Capítulo 9
Bianca
Adriano Valente llegó justo a tiempo para evitar lo que estoy segura de que estaba a punto de convertirse en una verdadera matanza indiscriminada.
En cuanto lo vi, pude notar en la mirada de mi padre que iba a acabar con todos los De Santis sin ningún miramiento.
Incluso podría jurar que se le pasó por la cabeza hacer lo mismo conmigo, y entonces solo hubiera quedado con vida el sacerdote que nos ha casado.
Después de silenciarlo a él, ya no habría ningún testigo vivo que pudiese declarar ante Maurizio Leone que nuestro matrimonio fue algo de mutuo acuerdo.
Secuestrar a la hija de un Don es motivo más que suficiente para erradicar por completo a una familia de la mafia; sin embargo, que dicha hija se haya fugado por su propia voluntad con el Don de esa familia lo cambia todo.
Si mi padre hubiese matado a cualquiera de los De Santis, iniciando así una posible guerra, tendría que dar demasiadas explicaciones.
Nuestro capo no iba a estar nada satisfecho con esa decisión.
Echo un vistazo hacia la puerta cerrada del lugar donde Luca, mi padre y Adriano Valente se encerraron hace casi más de una hora.
Tras poner al tanto al recién llegado de todo lo que había ocurrido, y que yo misma le asegurara que Luca no me había sacado de mi casa en contra de mi voluntad, decidieron retirarse para resolver este conflicto en privado.
—Estás loca —escucho que me susurra Romeo justo detrás de mí.
Echo un vistazo por encima del hombro mientras hago rodar una de mis pulseras alrededor de la muñeca. Es una especie de tic nervioso. Normalmente me ayuda a mantener la calma, pero hoy no está funcionando.
—¿Qué demonios estarán hablando ahí dentro durante tanto tiempo? —murmuro para mí, aunque lo hago lo bastante alto como para que Vincenzo pueda escucharme. No me ha quitado la vista de encima desde que los tres hombres se marcharon.
—Con un poco de suerte, estarán negociando un acuerdo que no termine con una guerra entre nuestras familias —gruñe.
Ignoro su comentario y sigo dándole vueltas a la pulsera hasta que por fin la puerta se abre de golpe.
El primero en aparecer es mi padre. Me lanza una mirada dura que conozco muy bien, es una de esas miradas que me hacían mearme encima de puro terror cuando era una niña, pero ahora ya no lo soy.
«Cu furza e curaggiu si vince tuttu» . Logro reunir el poco valor que conservo cuando mi padre está cerca y alzo la barbilla de manera desafiante.
Tras él viene Adriano Valente y por último veo a Luca.
Al menos todos están vivos. Eso tiene que ser buena señal.
—Padre… —susurro cuando llega a mi lado.
No quiero hacerlo, pero el código ético y moral que me han impuesto desde niña me obliga a agachar la cabeza en señal de respeto.
—Estoy muy decepcionado contigo, Bianca. Permití que te marcharas a Europa con tu tía antes de buscarte un buen esposo, pero traicionaste mi confianza encontrándote a escondidas con este… —El muy hipócrita exhala con fuerza y niega con la cabeza.
Luca pasa a su lado, da media vuelta y, rodeando mi cintura con el brazo, me atrae a su costado. Me contengo para no darle un codazo en las costillas y empujarlo con fuerza. ¿En serio es necesario que estemos tan pegados?
—No se le pueden poner puertas al amor, Rossetti. Tú mejor que nadie deberías saberlo —comenta sonriendo.
Mi padre lo fulmina con la mirada. Es cierto que él mismo fue en contra de su familia al casarse con mi madre.
Ella no pertenecía a nuestro mundo, era una chica normal y corriente, pero se enamoraron y, de alguna forma, lograron que mi abuelo aceptara esa relación y posterior matrimonio.
No obstante, dudo que ahora mismo mi padre esté de acuerdo en que esta situación y la suya sean similares.
Me contengo para no soltar una carcajada. Supongo que el karma es un maldito hijo de puta. Puede tardar años, pero siempre te la devuelve.
—No puedo estar conforme con esta unión, pero ya está hecho; por lo tanto, solo me queda hacerme a un lado y desearos suerte.
—Se ajusta los puños de la camisa con tranquilidad antes de mirarme de nuevo—.
Espero que hayas tomado una buena decisión, Bianca, porque tendrás que cargar con ella el resto de tu vida.
No quiero verte en mi casa, arrepentida.
Ahora eres una De Santis y te debes a tu nueva familia.
—Descuida, padre. No lo haré —digo, intentando sonar amable.
