CAPÍTULO 92
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(Punto de vista de Aria)
Nathan me mandó los detalles de la fiesta sobre las cuatro de la tarde.
Entré en el vestidor y repasé los percheros. Cada temporada, las marcas de moda de Ravenshade enviaban sus novedades. El vestidor estaba hasta arriba de ellas.
Saqué un jerséi de punto color crema, de corte amplio, y lo combiné con una falda negra midi. Maquillaje ligero. Mis largas ondas castaño rojizo sueltas sobre los hombros.
Sencillo. Suficiente.
Cogí el bolso y me dirigí a la puerta.
—Espera.
La mano de Elena me sujetó el brazo.
Antes de que pudiera preguntar, sonó el timbre.
Me soltó, corrió hasta la puerta y la abrió de par en par.
Kai estaba en el pasillo.
Abrigo largo negro. Alto. Sereno. Como si no acabara de presentarse sin avisar.
Me volví hacia Elena.
Ella sonrió con cara de inocencia.
—Pensé que te sentirías incómoda yendo sola. Así que lo llamé.
—Elena. —Bajé la voz—. No vuelvas a hacerlo.
—Ajá. —Asintió como si estuviera de acuerdo, sin dejar de sonreír, como si no hubiera oído una sola palabra.
Le di un golpecito con el nudillo en la coronilla.
Me volví hacia Kai.
—Lo siento. No me había dicho nada.
—No pasa nada —dijo él—. No tenía nada que hacer.
Fuimos en su coche hasta el hotel Lance. Salón de banquetes privado, en la tercera planta.
La sala ya estaba llena cuando llegamos. La mayoría de los invitados eran figuras destacadas de distintas manadas, más un puñado de colegas que Nathan había conocido durante sus años en el extranjero. Recorrí la sala con la mirada y no reconocí a casi nadie.
Nathan me vio en cuanto entré. Cruzó la sala de inmediato.
—Has venido. —Miró a Kai—. ¿Y este quién es?
—Un amigo —dije—. Kai Lawson.
Los dos intercambiaron un saludo breve. Después Nathan me cogió del brazo y me apartó unos pasos.
—Has traído a un hombre a mi fiesta —dijo en voz baja—. ¿Lo sabe Ronan?
Me quedé mirándolo.
—¿Y qué tiene que ver Ronan con esto?
La expresión de Nathan cambió.
—Es tu marido, Aria. Vas por ahí con otro hombre pegado a ti...
—Estamos divorciados —dije.
Se quedó completamente inmóvil.
—Eso no tiene gracia —dijo.
—No estoy de broma.
—Antes me creo que la manada Ravenshade se disuelve mañana que el que tú hayas cortado de verdad con Ronan. —Negó con la cabeza—. Le dedicaste diez años a ese hombre.
—Lo sé. —Sonreí, pero fue una sonrisa seca—. Al parecer todo el mundo sabía lo perdida que estaba por él. Mira el foro si no me crees. El divorcio fue hace casi dos meses.
Me escrutó la cara.
Yo no me reía. No me inmutaba.
Al final soltó el aire.
—Vale. Te creo. —Se quedó callado un segundo—. Entonces, si te cruzas con Ronan esta noche, ¿no vas a ponerte rara?
—¿Por qué iba a ponerme rara? —pregunté—. ¿Y tú?
Algo le cruzó la cara. Un instante. Como un pensamiento que lo alarmó.
Abrió la boca y volvió a cerrarla.
Alguien lo llamó por su nombre desde el otro extremo de la sala. Se volvió hacia el sonido al instante, casi demasiado deprisa.
—Vuelvo enseguida —dijo, y desapareció entre la gente.
Lo vi alejarse.
No tenía ni idea de a qué venía esa última expresión. Pero algo me decía que al final lo averiguaría.
Me volví para buscar a Kai.
Estaba de pie junto a la pared del fondo, con el teléfono pegado a la oreja. Cuando vio que lo miraba, levantó un dedo.
Esperé.
Colgó y se acercó.
—Un amigo mío está arriba. Tengo que ir a saludarlo.
