CAPÍTULO 21 TRAZOS DE FUEGO
—Tu escritura se parece a llamas congeladas en el papel —comentó Ires una tarde, observando a Kaelen firmar un decreto con los trazos angulares y ascendentes característicos de la caligrafía de Ashkar, tan distinta de las curvas fluidas que Nyxara empleaba para todo, desde tratados hasta poesía.
—¿Te gustaría aprender? —preguntó él, empujando un pergamino en blanco y una pluma hacia ella—. Nunca vas a poder leer los archivos reales del todo si sigues dependiendo de traductores.
Ires aceptó el desafío con el mismo espíritu competitivo que aplicaba a cualquier entrenamiento de combate, y las semanas siguientes añadieron una nueva rutina a las ya establecidas entre ambos: tardes enteras en la biblioteca, Kaelen guiando su mano sobre los trazos angulares del alfabeto de Ashkar, Ires maldiciendo en voz baja cada vez que un carácter se le resistía más de lo esperado.
—Esto —dijo ella, una tarde particularmente frustrante, señalando un símbolo que se negaba a copiar correctamente por cuarta vez consecutiva— parece diseñado específicamente para humillar a cualquiera que no haya nacido sabiendo sostener fuego en las venas.
—Bienvenida a cómo me siento yo cada vez que intento replicar vuestras ilusiones lunares —respondió Kaelen, sin ocultar su diversión—. Sospecho que ambos idiomas fueron diseñados, en parte, para mantener a los forasteros exactamente donde estaban: fuera.
—¿Y ahora?
—Ahora —dijo él, tomando su mano para corregir el ángulo de la pluma con una cercanía que ya ninguno de los dos fingía no notar— estoy bastante contento de que decidieras dejar de ser forastera.
Ires sintió el calor de su cercanía extenderse más allá de lo puramente educativo, y cuando finalmente logró trazar el símbolo correctamente —la palabra, descubrió al preguntar, significaba "elegir" en el sentido más profundo del término, no una simple decisión sino un compromiso deliberado y consciente—, compartió con Kaelen una sonrisa que llevaba mucho más peso del que cualquier lección de caligrafía debería cargar.
—Elegir —repitió ella, observando el trazo que finalmente había logrado dominar—. Un buen primer símbolo para aprender, supongo.
—El mejor, diría yo —coincidió Kaelen, sin apartar la vista de ella—, considerando todo lo que ambos hemos elegido desde que llegaste a Ashkar.