CAPÍTULO 65 LO QUE LA OSCURIDAD NO PUEDE QUEBRAR
Vaelis se retiró tras aquella confesión, dejando a Ires sola con sus cadenas y con horas —quizás un día entero, era difícil calcularlo bajo el cielo perpetuamente cubierto de humo del epicentro— para enfrentar sus propios pensamientos.
El miedo llegó primero, crudo e innegable: miedo por sí misma, por lo que la Escritura Primera pudiera hacerle si el plan de Vaelis tenía éxito; miedo, todavía más profundo, por Kaelen, sabiendo que caminaba directo hacia una trampa diseñada específicamente para destruirlo a través de lo único que había logrado quebrar su soledad de rey desde la muerte de su padre.
Pero bajo el miedo, algo más terco se negó a apagarse del todo.
*No vine hasta aquí para morir encadenada*, pensó Ires, tirando de nuevo de las runas que le mordían las muñecas, sintiendo el ardor familiar de la magia lunar intentando, sin éxito, encontrar una grieta en el sello. *Rhoswen no murió para que yo terminara rindiéndome sin pelear.*
Cerró los ojos, y en la oscuridad de sus propios párpados, buscó el mismo lugar interior al que había recurrido cada vez que el entrenamiento se había vuelto insoportable, cada vez que el peso de la promesa a su hermana había amenazado con quebrarla del todo.
Encontró, para su sorpresa, que ya no estaba sola en aquel lugar interior: encontró también a Kaelen, la calidez de sus manos entrelazadas junto a la fuente del jardín, la risa genuina compartida en el mercado de las Brasas, la vulnerabilidad compartida en la cripta silenciosa de sus reyes muertos.
*Voy a resistir*, se prometió, con una determinación que ni las runas negras que la rodeaban lograban debilitar del todo.
*El tiempo suficiente para que él llegue.
Y cuando llegue, vamos a encontrar la forma de convertir esta trampa en la última lección que la Escritura Primera aprenda sobre nosotros. *
El sol se puso sobre las Tierras Quemadas, tiñendo el cielo cargado de ceniza de un naranja enfermizo, y en algún lugar más allá del epicentro, Ires sintió, con una certeza que no tenía nada que ver con la magia y todo que ver con algo mucho más simple y mucho más poderoso, que Kaelen ya estaba cerca.