CAPÍTULO 141
— ◆ —
(Punto de vista de Aria)
Aparté la silla de al lado de Lila y me senté.
Nathan se inclinó hacia mí al instante y bajó la voz junto a mi oído.
—Mis padres solo querían verle la cara —dijo—. Es la única razón de que esté aquí. No le des más vueltas.
Hizo una pausa y luego añadió con más firmeza:
—Pase lo que pase, sigo siendo tu primo. Eso no cambia.
Algo cálido me recorrió el pecho.
Le di un codazo para apartarlo.
—Deja de echarme el aliento en la cara —le dije.
Se rio y se irguió.
Con el rabillo del ojo pillé a Lila mirándonos. Había algo en su expresión que no lograba disimular del todo: un leve gesto de satisfacción en torno a los ojos.
Entendí qué esperaba sacar de aquella noche. Quería que me sentara a esa mesa y notara la diferencia. El mismo abuelo. La misma familia. Pero una de nosotras pertenecía allí por sangre y la otra no.
Vale. Podía con eso.
Thomas carraspeó.
—¿De qué cuchicheabais vosotros dos?
Le sonreí.
—Estábamos decidiendo tu regalo de cumpleaños. Me he enterado de que has perdido tu pluma favorita. Te voy a comprar una nueva.
A Thomas se le iluminó la cara.
—No tenías que molestarte.
—No es nada —dije.
Lila dejó el tenedor.
—¿Una pluma? —La comisura de la boca se le curvó un poco—. Yo estaba pensando en algo con un poco más de peso. —Miró a Thomas—. He encontrado un reloj que creo que te gustaría. Cuesta unos dos millones.
Dijo la cifra como otros hablan del tiempo.
Sus ojos decían algo distinto.
La cara de Nathan se quedó inexpresiva.
—¿Sabes a qué se dedica mi padre? —dijo.
Habló en voz baja, pero no había nada suave en ella.
Lila lo miró.
—Trabaja para el Consejo Alpha —dijo Nathan—.
Documenta la historia de las manadas. Que un erudito del Consejo acepte regalos caros de familias de manada no es una zona gris.
Es el tipo de cosa que te pone a un inspector en la puerta.
—Dejó el vaso en la mesa—. ¿Es eso lo que quieres?
Porque eso es exactamente lo que traería un reloj de dos millones.
Lila abrió la boca.
Nathan no había terminado.
—Sé que estás contenta de haber encontrado a la familia Ravenshade.
Me parece bien. Pero ten cuidado con lo que dices y delante de quién lo dices.
—No levantó el tono. No le hacía falta—.
Ese dinero que tienes en la cuenta pertenece a la manada Ravenshade.
No te lo has ganado. Cuando levantes algo tú sola, entonces podrás hablar.
A Lila se le fue el color de la cara.
—Solo quería tener un detalle con él —dijo—. No estaba presumiendo.
Nathan emitió un gruñido breve y volvió a coger el vaso.
No se molestó en responder.
Lila se quedó muy quieta. Había llegado esa noche con la idea de hacerme sentir pequeña y lo único que había conseguido era quedar en ridículo antes de que acabara el primer plato.
Mary alargó la mano y dio unas palmaditas en la mesa.
—Bueno, ya está bien todo el mundo —dijo—. Vamos a cenar.
Me acercó la bandeja de venado asado.
—Tu abuelo ha comentado que has tenido unas semanas duras —dijo—. Dice que has perdido peso. Come más.
—Gracias —dije.
Después de eso, Thomas y Nathan no dejaron de meterme en la conversación. Historias viejas, sobre todo: cosas que habían pasado hacía años, momentos vergonzosos, bromas recurrentes que llevaban tanto tiempo circulando que ya nadie recordaba de dónde habían salido.
Lila quedaba fuera de todo aquello.
Se quedó en su silla y sonrió en los momentos justos, pero no había nada detrás de esas sonrisas. Nunca había estado presente en nada de eso. No tenía ningún hilo del que tirar.
Cuando retiraron los platos principales, ya había dejado de intentarlo.
Miró el móvil, dijo algo vago sobre tener que estar en otro sitio y se marchó.
