CAPÍTULO 93
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(Punto de vista de Aria)
Nathan salió de entre la multitud.
La sonrisa despreocupada que solía lucir había desaparecido por completo.
Mia le vio la cara y pareció darse cuenta de que había metido la pata. Se tensó, pero siguió adelante de todos modos.
—Todo el mundo en la comunidad sabe ya que Ronan la engañó con Vivian —dijo—. No he dicho nada que no sea de dominio público.
Nathan frunció el ceño. Se volvió hacia mí.
—¿Por qué nunca me has contado nada de esto?
Me encogí de hombros.
—Supuse que ya te habrías enterado. Es agua pasada. Mia lo ha vuelto a desenterrar, pero sinceramente, a mí no me quita el sueño.
No pareció satisfecho con esa respuesta.
—¿Ronan te engañó de verdad? ¿Durante el matrimonio?
No lo negué del todo.
—No exactamente —dije—. Pero poco le faltó.
Con eso le bastó.
A Nathan se le tensó la mandíbula.
—Si lo hubiera sabido, lo primero que habría hecho al aterrizar ayer habría sido conducir directo a Stormcrest a buscar a Ronan.
Lo miré.
—Antes lo tenías en muy alta estima. ¿A qué venía eso, por cierto?
Ni se paró a pensarlo.
—Porque te gustaba —dijo.
Algo cálido me recorrió el pecho.
No dije nada. Él tampoco.
Mia había estado allí plantada, observando todo el intercambio. Se le había agriado la expresión.
—Nathan —dijo—, ¿de verdad sientes algo por esta princesa de Ravenshade?
Nathan se volvió y la miró.
Tenía el rostro inexpresivo.
—¿Quién eres?
Mia parpadeó.
—Nos graduamos en la misma academia. Trabajamos juntos en un proyecto de investigación sobre sanación. Tercer curso.
Nathan lo pensó. Lo pensó de verdad.
—Lo siento —dijo—. No me acuerdo de ti.
Lo dijo sin crueldad alguna. Como un simple hecho.
—Conozco a cientos de personas al año. A menos que sea un colaborador clave, no se me suele quedar la cara.
Mia abrió la boca y la volvió a cerrar.
Levanté una ceja. Algo acababa de encajar.
—Nathan —dije—, ¿no reconoces a tu propia futura compañera?
Nathan miró a Mia. Su expresión se endureció.
—He estado soltero toda mi vida adulta —dijo—. No vayas por ahí afirmando cosas que no son verdad.
A Mia se le fue el color de la cara.
Estaba claro que no esperaba que yo lo repitiera. Probablemente había lanzado esa frase para que yo diera marcha atrás, no para que acabara llegando a oídos de Nathan palabra por palabra.
Movió los ojos, esquiva. Cambió de táctica a toda prisa y adoptó una expresión dolida.
—Fue ella la que dijo que iba a quedarse contigo —dijo Mia, con voz suave y lastimera—. Yo solo intentaba ayudarte. Me inventé lo de ser tu compañera para que se apartara.
(Punto de vista del autor)
Nathan llevaba años moviéndose entre los círculos de élite de las manadas. Había visto todas las jugadas posibles.
La versión de Mia no era ni siquiera complicada.
La miró con una sonrisa fina y sin pizca de humor.
—Aria es mi prima —dijo—. ¿Qué querías decir exactamente con «quedarse»?
Mia se quedó helada.
No se lo había creído cuando Aria lo dijo. La palabra «prima» no aparecía en ninguna de las publicaciones del foro, no había salido en ninguno de los cotilleos. Había entrado en aquello con la mitad de la información y sobre eso había construido toda una historia.
Cada palabra que había dicho en los últimos diez minutos quedaba ahora al descubierto por lo que era en realidad.
La gente de alrededor ya ni disimulaba que estaba escuchando.
A Mia se le descompuso la cara. Se la tapó con una mano, se dio la vuelta y se abrió paso por el borde de la multitud hacia la puerta.