—Ve —dije—. Estoy bien.
Asintió.
—Llámame si pasa cualquier cosa.
Y se marchó.
Decidí buscar un sitio donde sentarme y comer algo. No había probado bocado desde el mediodía.
Estaba a mitad de camino de la mesa del bufé cuando oí una voz a mi espalda.
—Oye. —Tono cortante. Nada amable—. ¿Eres tú la que anda dando que hablar con Nathan? Aria, ¿no?
Me di la vuelta.
La mujer que tenía delante dejó de hablar en el instante en que nos vimos cara a cara.
Yo también me quedé parada.
Las dos llevábamos el mismo jerséi. El mismo tejido de punto, el mismo color crema, el mismo corte. La última novedad de Ravenshade de esta temporada.
En mí, el jerséi iba combinado con una falda negra. En ella, metido por dentro de un pantalón de pierna ancha. Estilismo distinto. Misma prenda.
No era para tanto. Coincidir de ropa pasaba todo el tiempo.
Pero se le había tensado la cara en el instante en que se dio cuenta.
Alguien murmuró por ahí cerca que a mí me quedaba mejor.
Le lanzó una mirada que cortaba el cristal.
No la conocía. No la había visto hasta esa noche.
—¿Querías algo? —pregunté.
(Punto de vista del autor)
Se llamaba Mia.
Era compañera de Nathan en la formación de sanadores. Una sanadora novata, aunque con cierta reputación en los círculos reducidos en los que se movía. Llevaba años obsesionada en silencio con Nathan.
La noche anterior, cuando las publicaciones del foro sobre la cena de Nathan y Aria se hicieron virales, el comunicado oficial aclaratorio no la había tranquilizado lo más mínimo. En cuanto supo que Aria estaría en la fiesta de esa noche, había atravesado el salón derecha hacia ella.
Su plan era poner a Aria contra las cuerdas desde el primer segundo.
No había salido como esperaba.
La calma de Aria le había desarmado la frase de entrada antes de que llegara a terminarla. Ahora levantó el mentón y dijo su nombre como si aquello tuviera que significar algo.
—Soy Mia. La futura compañera de Nathan.
Aria parpadeó.
Nathan no había mencionado a esa persona ni una sola vez.
Mia insistió:
—Deberías mantener las distancias con él. No es el tipo de hombre que alguien como tú pueda tener cerca. Y por mucho que tenga Ravenshade, no basta para impresionarlo.
—Nathan y yo somos primos —dijo Aria con voz serena—. No hay nada entre nosotros.
—Primos. —Mia repitió la palabra como si fuera un chiste—. Fuiste tú misma al aeropuerto a recogerlo. Cenasteis juntos. Lo comentaba todo el foro.
—Porque somos familia —dijo Aria—. Es lo que hace la familia.
Mia no la escuchaba.
—Te pasaste años persiguiendo a Ronan —dijo—. Ahora estás divorciada y, de repente, tienes un hombre distinto a tu lado cada dos semanas. ¿Qué es exactamente lo que sacan de ti todos esos hombres?
La sonrisa de Aria siguió en su sitio. Solo que ya no le llegaba a los ojos.
—Lo evidente —dijo Aria—. Soy joven. Soy capaz. Y tengo recursos. —Inclinó un poco la cabeza—. Si quieres ese tipo de atención, puedes intentarlo, por mí encantada. Aunque voy a ser sincera: no creo que te resulte fácil.
A su alrededor, la sala había bajado la voz.
La expresión de Mia se agrió.
—Una cara bonita y algo de dinero —dijo—. Eso es todo lo que tienes. Te casaste para entrar en la manada de Ronan con todos los activos de Ravenshade a tus espaldas y, aun así, él se buscó a otra. Te echó. —Levantó la voz—. Sin ese nombre de manada, no eres nadie.
Sobre aquel rincón de la sala cayó el silencio.
Entonces, justo detrás de Aria, se oyó una voz.
Baja. Fría. Muy tranquila.
—¿Quién engañó a quién?
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