LUNA Y CENIZA CAPÍTULO 7 EL JURAMENTO DEL GENERAL
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CAPÍTULO 7 EL JURAMENTO DEL GENERAL

Lo que Kaelen no sabía —lo que muy pocos en la corte de Ashkar conocían del todo— era que la advertencia de Threll llevaba el peso de una historia mucho más personal de lo que su tono profesional dejaba entrever.

Threll había servido al padre de Kaelen durante veinte años, desde que era apenas un joven oficial recién ascendido, y había estado presente, como comandante de la guardia real, la noche en que el rey anterior murió en la biblioteca real bajo circunstancias que el propio Threll nunca había terminado de aceptar como completamente naturales.

Esa misma noche, después de dejar a Kaelen con sus pensamientos, Threll se dirigió no a sus propios aposentos, sino a la cripta real, donde la estatua del rey anterior custodiaba un silencio que el general visitaba con más frecuencia de la que cualquiera en la corte sospechaba.

—Su hijo está a punto de repetir sus mismos errores, Majestad —murmuró Threll, dirigiéndose a la estatua de piedra con la familiaridad de años de conversaciones unilaterales—.

Cede demasiado a la política y demasiado poco al corazón, exactamente como usted solía hacer, hasta que ya era demasiado tarde para corregir el rumbo.

El general se quedó en silencio un largo momento, recordando la última conversación real que había compartido con su rey, apenas días antes de su muerte, cuando el anciano monarca le había confesado, en un momento de vulnerabilidad poco común, su arrepentimiento por no haber buscado la paz con Nyxara con más determinación durante su propio reinado.

—Prometí protegerlo, Majestad —continuó Threll—, y fallé esa noche en la biblioteca, sin importar cuánto me digan que no había nada que pudiera haber hecho. No pienso fallarle a su hijo de la misma manera. Aunque eso signifique advertirle sobre peligros que él mismo todavía no puede ver.

Fue en ese momento, arrodillado frente a la estatua de su rey caído, que Threll tomó una decisión silenciosa que definiría sus acciones durante los meses siguientes: vigilar con más atención de la que había mostrado hasta entonces cualquier señal de la misma corrupción sutil que sospechaba, sin poder probarlo todavía, había contribuido a la muerte prematura del rey anterior.

No sabía, esa noche, cuánto se acercaría esa vigilancia a descubrir la verdad completa sobre Vaelis.

Pero el juramento silencioso que hizo frente a la estatua de piedra de su antiguo rey lo guiaría, paso a paso, hacia el descubrimiento que finalmente rompería la conspiración que había estado gestándose bajo sus propias narices durante demasiado tiempo.