LUNA Y CENIZA CAPÍTULO 6 EL GENERAL Y EL ANCIANO
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CAPÍTULO 6 EL GENERAL Y EL ANCIANO

Lo que Ires no presenció aquella noche fue la conversación que tuvo lugar en los aposentos privados de Kaelen apenas una hora después de que ella se retirara a descansar.

—Media jurisdicción compartida —dijo el General Threll, de pie junto a la ventana con los brazos cruzados sobre el pecho, la misma postura que había mantenido durante veinte años de servicio a la corona de Ashkar—. El Consejo no lo va a aceptar sin resistencia, Majestad.

—El Consejo va a aceptar lo que yo decida que es mejor para Ashkar —respondió Kaelen, sirviéndose una copa de vino que no tenía intención de beber, solo de sostener, un hábito que había heredado sin darse cuenta de su padre.

—El Consejo, Majestad, incluye a Lord Vaelis. Y Lord Vaelis lleva sirviendo a esta corona desde antes de que usted naciera.

Kaelen dejó la copa sobre la mesa con más fuerza de la necesaria.

—¿Estás cuestionando mi criterio, Threll, o el de Vaelis?

—Estoy cuestionando si usted ha considerado del todo lo que significa que su primer acto de gobierno real, tras la muerte de su padre, sea ceder territorio que Ashkar defendió con sangre durante generaciones.

El silencio que siguió estuvo cargado de una tensión que Threll, veterano de incontables consejos de guerra, conocía bien: la de un rey joven midiendo el peso de una decisión contra el peso de una herencia que no había pedido.

—Mi padre murió defendiendo una frontera que no logró proteger de todos modos —dijo Kaelen finalmente, la voz más baja, más cansada—.

Y una guarnición completa desapareció hace dos semanas en territorio que técnicamente controlamos.

Dime, Threll, ¿de qué nos sirve la soberanía sobre tierra que no podemos proteger?

Threll no tuvo una respuesta inmediata para eso, porque en el fondo, compartía la misma inquietud que llevaba semanas sin poder nombrar del todo.

—Hay algo más —dijo el general, cambiando de tema con la cautela de quien pisa terreno delicado—. Los hombres hablan, Majestad. Sobre cómo negoció usted con la Capitana Nightveil.

—¿Qué dicen?

—Dicen que cedió más de lo que cualquier rey de Ashkar ha cedido jamás ante Nyxara, y que lo hizo sin que ella lo presionara más allá de lo esperado en cualquier negociación. Se preguntan si el peso de la corona ya empieza a pesarle más de lo que debería a estas alturas de su reinado.

Kaelen no respondió de inmediato, y ese silencio, para alguien que lo conocía tan bien como Threll, dijo más que cualquier palabra.

—Negocié lo que Ashkar necesitaba negociar —dijo finalmente el rey—. Nada más.

—Espero que sea así, Majestad. Porque un rey que cede demasiado rápido, por la razón que sea, es un rey que otros van a intentar seguir presionando.

—¿Ahora también citas a Vaelis?

—Ahora repito lo que cualquier consejero leal debería decirle —respondió Threll, sin ceder terreno—. Tenga cuidado con cuánto terreno cede en cada negociación. Vaelis y su facción van a medir cada concesión, buscando el momento exacto en que decidan que ha cedido demasiado.

Kaelen se quedó observando las llamas de la chimenea un largo momento después de que Threll se retirara, preguntándose si el general tenía razón, y preguntándose, con una honestidad que se permitía solo en la soledad de sus propios aposentos, si ya era demasiado tarde para que le importara.