—En fin… Hoy mismo te traerán aquí tus cosas y, tal como he acordado con tu esposo, Romeo seguirá siendo tu guardaespaldas personal. —Lo mira en ese momento a él—. ¿Estás de acuerdo, muchacho?
—Sí, Don —responde de inmediato.
—Bien. —Inspira hondo por la nariz y, tras despedirse con un golpe de cabeza, abandona el salón seguido por todos sus hombres, a excepción de Romeo.
En cuanto dejo de verlos, no puedo evitar soltar un suspiro de puro alivio.
—Recuerda las palabras de tu papi, Diavuletta. Ahora eres una De Santis y te debes a tu familia, te debes a mí —susurra Luca junto a mi oído en tono burlón.
Lo aparto de un empujón y pongo los ojos en blanco. Ahora que lo peor ha pasado, voy a tener que pensar en la mejor manera de lidiar con mi no tan querido esposo. Por suerte, no lo soportaré durante mucho tiempo. Mi intención es largarme a Europa lo antes posible.
Luca
Tras ordenar a mis hombres que le busquen un hueco a Serra en una de las habitaciones de la planta baja, dejo que mi hermano se marche a recoger a su esposa e hijo al lugar donde los ha escondido y no me molesto en acompañar a Bianca a su dormitorio.
Dejo que sea ella la que llegue allí por su cuenta.
Al fin y al cabo, esta ahora es su casa y no me va a quedar más remedio que acostumbrarme a respirar el mismo aire que ella.
Paso gran parte de la tarde hablando por teléfono con Kincaid para informarle de cuál ha sido el resultado de nuestro plan.
Aunque ni yo termino de creerlo, al final hemos logrado nuestro objetivo.
Mi familia ya está emparentada con los Rossetti y es cuestión de tiempo que termine haciéndome con parte de sus negocios.
Luciano se hace mayor y no tiene ningún hijo varón.
No le quedará otra que ir cediéndome territorio poco a poco; no obstante, no pienso forzar la situación.
A pesar de que la paciencia no es mi fuerte, hasta yo sé que, si tiro demasiado de la cuerda, terminará rompiéndose y todo el esfuerzo invertido en el plan no habrá servido para nada.
Por el momento ya he cumplido el primer objetivo y Kincaid me asegura que retirará a todos sus hombres de las calles.
Ese movimiento me hará recuperar gran parte del poder en el estado.
El no tener que preocuparme por la interacción de los irlandeses dentro de mi territorio es un alivio enorme que me ayudará a concentrar esfuerzos para rearmarnos defensiva y ofensivamente.
Con mi cuñada y mi sobrino de vuelta en casa, aprovecho para descansar un par de horas antes de la cena.
Nada más despertar, me doy una ducha, me cambio de ropa y me dirijo al comedor del ala este.
Mi intención es reunirme con mi familia, como cada noche, para ponerlos al tanto de la nueva situación.
Apuesto a que Vincenzo ya se lo ha contado a Ilenia, pero le he pedido que me deje a mí hablar con nuestra madre.
No estoy del todo seguro de su reacción cuando se entere de que me he casado con Bianca Rossetti.
Justo estoy pensando en la forma más indicada para iniciar esa conversación cuando paso por delante del dormitorio de Bianca, el mismo en el que la dejé inconsciente justo después de secuestrarla.
Me detengo frente a la puerta entreabierta.
No tengo ninguna intención de invitarla a unirse a nosotros durante la cena.
Ella misma puso como condición que nuestro matrimonio fuese solo una fachada y que cada uno haga su vida por separado.
Me parece perfecto. Si quiere cenar, que lo haga en la cocina o en cualquier otro lugar de la casa.
Estoy seguro de que sabrá arreglárselas sola.
Doy media vuelta y estoy a punto de seguir avanzando por el pasillo cuando escucho una voz que proviene del interior del dormitorio, y no es la de Bianca. Me acerco de nuevo y echo un vistazo. Serra está con ella.
—Espero que no te arrepientas de todo esto, Bianca. Acabas de meterte tú solita en la boca del lobo.
La escucho suspirar y se mueve por la habitación hasta quedar justo en mi línea de visión.
Pestañeo un par de veces al verla. Lleva puesto un albornoz blanco y su cabello está mojado.
Parece como si acabara de salir de la ducha, pero…
¿qué demonios hace el imbécil de Serra en su dormitorio mientras ella está medio desnuda?
—Es un mal menor. Luca…
Antes de que pueda terminar la frase, ya he abierto la puerta de un empujón y estoy entrando en la estancia.
—Luca va a matar a cualquiera que entre aquí sin mi autorización, y más aún estando vestida así. —La señalo con el dorso de la mano y ella me mira confusa.