LUNA Y CENIZA CAPÍTULO 72 UN AÑO DESPUÉS
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CAPÍTULO 72 UN AÑO DESPUÉS

El paso de Ceniza Gris, un año después de la boda real, ya no se parecía en nada al punto de conflicto que había definido dos siglos de hostilidad entre Nyxara y Ashkar.

Ires lo visitó en persona, como hacía cada estación, para inspeccionar la guarnición conjunta que ella misma había propuesto en aquella primera negociación tensa con Kaelen.

Guardias de la Luna y legionarios de Ashkar patrullaban codo a codo, compartiendo turnos, compartiendo historias, compartiendo —para sorpresa de nadie que hubiera presenciado el desarrollo de la amistad entre Sorae y Threll durante el último año— más de una boda propia entre soldados de ambos reinos que jamás hubieran imaginado, un año atrás, terminar formando una familia con alguien del bando "enemigo".

—La Teniente Sorae y el General Threll les mandan saludos —dijo el joven oficial al mando de la guarnición, con una sonrisa que no lograba disimular cierta diversión—. Están, ejem, ocupados con los preparativos de su propia boda, Majestad.

—Espero que no estén discutiendo la lista de invitados con la misma intensidad con la que discuten estrategia militar —dijo Ires, con una risa genuina.

—Me temo que sí, Majestad. La reunión de ayer sobre el menú duró tres horas.

Ires sonrió, pensando en lo lejos que habían llegado todos ellos desde aquella primera noche en el salón del trono, cuando ni siquiera imaginaba que terminaría no solo casada con el Rey de Cenizas, sino presenciando cómo su propia Teniente encontraba, en el General más obstinado de Ashkar, algo parecido a la felicidad.

Kaelen la alcanzó al atardecer, cabalgando desde Ashkar con la ligereza de un hombre que ya no cargaba el peso solitario de una corona que nunca había pedido.

—El Consejo aprobó la expansión de la biblioteca compartida —dijo, desmontando junto a ella con un beso breve que ya no necesitaba ocultarse de miradas curiosas—. Textos de Nyxara y Ashkar, uno junto al otro, disponibles para cualquier erudito de ambos reinos que quiera estudiarlos.

—Vaelis hubiera odiado eso —dijo Ires, con una punzada de la tristeza compleja que todavía sentía, un año después, cada vez que pensaba en el anciano.

—Vaelis hubiera odiado la mitad de lo que hemos construido este año —coincidió Kaelen, con la misma complejidad emocional en su propia voz—.

Y sin embargo, sospecho que una parte de él, la parte que no fue consumida del todo por la Escritura Primera, hubiera estado orgullosa de ver a Ashkar prosperar de un modo que ni la guerra ni el aislamiento lograron nunca.

Se quedaron un momento observando el paso de Ceniza Gris, el lugar donde una disputa territorial había estado a punto de definir el destino de dos reinos, ahora transformado en el símbolo más visible de todo lo que se había logrado.

—¿Alguna noticia del templo? —preguntó Kaelen, cambiando de tema con la delicadeza de quien conoce bien las complejidades que Ires todavía navegaba con la Sacerdotisa Mayor.

—La Sacerdotisa Mayor por fin accedió a visitar Ashkar el próximo mes —dijo Ires, con una sonrisa que no podía disimular su satisfacción—. Le tomó un año entero aceptar que el fuego no iba a consumirla en cuanto cruzara la frontera.

—Un año es rápido, para los estándares de Nyxara.

—Un año es una eternidad, para los estándares de Nyxara —corrigió Ires, riendo—. Considéralo un triunfo diplomático mayor que cualquier tratado que hayamos firmado.