CAPÍTULO 28 EMISARIOS DEL SUR
La noticia llegó apenas dos días después, en forma de un mensajero cubierto de polvo del camino sur, con un sello que ni Ires ni Kaelen reconocieron de inmediato: el Reino de Vethmoor, una nación menor situada al sur de ambos territorios, que había prosperado durante generaciones precisamente comerciando armas y suministros a ambos bandos del conflicto entre Nyxara y Ashkar.
—No les conviene la paz —explicó Threll, examinando el sello con expresión sombría—. Vethmoor ha construido su economía entera sobre la guerra fría entre nuestros reinos. Una tregua duradera podría significar la ruina de sus mercaderes de armas.
El mensaje, cuando finalmente lo descifraron, confirmó los temores de Threll: una delegación de Vethmoor exigía audiencia inmediata, con un tono que rozaba peligrosamente la amenaza velada bajo el lenguaje diplomático más cortés.
—Van a intentar sabotear la tregua —dijo Ires, releyendo el pergamino con la misma atención táctica que aplicaba a cualquier informe de batalla—. De un modo u otro.
La delegación de Vethmoor, encabezada por un diplomático de sonrisa demasiado fácil llamado Lord Renmar, llegó a Ashkar una semana después, y desde el primer instante de la audiencia formal, Ires comprendió que enfrentaban un tipo de amenaza completamente distinto a cualquiera que hubieran anticipado.
—Su Majestad, Capitana —dijo Renmar, con una cortesía que no lograba disimular del todo el cálculo detrás de cada palabra—, Vethmoor solo desea expresar su... preocupación, por los cambios que esta nueva alianza podría traer a la estabilidad regional que tanto esfuerzo nos ha costado mantener.
—¿Estabilidad? —repitió Kaelen, con un filo que Ires reconoció de la primera negociación entre ambos, meses atrás—. Doscientos años de guerra fría no es estabilidad, Lord Renmar. Es una herida abierta que ustedes se han beneficiado de mantener sangrando.
—Palabras duras, Majestad, para alguien cuyo propio reino se ha beneficiado igualmente del comercio con Vethmoor durante generaciones.
La sesión se extendió durante horas, Renmar alternando entre amenazas veladas sobre "posibles interrupciones en el suministro de recursos estratégicos" y ofertas cada vez más generosas si Ashkar reconsideraba "la prudencia de una alianza tan repentina con un antiguo enemigo".
Fue Ires quien finalmente encontró la forma de cerrar la negociación de manera definitiva.
—Lord Renmar —dijo, con una calma que ocultaba una determinación de acero—, dígale a su Consejo que Nyxara y Ashkar ya no van a depender del comercio de Vethmoor para sostener un conflicto que nunca debió existir en primer lugar.
Y dígales también que cualquier intento de sabotear esta tregua será considerado, por ambos reinos unidos, un acto de agresión directa.
El rostro de Renmar perdió, por primera vez en toda la audiencia, algo de su cortesía calculada.
—Eso sería... una declaración fuerte, Capitana, viniendo de una alianza tan reciente.
—Es exactamente la declaración que pretendemos que sea —confirmó Kaelen, tomando la mano de Ires con un gesto que era tanto afecto genuino como estrategia política deliberada—. Fuego y luna, unidos. Vethmoor haría bien en tomar nota.
La delegación se retiró esa misma tarde, y aunque ninguno de los dos sabía con certeza si el mensaje había sido recibido con la seriedad necesaria, ambos sintieron que habían dado un paso más hacia consolidar algo que ni la política externa más hostil podría fácilmente desmantelar.