirlo. Me sorprende haber tenido la fuerza de voluntad suficiente para apartarla.

Sin embargo, lo que más confuso me tiene no es lo que me hizo sentir, sino su reacción al despertar.

Entiendo su sorpresa. Despertarse así, conmigo zarandeándola y con la polla fuera no debe de ser fácil de digerir; no obstante, había algo más en su expresión.

Ese miedo atroz que la hizo retroceder. Nunca antes, en todo el tiempo que conozco a Bianca, la había visto en ese estado.

Ella no es de las que se achantan. Siempre tiene una contestación mordaz en la punta de la lengua; ante un ataque, saca pecho y responde con otro.

Deslizo la palma de la mano para retirar el exceso de humedad del espejo y hago una mueca al ver mi ojo.

El párpado y la parte alta del pómulo ya empiezan a adquirir un color violáceo y estoy seguro de que irá a peor.

Se me escapa una risa incrédula. ¿Cómo demonios voy a explicar que mi esposa me ha dejado un ojo morado con un puñetazo?

Lo más probable es que pierda todo el respeto y la credibilidad de mis socios.

Con solo una toalla enroscada alrededor de las caderas, salgo del baño y me sorprendo al verla sentada en el sofá. Se ha cambiado de ropa. Al menos, ya no sentiré que me tortura con ese jodido camisón.