CAPÍTULO 147
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(Punto de vista de Aria)
No me apresuré.
Subí al escenario paso a paso.
Las luces me cayeron encima en cuanto pisé la tarima. Todas las miradas del salón me siguieron.
Estaba claro que Lila no esperaba que subiera de verdad. Intentó recomponer el gesto, pero, cuando me detuve frente a ella, ya había retrocedido medio paso sin darse cuenta.
La miré con calma.
—Tengo una pregunta para ti —dije.
Ella levantó el mentón.
—Adelante.
—Envenenar a tu propio Alpha con un compuesto de acónito —dije— y, por si fuera poco, falsificar un acuerdo de transferencia… ¿cuántos años te caen en el centro de detención de la manada? Los dos cargos juntos.
La sala estalló.
Todas las cabezas se alzaron de golpe. Las cámaras que apuntaban a Lila ampliaron el encuadre. Los periodistas de las primeras filas empezaron a hablar unos encima de otros.
Hasta hoy, la versión que circulaba era que el abuelo había notado que la salud le fallaba y se había dado prisa en mover sus bienes mientras aún podía. Eso era lo que creía casi todo el mundo.
Ya no.
Los flashes empezaron a dispararse. Los obturadores sonaban tan rápido que se fundían en un único ruido continuo.
Lila abrió la boca. No salió nada con sentido. Nunca se había enfrentado a una multitud así, y se le notaba. Tenía la cara completamente descompuesta.
No le di tiempo a recomponerse.
—Mi abuelo acabó en urgencias —dije— porque Lila sobornó a su cuidadora para que le administrara un compuesto de acónito. Le provocó el episodio cardíaco a propósito.
Lo dije como si estuviera leyendo un informe.
El salón pasó del ruido al caos.
Los periodistas se abalanzaron hacia el escenario. Los guardias de seguridad extendieron los brazos para intentar mantener el cordón. Las preguntas llegaban de todas partes y se amontonaban unas sobre otras.
Lila se quedó allí plantada. Parecía tener la mente completamente en blanco.
Entonces Agnes se abrió paso a empujones entre la multitud y subió al escenario.
Le arrancó el micrófono de la mano a Lila.
—Basta.
Se volvió hacia la sala y después hacia mí.
—Lila es la nieta biológica de Richard. Aunque no hubiera hecho absolutamente nada, Ravenshade habría acabado en sus manos tarde o temprano. No tiene ningún motivo para hacer lo que estás describiendo.
Me señaló.
—Tú, en cambio… a ti te acogió esta familia. Aquí no tienes ningún derecho de sangre. Estás perdiendo tu puesto. Si alguien tenía motivos para hacerle daño a un anciano y luego echarle la culpa a otro, eres tú.
Un murmullo recorrió la multitud.
Lo vi pasar. La duda cambiaba de bando. La gente empezaba a mirarme de otra manera.
No cambié de expresión.
—Si no tuviera pruebas —dije—, no estaría aquí plantada.
Lila agarró el brazo de Agnes. Tenía los dedos blancos.
Agnes se mantuvo firme.
—Pues enséñalas. No te limites a lanzar acusaciones.
Saqué el teléfono y envié un solo mensaje.
Treinta segundos después, las puertas del salón se abrieron.
Clara entró.
En el instante en que Agnes y Lila la vieron, a las dos se les descompuso la cara a la vez.
Clara subió al escenario.
—Agnes y Lila le ordenaron a Clara que le administrara el compuesto de acónito a mi abuelo —dije.
—No la conozco —dijo Lila—. No la he visto en mi vida.
Miré a Clara.
—¿Conoces a Lila?
Clara no titubeó.
—Sí.
Se volvió hacia la sala.
—Lila le consiguió un trabajo a mi marido. Se sirvió de eso para presionarme y obligarme a hacerle daño al Alpha. Me dijo qué echarle en la comida y cuándo.
Lila se lanzó hacia delante. Agnes la agarró y la echó hacia atrás de un tirón.
La voz de Agnes bajó, dura y afilada, dirigida directamente a Clara.
—Tu marido acaba de salir del centro de detención. Si ayudas a esta gente a difamarnos, me aseguraré de que los dos volváis ahí dentro.
Clara la miró.
—Anoche ya mandaron a alguien a matarme —dijo—. Si tengo que elegir entre estar encerrada y estar muerta, prefiero estar encerrada.
Se volvió hacia los periodistas, al pie del escenario.
—Todo lo que estoy diciendo es la verdad —dijo—. Lo juro. Y una cosa más: Lila no solo me hizo envenenar al Alpha. Anoche mandó a alguien para asegurarse de que no pudiera hablar.
El salón se descontroló por completo.
Todos los micrófonos de la sala apuntaron hacia Lila. Los periodistas rompieron la línea de seguridad. La gente se había puesto en pie y empujaba hacia delante mientras gritaba preguntas.
Ya había hecho lo que venía a hacer.
Bajé del escenario.
Lila me oyó moverme. Se giró de golpe y me vio dirigirme a la salida. Les gritó a los de seguridad que me detuvieran y les prometió una recompensa a voces, lo bastante alto para que lo oyera todo el salón.
Vi a Ronan ponerse de pie.
Pareció un acto reflejo. Se incorporó a medias, como si fuera a acercarse. Luego se contuvo y volvió a sentarse.
Seguí caminando.
Entonces Connor apareció por detrás a toda prisa, con una docena de personas. Se desplegaron delante de mí y formaron un muro entre mí y los guardias de seguridad que se acercaban.
Y entonces alguien me sujetó por detrás.
Unos brazos me rodearon y tiraron de mí hacia atrás, contra un pecho firme y cálido.
Tenía la espalda pegada a él. El calor me traspasó al instante.
El olor me llegó medio segundo más tarde.
Hierbas a la luz de la luna. Limpio y familiar. Y debajo, algo más frío: pino y escarcha.
Sentía sus latidos contra la columna. Lentos. Constantes. Como si no tuviera otro sitio en el que estar.
Llevaba días apretando algo dentro del pecho. No me había permitido notar hasta qué punto lo apretaba hasta ese momento, cuando por fin se soltó.
Bajo el hielo, Chloe se quedó muy quieta. Después soltó un largo suspiro silencioso.
No me di la vuelta.
No me hacía falta.
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