Luna renace (Libro 1) CAPÍTULO 122
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CAPÍTULO 122

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(Punto de vista de Aria)

Kai cruzó el aparcamiento hacia nosotros, con Julian un paso por detrás.

En cuanto Ronan vio a Kai, se le ensombreció la cara.

Kai se puso a mi lado. Clavó los ojos en Ronan y habló con voz tranquila y fría.

—¿Por qué sigues molestándola?

No esperó respuesta.

—Ya acepté cubrir todas tus pérdidas. Llevo días esperando tu factura. Y en lugar de enviármela, te presentas aquí a acosarla. —Inclinó ligeramente la cabeza—. No tiene ningún sentido.

Ronan apretó la mandíbula.

—No tengo tus datos de contacto. No me quedaba otra que recurrir a Aria. Es una reclamación legítima.

Julian soltó una risa seca.

—Connor se puso en contacto con tu Beta, Felix, hace días —dijo Julian—. Así que ¿qué pasó? ¿A Felix se le olvidó mencionarlo o nos estás mintiendo a la cara?

La expresión de Ronan no cambió.

—Felix nunca me dijo nada de eso.

Nadie en aquel aparcamiento se lo creyó.

La cara de Kai siguió inexpresiva.

—Bien. Mañana haré que Connor se ponga en contacto contigo directamente. Sin intermediarios.

El aire entre ellos se tensó.

Ninguno de los dos apartó la mirada.

Kai se volvió hacia mí.

—¿Qué ha pasado aquí?

Miré de reojo a Preston, que seguía en el suelo a unos metros, soltando quejidos bajos y lastimeros.

—Un problemilla —dije—. Ya está resuelto.

Kai siguió mi mirada hasta Preston. Algo le cambió en la mirada, solo un instante, algo frío y afilado. Había estado en el banquete de cumpleaños del abuelo. Debía de haber oído que Preston había intentado meterse conmigo aquel día.

Ya tenía el móvil en la mano. Llamé a los ejecutores de la manada, les di la ubicación y colgué.

Me volví hacia Ronan.

—Es tarde —dije en tono neutro—. Deberías irte.

Hice una pausa.

—A menos que quieras darle a Martha otro motivo para ir contando que ando por ahí provocando accidentes. Ya rompió el acuerdo con Lanwater porque decidió que ese choque fue culpa mía. —Lo miré a los ojos—. Y a quien lo preparó de verdad todavía no lo han encontrado, ¿verdad?

Me había oído.

Sabía exactamente de qué le estaba hablando.

No contestó.

—Me quedo —dijo en cambio—. Esperaré contigo hasta que lleguen los ejecutores. No te voy a dejar sola.

Lo miré.

—¿Sabes qué era lo que mejor se te daba? —dije—. Marcharte. Cada vez que de verdad necesité a alguien, tú te dabas la vuelta y te ibas. Ahora ya no te necesito y de repente quieres hacerte el bueno. —Mi voz no se alteró—. No quiero tu caridad, Ronan. Vete.

Su rostro se endureció.

—Estoy intentando hacer lo correcto.

—Pues hazlo en otra parte.

Kai dio un paso adelante. Solo uno, fluido y silencioso, para colocarse entre Ronan y yo.

—Yo me quedo con ella —le dijo a Ronan—. Puedes irte.

Ronan se quedó mirándolo. Algo le ardía detrás de los ojos: frustración, quizá, o algo para lo que no tenía nombre.

Pero yo ya había dicho todo lo que tenía que decir. Si se quedaba, solo se estaría humillando.

Dejó que alguien le girara la silla de ruedas. No dijo una palabra más. Simplemente se marchó, rodando por el aparcamiento vacío hasta desaparecer en la oscuridad.

La tensión de los hombros empezó a ceder.

Me volví hacia Kai.

—Este lío es mío. Tú tampoco tienes que quedarte.

Me miró con esos ojos azul hielo. Callado. Quieto. No se movió.

Julian carraspeó.

—Ya sabes cómo es. No va a dejarte aquí plantada con un montón de tíos inconscientes en el suelo. —Sonrió—. Además, con los dos aquí estás más segura.

