LUNA Y CENIZA CAPÍTULO 46 LA FACCIÓN DE ELENYA
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CAPÍTULO 46 LA FACCIÓN DE ELENYA

En Nyxara, mientras tanto, la carta de Ires llegó al templo y encendió una discusión que la Sacerdotisa Mayor había esperado, pero para la que no estaba del todo preparada.

—"Lo mejor para Nyxara y lo mejor para Ashkar dejaron de ser cosas distintas" —leyó Elenya en voz alta ante el Consejo del Templo reunido, la incredulidad clara en cada palabra—.

¿Escuchan lo que están escuchando? Nuestra Capitana, la mujer que juró proteger Nyxara por encima de todo, ahora habla como si los intereses de Ashkar merecieran el mismo peso que los nuestros.

—Habla como alguien que ha visto de cerca lo que ninguna de nosotras ha visto —respondió la Sacerdotisa Mayor, aunque la duda en su propia voz era innegable—.

La amenaza bajo la Ruptura no distingue entre reinos, Elenya.

Quizás Ires simplemente entiende eso mejor que el resto de nosotras, encerradas en este templo.

—O quizás —dijo Elenya, con una frialdad que dejaba claro hacia dónde se inclinaba su lealtad— el Rey de Cenizas ha logrado lo que generaciones de guerra no lograron: nublar el juicio de nuestra mejor guerrera con encantos que ni siquiera nuestra magia lunar pudo prever.

El Consejo se dividió esa noche, como la Sacerdotisa Mayor había temido que sucedería desde el momento en que leyó la primera carta anunciando el compromiso.

La mitad, liderada por Elenya, empezó a presionar abiertamente por la destitución de Ires como Capitana, argumentando que su juicio ya no podía considerarse confiable.

La otra mitad, más cautelosa, prefería esperar y observar, recordando que Ires había servido a Nyxara con una lealtad intachable durante toda su carrera.

—Si la destituimos —advirtió la Sacerdotisa Mayor al Consejo dividido— sin pruebas concretas de que ha traicionado los intereses de Nyxara, no solo perdemos a nuestra mejor Capitana.

Perdemos también cualquier posibilidad de que la tregua con Ashkar sobreviva el escándalo.

Y si esa tregua cae, junto con ella cae cualquier defensa conjunta contra lo que sea que esté despertando bajo las Tierras Quemadas.

—Entonces qué propone, Sacerdotisa Mayor —preguntó Elenya, con un desafío apenas velado—. ¿Que confiemos ciegamente en el juicio de una mujer que ya admite que su lealtad se ha... complicado?

—Propongo que le demos el beneficio de la duda que se ha ganado con quince años de servicio —dijo la anciana, con una firmeza que no admitía más discusión—. Y que recemos, cada una de nosotras, para que ese beneficio de la duda no resulte ser un error que Nyxara entera termine pagando.

Nadie en el Consejo, ni siquiera la propia Sacerdotisa Mayor, podía anticipar en ese momento hasta qué punto esa misma pregunta llegaría a definir, meses después, el destino de la Capitana que todas estaban discutiendo desde la distancia segura de su templo.