LUNA Y CENIZA CAPÍTULO 64 LA VERDAD BAJO LAS CENIZAS
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CAPÍTULO 64 LA VERDAD BAJO LAS CENIZAS

Ires despertó con las muñecas atadas con cadenas grabadas de runas —la Escritura Primera, reconoció con un escalofrío— y Lord Vaelis de pie frente a ella, con una expresión que ya no llevaba ni rastro de la cortesía calculada de la corte.

—Debo felicitarla, Capitana —dijo el anciano, y su voz tenía un timbre que no era del todo humano, una resonancia que se sentía como si algo más antiguo hablara a través de él—. Fue más lista de lo que anticipé. Casi lo suficiente.

—Usted mató al padre de Kaelen.

—Yo no maté a nadie —dijo Vaelis, y por un instante, algo en sus ojos pareció luchar consigo mismo, una guerra interna que Ires reconoció de inmediato: no era Vaelis hablando del todo.

Era algo usando a Vaelis como vehículo—.

La Escritura Primera lo hizo. Yo solo… escuché lo que ofrecía a cambio de mi lealtad.

—¿Qué le ofreció?

—Poder. Continuidad. La certeza de que Ashkar seguiría siendo Ashkar, sin la contaminación de una alianza con Nyxara que diluiría siglos de identidad y fuerza.

—Vaelis se acercó, y Ires vio, con horror creciente, las venas oscuras que empezaban a extendérsele bajo la piel del rostro, runas negras palpitando bajo la superficie—.

Pero lo que no anticipé fue lo que su unión con el rey desataría.

Ese poder, Capitana, es exactamente lo que la Escritura Primera necesita para romper el sello de la Ruptura por completo.

—Entonces no me quiere a mí —comprendió Ires, con un frío que no tenía nada que ver con la temperatura del aire—. Me quiere como cebo. Para atraer a Kaelen aquí, y completar lo que sea que esté planeando con ambos presentes.

La sonrisa de Vaelis —o de lo que quedaba de él— fue respuesta suficiente.

—El fuego y la luna, unidos por voluntad propia, frente al epicentro exacto de la Ruptura —dijo—. Es exactamente lo que se necesita para romper el sello del todo. Ustedes hicieron el trabajo más difícil solos, Capitana. Enamorándose.

Ires tiró con fuerza de las cadenas, sintiendo la magia lunar chisporrotear contra las runas sin lograr liberarla.

—Kaelen no va a venir.

—Oh, sí que vendrá —dijo Vaelis, con una certeza que hizo que el estómago de Ires se helara del todo—. Ya está en camino. Puedo sentirlo, del mismo modo en que puedo sentir el sello debilitándose con cada hora que pasa.