Chocó con alguien que entraba.
Ronan se hizo a un lado y la dejó pasar sin mirarla.
Entró en el salón de banquetes y notó de inmediato el cambio en el ambiente. Las miradas se posaban en él y luego se desviaban. Algo acababa de pasar.
Recorrió la sala con la vista y encontró a Nathan y a Aria.
Se dirigió hacia ellos.
La noche anterior, Nathan lo había llamado para pedirle que cuidara de Aria. Ronan lo había entendido como una señal de que Nathan quería que siguieran en contacto. Puede que incluso quisiera volver a juntarlos.
Venía preparado para eso. Llevaba un regalo en el bolsillo del abrigo, algo que había comprado de camino.
Se detuvo delante de ellos.
—Nathan —dijo, y metió la mano en el bolsillo—. He cogido algo de camino. Una cosita.
Nathan no lo cogió.
—Guárdatelo —dijo—. No quiero nada de ti.
La mano de Ronan se quedó donde estaba un momento. Luego la retiró.
—Me llamaste anoche —dijo Ronan. Hablaba con voz controlada, pero a duras penas—. Me pediste personalmente que viniera. ¿Y ahora me haces esto?
—Ayer no sabía lo que sé ahora —dijo Nathan—. Tienes suerte de que siga aquí de pie hablando contigo en vez de estrellarte contra esa pared.
(Punto de vista de Aria)
Ronan dirigió la mirada hacia mí.
—Se lo has contado —dijo él.
—¿He dicho algo que no debía? —pregunté.
Su expresión se ensombreció.
—Fuera. Tenemos que hablar.
Nathan se plantó delante de mí.
—Lo que tengas que decir, lo puedes decir aquí.
Le puse la mano en el brazo a Nathan y se lo aparté.
—No pasa nada —dije—. Voy a escuchar lo que tenga que decirme. Vuelvo enseguida.
Nathan me miró.
—¿Segura?
—No me va a tocar.
—Yo no pego a las mujeres —dijo Ronan.
Me reí. Me salió una risa corta y seca.
—Memoria selectiva. No hace tanto que abofeteaste a Daisy.
Ronan no dijo nada.
No tenía respuesta para eso.
Nathan nos miró a los dos. No parecía contento, pero dio un paso atrás.
—Cinco minutos —dijo.
El pasillo de fuera estaba vacío.
Caminamos hasta el otro extremo. Me apoyé de espaldas contra la pared y lo miré.
—Adelante.
Ronan no perdió el tiempo.
—Te dejas ver en público con un hombre distinto cada dos por tres. ¿No recuerdas lo que te dije?
—Me has advertido de muchas cosas —dije—. No puedo llevar la cuenta.
—Sales en los foros constantemente —dijo—. Un titular nuevo cada dos días. Y cada vez un hombre diferente. ¿Entiendes lo que eso le hace a la reputación de las dos manadas?
—¿Y eso importa?
—A Vivian y a mí nos están destrozando en internet por todo el ruido que estás montando. —Bajó la voz, más dura ahora—. ¿Lo has pensado aunque sea un segundo? La gente nos llama escoria. A los dos. Por todo lo que no dejas de remover.
Incliné la cabeza.
—¿Y se equivocan?
No respondió.
—Siempre se te ha dado tan bien arreglar las cosas, Ronan —dije—. Si esas publicaciones te molestan, que alguien las retire. No pienso encargarme yo de los que andan hurgando en busca de historias por ti.
Algo le cruzó el rostro. Una frustración que no le veía desde hacía mucho tiempo.
—Lo he intentado —dijo—. No hay manera de que las quiten. Alguien está pagando el doble para que sigan ahí. Felix lo rastreó: no es una cuenta de Ravenshade. —Clavó los ojos en mí—. Es Kai. Dile que retire lo que esté moviendo entre bastidores y que lo borre todo. Estoy harto de verlo.
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