Nadie la detuvo.
Terminamos la cena sin ella.
Después, los cuatro salimos juntos del reservado. El pasillo estaba en silencio.
Entonces se abrió la puerta del reservado de al lado.
Ronan salió primero. Después Vivian. Después Daisy. Después Martha.
Todos nos detuvimos en el mismo instante.
Nadie dijo nada. La manada Stormcrest nunca había tenido en gran estima a la familia Vance, y Thomas y Mary soportaban a Ronan aún menos, sobre todo después del divorcio. Cualquier vínculo que hubiera existido entre las dos familias se había esfumado.
Fuimos hasta el ascensor en silencio.
Las puertas se abrieron. Entramos todos.
Vivian fue la primera en romper el silencio.
—Ah, así que estabas cenando con la familia Vance —dijo con voz ligera y despreocupada—. Qué casualidad.
Miré a Ronan.
—Es una casualidad —dije—. Y bastante graciosa, la verdad. Por lo visto, hay quien pensaba que los había seguido hasta aquí.
Dejé que la frase flotara un segundo en el aire.
—Han pasado meses —dije—. Y todavía hay quien cree que no consigo quitármelo de la cabeza. —Sacudí levemente la cabeza—. Tiene su mérito, la verdad.
Ronan giró la cabeza hacia mí. Tenía la mandíbula tensa.
Miré las puertas del ascensor.
Cuando se abrieron, salí primero.
En el aparcamiento hacía frío y reinaba un silencio casi total. La familia Vance se desvió hacia sus coches. Yo fui hacia el mío.
Tenía la mano en la manilla de la puerta cuando oí mi nombre.
Me volví.
Martha estaba a unos pasos.
—¿Has visto el anuncio? —preguntó—. Lo de la ceremonia de Ronan y Vivian.
Esperé.
—Quiero preguntarte algo sin rodeos —dijo—. ¿Quieres volver a Stormcrest?
La miré.
—¿Qué es exactamente lo que me está preguntando?
—Sabes perfectamente lo que te pregunto.
—No creo que quiera usted oírmelo decir en voz alta —dije—. Porque sonaría absurdo. La sentencia definitiva se dictó la semana pasada. Mi nombre ya no figura en el registro de Lunas. Ronan no me interesa. En absoluto. Puede marcar a quien quiera. Eso no tiene nada que ver conmigo.
La expresión de Martha se endureció.
—No digas cosas que no sientes —replicó—. Apareces una y otra vez allí donde está él. Si de verdad te diera igual, no seguirías apareciendo.
—Estaba cenando con mi familia —dije—. Él estaba en la sala de al lado. Eso no es un patrón. Eso es un hotel.
No cedió.
—Voy a ser sincera contigo —dijo—. Vivian y yo hemos tenido ciertos problemas últimamente.
No la quiero en mi manada. Pero no puedo encargarme yo misma, no directamente.
No ahora. —Me sostuvo la mirada—. Si vuelves y te casas otra vez con Ronan, me aseguraré de que Vivian desaparezca.
Del todo. La marca, la ceremonia, todo sería tuyo.
Y en cuanto a tu puesto en Ravenshade: en cuanto Lila se acomode, tu autoridad allí se irá reduciendo.
Lo sabes. Pero si Ronan te respalda, ese problema desaparece.
Chloe bostezó en algún rincón de mi mente.
Me apoyé en el costado del coche y miré a Martha con calma.
—Así que quiere utilizarme para deshacerse de Vivian —dije.
—Quiero que nos ayudemos la una a la otra —dijo ella—. Tú quieres recuperar a Ronan. Yo quiero a Vivian fuera. Las dos conseguimos lo que necesitamos.
—Eso solo funciona si yo quiero recuperar a Ronan —dije—. Y no quiero. Así que no hay nada que repartir.
Hice una pausa.
—Además —añadí, con una leve sonrisa en la comisura de los labios—, ¿no creía usted que fui yo quien organizó aquel accidente? ¿Aquel en el que Ronan perdió tanta sangre? —Incliné levemente la cabeza—. Curioso lo rápido que se desvaneció esa sospecha.
❦ ❦ ❦