Sabía de sobra que no servía de nada discutir con Kai una vez que había tomado una decisión. Lo dejé pasar.

Los ejecutores llegaron rápido. Cargaron a Preston y a su gente en los vehículos y se los llevaron. Yo fui con ellos a prestar declaración.

Cuando por fin volví a casa en coche, el de Kai me siguió todo el camino. No tan cerca como para agobiarme. No tan lejos como para perderme de vista.

Entré en el aparcamiento de mi edificio. Su coche se detuvo junto al bordillo, abajo.

Subí, cogí a Barnaby en brazos y me quedé junto a la ventana.

Su coche seguía allí.

Luego, despacio, se puso en marcha. Las luces traseras se perdieron en la oscuridad.

Me quedé allí un rato, con Barnaby cálido y pesado entre los brazos.

No tenía miedo. Conducir sola de noche no era algo que me asustara. Pero saber que había estado detrás de mí todo el camino… eso calmó algo en mi pecho que ni sabía que estuviera inquieto.

Incluso Chloe estaba tranquila. Se limitó a acurrucarse en algún rincón profundo y silencioso, serena de un modo poco habitual en ella durante una luna llena.

(Punto de vista del autor)

El coche se alejó del edificio de Aria.

Thane abrió un enlace mental con Vincent.

Preston. Su voz no se alteró. El del banquete de cumpleaños de Richard. Esta noche la acorraló en un aparcamiento con cinco hombres.

No apartó la vista de la carretera.

Mientras esté en el centro de detención de los guardianes, quiero que desentierres todo lo que ha hecho. Cada trato, cada delito, cada rincón sucio. Que no se te escape nada. Hizo una pausa. Y si alguien de la familia Ridge intenta sacarlo antes de tiempo, no te andes con cortesías.

Cortó el enlace mental.

Al otro lado de la ventanilla, la luna llena pendía baja y blanca sobre la ciudad.

Dentro de su pecho, Logan soltó un sonido grave y quedo.

Nuestra.

(Punto de vista de Aria)

Cerré las cortinas y volví a entrar en la habitación.

Barnaby había arrastrado su osito de peluche hasta la cama y ya dormía encima de él, completamente ajeno al mundo.

Me aseé y me tumbé.

El móvil vibró. Un mensaje de la casa de subastas del estado vecino: pedían que Nora llevara la pieza para tasarla.

Dos días después, Nora me llamó.

—Ha pasado la prueba —dijo—. El anillo es auténtico.

Necesitaba el dinero cuanto antes. Le pidió a la casa de subastas que se saltara la subasta pública y fuera directa a un comprador privado. Esa vía implicaba una comisión bastante más alta, pero aceptaron.

Pasé por el hospital cuando fui a ver al abuelo. Aproveché para asomarme a la habitación de la madre adoptiva de Nora.

Estaba delgada. Parecía agotada. Pero el sanador dijo que lo habían detectado lo bastante pronto: en cuanto empezara el tratamiento de desintoxicación, tenía posibilidades reales de recuperarse.

Me quedé sentada en la habitación unos minutos. No había mucho que decir. Me despedí en voz baja y me marché.

Cuando salía del hospital, me sonó el teléfono.

Elena.

—¿Estás libre esta noche? —preguntó—. ¿Cenamos?

—Claro —dije.

Cuando llegué al restaurante, ya había dos hombres sentados a la mesa con ella.

Elena tiró de mí para sentarme a su lado e hizo las presentaciones. Los dos eran guapos. Rasgos marcados, impecables.

Tardé unos treinta segundos en entender qué estaba pasando en realidad.

Me había llamado para que le hiciera compañía en una presentación de posibles compañeros.

Me incliné hacia ella y bajé la voz.

—¿Saben tus padres que estás aquí esta noche?

Sonrió y cogió la copa.

—¿Lo sabe Wyatt?

Se le tensaron los hombros.

Solo un instante. Luego lo disimuló, dio un sorbo a su bebida y sonrió como si nada hubiera pasado.

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