CAPÍTULO 53 LO QUE KAELEN NO PUDO EVITAR
Kaelen pasó los días siguientes atrapado entre dos fuerzas que se negaban a conciliarse: el deseo genuino de defender a Ires ante cada acusación velada del Consejo, y la presión constante de consejeros que, con argumentos cada vez más sofisticados, le recordaban que un rey visto como débil ante su propia corte era un rey que ponía en riesgo la estabilidad que tanto le había costado construir.
—Necesito que entiendas mi posición —le dijo a Ires una noche, encontrándola en los jardines donde tantas conversaciones importantes entre ambos habían tenido lugar—. Cada vez que defiendo tu inocencia sin reservas, Vaelis y su facción lo usan como prueba de que mi juicio está comprometido.
—¿Y cada vez que no lo haces? —preguntó Ires, con una frialdad que no había mostrado desde los primeros días de su llegada a Ashkar—. ¿Qué crees que eso me demuestra a mí?
Kaelen no tuvo una respuesta inmediata, y el silencio se extendió entre ambos con un peso que ninguna conversación anterior había cargado.
—No estoy dudando de ti —dijo finalmente—. Estoy tratando de proteger lo que hemos construido, de una forma que nos permita seguir construyéndolo después de que esto termine.
—Suena exactamente igual a dudar, Kaelen. Solo que con mejores intenciones detrás.
Se separaron esa noche sin resolver nada, cada uno cargando con una versión distinta de la misma herida: Ires sintiendo que la persona en quien más había confiado empezaba a elegir la conveniencia política sobre la certeza absoluta; Kaelen sintiendo que cada intento de proteger la tregua que ambos habían construido juntos lo alejaba, paso a paso, de la propia mujer por la que valía la pena protegerla.
Fue Yssandra, la Reina Madre, quien encontró a su hijo esa misma noche, sentado solo en la torre más alta del palacio, el mismo lugar donde había compartido con Ires la vista de ambos reinos bajo las estrellas.
—Te estás alejando de ella —dijo Yssandra, sin rodeos, sentándose junto a su hijo—, con la misma excusa que usó tu padre cada vez que la política le exigió elegir entre lo correcto y lo conveniente.
—No es lo mismo, madre.
—Es exactamente lo mismo, Kaelen. Y si no tienes cuidado, vas a terminar perdiendo lo mismo que él perdió: no el reino, que sobrevivió a cada una de sus concesiones. Vas a perder la parte de ti mismo que sabía, sin necesitar el permiso de ningún Consejo, cuál era la decisión correcta.
Las palabras de su madre se quedaron con Kaelen mucho después de que ella se retirara, resonando con una verdad que él mismo empezaba a temer reconocer del todo.