CAPÍTULO 52 EL CONSEJO SE DIVIDE
La acusación de Vaelis, aunque no probada del todo, se extendió por la corte de Ashkar con la velocidad de un incendio real, alimentada por meses de resentimiento acumulado hacia una tregua que muchos nobles todavía consideraban una traición a la memoria de sus propios caídos en generaciones de guerra.
—Siempre supe que esa mujer traería problemas —murmuró una noble en los pasillos, lo bastante alto como para que Ires, pasando cerca, no pudiera evitar escucharlo—. Nyxara nunca ha jugado limpio con Ashkar. ¿Por qué habría de empezar ahora?
Ires aprendió a caminar por el palacio con la espalda más recta de lo habitual, ignorando los susurros que la seguían allá donde iba, aunque cada uno se sentía como una pequeña herida acumulándose sobre las anteriores.
El propio Threll, a pesar de su lealtad genuina hacia Kaelen, se encontró defendiendo a Ires ante colegas que llevaban toda su carrera sirviendo junto a él.
—La Capitana Nightveil ha demostrado su lealtad con sangre, en las Tierras Quemadas, junto a nuestros propios soldados —dijo Threll, durante una reunión informal de oficiales que rápidamente se había convertido en algo mucho más tenso—. Un documento cuestionable no borra eso.
—Un documento cuestionable, General, es exactamente el tipo de cosa que uno esperaría si la lealtad fuera fingida desde el principio —replicó uno de los oficiales más jóvenes, un protegido directo de Vaelis que llevaba semanas absorbiendo la retórica de su mentor sin cuestionarla del todo.
La división no se limitaba a los pasillos y las reuniones informales.
Se filtró hasta el propio Consejo, donde la facción de Vaelis, envalentonada por el escándalo, empezó a presionar abiertamente por medidas que meses atrás hubieran sido impensables: restricciones al movimiento de Ires dentro del palacio, supervisión constante de sus comunicaciones con Nyxara, incluso sugerencias veladas de que el compromiso debía disolverse hasta que su nombre quedara completamente limpio.
Kaelen resistió cada una de esas propuestas con una firmeza que sorprendió incluso a sus consejeros más leales, pero cada batalla ganada en el Consejo parecía costarle un poco más de la confianza pública que había logrado construir durante sus primeros años de reinado.
—Esto no va a parar solo porque usted lo desee, Majestad —le advirtió Threll, en privado, después de una sesión particularmente hostil del Consejo—. Vaelis ha encontrado la grieta perfecta. No va a soltarla hasta que consiga lo que sea que esté buscando.
Ninguno de los dos, en ese momento, podía imaginar hasta qué punto esa advertencia resultaría profética.