CAPÍTULO 25 LO QUE VINO ANTES DE LA RUPTURA
Una anciana archivista de Ashkar, convocada por Kaelen para ayudar a descifrar un pasaje particularmente antiguo, les reveló una noche una versión de la historia que ni los textos de Nyxara ni los de Ashkar mencionaban abiertamente.
—Antes de la Ruptura —explicó la archivista, con la voz ronca de décadas dedicadas al estudio de textos que pocos más se molestaban en leer—, antes incluso de que existieran los reinos de Nyxara y Ashkar tal como los conocemos, hubo un solo pueblo.
Un pueblo que veneraba tanto a la luna como al fuego, sin verlos como fuerzas opuestas, sino como dos mitades de un mismo equilibrio natural.
—¿Qué sucedió? —preguntó Ires, inclinándose hacia adelante con un interés que iba mucho más allá de la simple curiosidad académica.
—La Escritura Primera —dijo la archivista— no siempre fue una amenaza.
Según estos textos, era originalmente una fuerza de equilibrio, una magia ancestral que mantenía el balance entre todas las cosas opuestas: luz y sombra, calor y frío, creación y destrucción.
Fue solo cuando ese pueblo original se dividió, cuando el miedo y la desconfianza reemplazaron la veneración compartida, que la Escritura Primera empezó a corromperse, alimentándose del conflicto que había reemplazado el equilibrio que originalmente custodiaba.
—Entonces la Ruptura no fue causada por dioses furiosos, ni por amantes malditos —dijo Kaelen, atando cabos con una claridad creciente—. Fue causada por nosotros mismos. Por elegir el conflicto sobre el equilibrio.
—Precisamente, Majestad. Y según estos mismos textos, la única forma de sanar completamente esa corrupción sería restaurar aquello que se perdió: no solo una tregua política entre dos reinos, sino una reunificación genuina de lo que una vez fue un solo pueblo, unido en la veneración compartida de ambas fuerzas.
Ires sintió el peso de esa revelación asentarse con una claridad que cambiaba, de manera fundamental, cómo entendía la misión que la había traído hasta Ashkar en primer lugar.
—Eso significa que nuestro compromiso, nuestra alianza, incluso lo que sentimos el uno por el otro —dijo, buscando los ojos de Kaelen con una nueva comprensión— no es solo una solución táctica a una amenaza inmediata.
Es, potencialmente, el primer paso real hacia sanar algo que se rompió hace siglos.
—O el primer paso hacia despertarlo por completo, si nos equivocamos en cómo lo manejamos —advirtió la archivista, con una seriedad que templó el optimismo creciente de ambos—.
El equilibrio, según estos textos, siempre ha sido una espada de doble filo.
Úsenlo con sabiduría, o corran el riesgo de repetir el mismo error que dividió a nuestros ancestros en primer lugar.
Esa noche, mientras la archivista se retiraba con los textos antiguos cuidadosamente guardados bajo el brazo, Ires y Kaelen se quedaron en la biblioteca mucho después de que las últimas antorchas hubieran empezado a apagarse, sopesando juntos el peso de una responsabilidad que iba mucho más allá de lo que ninguno de los dos había anticipado al aceptar aquel primer compromiso forzado.