CAPÍTULO 10 LA DECISIÓN
Esa noche, Ires no regresó de inmediato a sus aposentos.
Caminó, en cambio, hasta la sección de la muralla exterior de Ashkar que daba hacia Nyxara, tan lejos como podía llegar sin cruzar oficialmente la frontera, y se sentó con la espalda contra la piedra caliente que retenía el calor del día incluso entrada la noche.
Sorae la encontró ahí una hora después, como Ires sabía que haría.
—El Consejo quiere que te comprometas con el rey —dijo Sorae, sin preámbulo, dejando claro que las noticias ya habían viajado por todo el campamento de la Guardia—. ¿Vas a aceptar?
—No lo sé.
—Eso no es propio de ti. Tú siempre sabes.
Ires soltó una risa breve, cansada, sin ninguna alegría genuina detrás.
—Siempre sé lo que Nyxara necesita. Nunca he tenido que preguntarme qué es lo que yo, Ires, más allá de mi rango, podría necesitar o querer.
—¿Y ahora sí te lo preguntas?
—Ahora no puedo evitarlo —admitió Ires, sorprendida de su propia honestidad—. Porque una parte de mí, Sorae, quiere aceptar por razones que no tienen nada que ver con la tregua, ni con la amenaza bajo la Ruptura, ni con ninguna estrategia política que pueda justificar frente al templo.
Sorae se sentó a su lado, en silencio un largo momento, observando las luces distantes de Nyxara parpadeando en el horizonte nocturno.
—¿Sabes qué pienso? —dijo finalmente—. Pienso que llevas tres años castigándote por seguir con vida cuando Rhoswen no pudo. Pienso que has convertido cada decisión desde entonces en un ejercicio de sacrificio, como si merecer seguir respirando dependiera de nunca elegir nada para ti misma.
Las palabras de Sorae cayeron con una precisión que dolió más que cualquier herida de batalla que Ires hubiera sufrido.
—Este compromiso —continuó su Teniente— podría ser exactamente lo que Nyxara necesita. Pero también podría ser, por primera vez en tres años, algo que tú también necesitas. Las dos cosas no tienen por qué excluirse, Ires. Deja de actuar como si así fuera.
Ires se quedó observando las luces de Nyxara un largo rato después de que Sorae se retirara a descansar, sopesando cada palabra, cada implicación, cada versión posible del futuro que se abría frente a ella dependiendo de la decisión que tomara al amanecer siguiente.
Cuando finalmente regresó a sus aposentos, ya entrada la madrugada, había tomado su decisión. No por Nyxara, aunque sabía que serviría a Nyxara. No solo por la amenaza bajo la Ruptura, aunque sabía que era necesaria para enfrentarla.
La había tomado, por primera vez en tres años, también por sí misma.