LUNA Y CENIZA CAPÍTULO 13 LA REINA MADRE
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CAPÍTULO 13 LA REINA MADRE

Lo que Ires no esperaba, en medio de los preparativos para la ceremonia de compromiso, era una convocatoria de la Reina Madre Yssandra, la propia madre de Kaelen, quien vivía retirada en el ala más antigua del palacio desde la muerte de su esposo, alejada de la política de la corte que decía haber dejado de interesarle hacía años.

—Así que tú eres la Capitana que va a casarse con mi hijo —dijo Yssandra, una mujer de cabello plateado y una mirada que Ires reconoció de inmediato, porque era la misma mirada calculadora que había visto en Kaelen durante su primera negociación—.

Siéntate. No muerdo, a pesar de lo que digan los rumores sobre las mujeres de esta familia.

Ires obedeció, sintiéndose, por primera vez desde su llegada a Ashkar, genuinamente insegura sobre cómo navegar la conversación que se avecinaba.

—Mi hijo no me ha contado mucho sobre usted —continuó Yssandra, sirviendo té con una precisión que hablaba de décadas de ceremonias cortesanas—. Lo cual, viniendo de él, ya me dice bastante. Kaelen habla en detalle de las cosas que no le importan. Guarda silencio sobre las que sí.

—Con todo respeto, Su Alteza, no estoy segura de qué espera que le diga.

—Espero que me digas la verdad —dijo la Reina Madre, dejando la tetera a un lado con un golpe suave—. ¿Aceptaste este compromiso por la tregua, por la amenaza bajo la Ruptura, o porque sientes algo por mi hijo que ninguna de las dos partes anticipó?

La pregunta, tan directa que a Ires le costó un instante recuperar el aliento, la obligó a una honestidad que ni siquiera se había permitido del todo consigo misma.

—Las tres cosas —admitió finalmente—. Y no en el orden en que las mencionó, Su Alteza.

Algo en el rostro de Yssandra se suavizó entonces, la máscara cortesana cediendo paso a algo más parecido al alivio genuino.

—Bien —dijo—. Porque mi hijo perdió a su padre de un modo que todavía no ha terminado de procesar, y heredó una corona que nunca le enseñaron a cargar del todo.

Necesita a alguien a su lado que lo elija por él mismo, no por lo que representa.

Sospechaba que quizás tú eras esa persona. Me alegra no haberme equivocado.

—¿Y si se hubiera equivocado?

—Entonces te hubiera hecho la vida considerablemente más difícil de lo que ya es de por sí ser la prometida del Rey de Cenizas —dijo Yssandra, con una sonrisa que dejaba claro que no bromeaba del todo—.

Pero no me equivoqué. Y por eso, Capitana Nightveil, tienes mi bendición, para lo que valga viniendo de una reina retirada que ya no tiene voto en el Consejo.

—Vale mucho, Su Alteza —dijo Ires, sorprendida de la sinceridad de sus propias palabras—. Más de lo que esperaba, para ser honesta.

—Eso —dijo la Reina Madre, levantando su taza en un pequeño brindis privado— es exactamente lo que mi hijo dijo sobre ti, la primera vez que te mencionó. Casi con esas mismas palabras.