LUNA Y CENIZA CAPÍTULO 29 LA SEÑAL BAJO LAS CENIZAS
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CAPÍTULO 29 LA SEÑAL BAJO LAS CENIZAS

El mensajero llegó a medianoche, cubierto de ceniza real y no metafórica, con noticias que borraron de un plumazo cualquier ilusión de que el compromiso pudiera limitarse a la política.

—Las Tierras Quemadas, Majestad —jadeó, apenas capaz de sostenerse en pie—. Una guarnición completa. Desaparecida. No hay cuerpos. No hay señales de lucha. Solo… esto.

Extendió una bolsa de cuero. Kaelen la abrió con manos que, Ires notó, no eran del todo firmes, y de su interior sacó un fragmento de piedra negra, cubierto de runas que no pertenecían a ninguno de los dos reinos.

Ires lo reconoció al instante, con un frío que no tenía nada que ver con la magia lunar.

—Esto es de la Ruptura —dijo, tomándolo con cuidado—. De antes de la Ruptura, en realidad. Nuestros textos más antiguos hablan de runas así. Las llaman la Escritura Primera.

—¿Qué significa?

—Significa —dijo Ires, sintiendo que el peso de la profecía que había estudiado toda su vida dejaba de ser leyenda para convertirse en amenaza real— que lo que sea que despertó bajo las Tierras Quemadas no es nuevo.

Es más viejo que Nyxara. Más viejo que Ashkar.

Más viejo que la luna y el fuego mismos.

Kaelen se quedó observando el fragmento de piedra un largo momento, y cuando habló, su voz tenía un filo que Ires no le había escuchado desde la primera noche en el salón del trono.

—Convoque a su Guardia, Capitana. Y a mis generales. Esta noche.

—¿Vamos a la guerra?

—Vamos a averiguar —dijo él— si hay algo contra lo que valga más la pena pelear que el uno contra el otro.