CAPÍTULO 113
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(Punto de vista de Aria)
Me di la vuelta.
Vivian y Daisy estaban justo detrás de nosotras, cogidas del brazo.
Estaba claro que nos habían visto desde hacía rato. Vivian fingía de maravilla que no nos había visto. Daisy ya se encaminaba hacia la vitrina ante la que estábamos.
Vivian inclinó la cabeza y me sonrió.
—Vaya, Aria. ¿Tú también por aquí?
No le contesté.
Me volví hacia la vitrina y llamé con un gesto a una dependienta.
—¿Cuánto cuesta este collar?
La dependienta sonrió.
—Es una pieza nueva de un diseñador europeo. El precio es de un millón doscientos mil.
Era más de lo que tenía previsto para hoy. Solo pensaba dejar que Elena se gastara unos miles.
Antes de que pudiera decir nada, Daisy se adelantó.
—¿Eso es todo? Qué barato. —Chasqueó los dedos—. Me lo quedo. Envuélvamelo.
La dependienta no se movió de inmediato.
Primero me miró a mí, algo insegura.
—¿También quería usted esta pieza, señorita Ravenshade?
Había estado a punto de decir que no.
Pero cambié de opinión.
—Sí —dije.
A Daisy se le apagó la expresión.
—¿Por qué se lo pregunta a ella? ¿Cree que no puedo permitírmelo?
La dependienta se mantuvo tranquila.
—Tenemos una política de prioridad VIP. Cuando dos clientas se interesan por el mismo artículo al mismo tiempo, damos preferencia a nuestras clientas VIP.
Daisy soltó una risa breve y gélida.
—VIP. —Me miró de arriba abajo—. Con lo bajo que ha caído la manada Ravenshade, ¿y sigue siendo VIP aquí? Poco dice eso de lo que significa ser VIP en este sitio.
Elena frunció el ceño.
—Si tienes tantísimo dinero —dijo Elena—, ¿por qué no te haces VIP tú misma?
Daisy se giró en seco hacia la dependienta.
—Está bien. ¿Cuánto tengo que gastar para conseguir el estatus VIP?
—Un gasto acumulado de tres millones da acceso al estatus VIP —dijo la dependienta—. La señorita Ravenshade es clienta nuestra desde hace varios años. Su gasto total supera los siete millones.
Daisy cerró la boca.
No dijo nada durante un instante.
Elena sonrió con dulzura.
—Así que tendrías que gastarte más de siete millones solo para igualarla. ¿Cómo lo llevas?
La cara de Daisy pasó por varios gestos a la vez.
No fue capaz de articular palabra.
Elena siguió apretando.
—¿Qué ha pasado? Hace un segundo estabas muy segura de ti misma.
Daisy se recompuso y levantó el mentón.
—Hoy no he traído suficiente. Volveré otro día.
Cambió de tema a toda prisa, como si quisiera adelantarse a la humillación.
—De todas formas, no hemos venido por ese collar. Hemos venido a elegir joyas para que Vivian las luzca en la ceremonia de apareamiento.
Se irguió un poco, recuperando el terreno perdido.
—Ronan ha reservado más de tres millones para hoy. Y eso es solo el principio: aún falta el anillo, el vestido, todo lo demás. Vamos a estar aquí un buen rato.
Incliné la cabeza.
—¿De qué estás tan orgullosa exactamente?
Daisy parpadeó.
—Ronan se gasta el dinero en Vivian —dije—. Tú eres la que corre detrás de ella de un lado a otro. ¿Te ha dado a ti un solo céntimo?
La expresión de Daisy se quebró.
Abrió la boca y no salió nada.
Fue entonces cuando Vivian dio un paso adelante, suave y sin prisa. Cogió a Daisy del brazo y habló con voz dulce.
—No es más que un collar. No merece la pena disgustarse. Probemos en otro sitio.
La miré.
—Qué oportuna —dije—. Has esperado a que todo acabara para abrir la boca. ¿Esperabas que Daisy mordiera por ti?
La sonrisa de Vivian flaqueó solo un instante.
Luego volvió, suave y sin esfuerzo.
—No sé de qué me hablas. Simplemente no he encontrado el momento de meter baza.
Le devolví la sonrisa y no dije nada.
Pero todos los presentes captaron lo que significaba esa sonrisa.
La dependienta intervino con discreción.
—Señorita Ravenshade, ¿le envuelvo el collar?
—Sí —dije—. Sin estuche de regalo, solo la bolsa.
Elena ya había sacado la tarjeta y se dirigía a la caja.
Llegué yo primero.
—Yo me encargo.
—Aria…
—A la manada Ravenshade le va bien últimamente —dije—. Puedo permitirme un collar.
Elena se rio y guardó la tarjeta sin oponer mucha resistencia.
—Vale, está bien. En realidad casi todo era farol. Suerte que lo has pillado.
Le di un capirotazo en la frente.
Soltó un chillido y me apartó la mano de un manotazo.
Seguíamos riéndonos cuando cogimos la bolsa y nos dirigimos a la puerta.
Vivian nos siguió.
Caminaba rápido, pero con expresión relajada, como si solo viniera a despedirse.
—Aria. —Su voz era suave. Casi inocente—. Cuando Ronan y yo celebremos nuestra ceremonia… ¿vas a venir?
A mi lado, Elena se quedó muy quieta.
Chloe ni se movió.
Me detuve.
Me di la vuelta y miré a Vivian.
Después sonreí.
—Por supuesto que iré —dije—. ¿Por qué no iba a ir?
Vivian parpadeó.
—En el mundo de las manadas ya todos saben cómo has llegado a donde estás —dije—. Si aparezco y me quedo de pie en esa sala, me pregunto a quién van a mirar todos.
Vivian apretó los puños a los costados.
Mantuvo el tono dulce.
—Ronan y yo nos queremos. Si tú no te hubieras interpuesto entonces, nunca nos habríamos separado.
La miré un momento.
—Si Ronan te quisiera de verdad —dije—, ¿por qué te tuvo escondida durante años? ¿Por qué hizo falta un divorcio para darte algo oficial?
No respondió.
—Significa que sentía algo por ti —dije—. Pero también tenía muchas otras cosas que le importaban más. Su manada. Su posición. Sus intereses. Hace un año eligió todo eso antes que a ti. Y volverá a hacerlo.
Elena había dejado de tirar de mí para sacarme de allí. Ahora solo miraba.
No tenía pensado sacar el tema de aquella noche.
Pero Vivian seguía allí plantada, con esa cara, y yo ya estaba harta.
—Hace cuatro noches —dije sin alterar la voz— Ronan vino a buscarme.
A Vivian se le fue el color de la cara.
Estaba haciendo cálculos. Se le notaba.
Esa noche, cuatro días atrás, era probablemente la misma en la que Ronan había accedido de golpe a celebrar la ceremonia de apareamiento.
Le salió una voz muy fina.
—¿Qué quería?
No contesté a eso directamente.
—Te voy a dar un consejo —dije—. Ronan es un hombre con corazón. Lo que pasa es que lo tiene repartido en muchos trozos. Si te conformas con tu parte, no seré yo quien te lo impida.
La miré una última vez.
—Enhorabuena a los dos.
Me di la vuelta y salí con Elena.
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