CAPÍTULO 78
— ◆ —
(Punto de vista de Aria)
Después del divorcio de Ronan, cuando volví a ser yo misma, lo primero que hice fue repasar uno por uno los recuerdos de mi vida anterior.
No los buenos. Los que había enterrado.
Elena y Jared.
En mi vida anterior, después de casarme y entrar en la manada Stormcrest, Martha lo tenía todo atado en corto: mi agenda, mis contactos, mi tiempo. Mi relación con Elena se fue enfriando mes a mes. Ella me buscaba diez veces y nueve de ellas yo no podía ir.
Hasta que un día se plantó en pleno territorio de Stormcrest para buscarme.
Estaba radiante. Prácticamente vibraba de emoción.
Se había enamorado de un guitarrista. Un músico de rock llamado Jared. Decía que tenía una voz grave y rasgada que le removía algo en el pecho cuando cantaba. Decía que verlo tocar en el escenario la hacía sentirse capaz de derribar todos los muros que se había levantado a su alrededor.
Decía que con él se sentía más viva que nunca.
Iba a confesarle lo que sentía.
Por aquel entonces yo solo tenía cabeza para Ronan. La escuché, le dije algo vago sobre tener cuidado y no insistí más.
Unas semanas después estaban juntos. Elena era feliz. A él también le gustaba. Con eso le bastaba.
Pero la cosa no siguió siendo tan simple.
Poco después me enteré de que Elena estaba embarazada. La acompañé a la sanadora. Jared no fue. Dijo que la banda tenía ensayo.
Empecé a seguir la situación más de cerca. Pregunté por la ceremonia de apareamiento.
Elena dijo que sus padres todavía no lo aprobaban. Que querían esperar a que naciera el bebé.
Elena había crecido con todo servido en bandeja. No era ingenua exactamente, pero se dejaba llevar por el corazón y lo seguía directa al precipicio. Le dije que celebrara la ceremonia primero y que lo demás ya se vería. Fue a hablar con Jared.
Jared dijo que no.
Ella no fue capaz de dejarlo. Así que esperó. Se convenció de que el único obstáculo eran los padres de él. Cuando naciera el bebé, él la marcaría. Estaba segura.
Entonces una mujer llamada Moira apareció en su puerta.
Venía a encararse con Elena. Se lo contó todo. Jared no estaba soltero cuando empezó a ir detrás de Elena. En ningún momento. Quería un hijo, un bebé que convenciera a sus padres de aceptar su verdadera relación con Moira. Elena solo era el medio para conseguirlo.
Elena se derrumbó por completo.
Pasé con ella una noche entera en territorio de la manada Frost. Después no me separé de su lado en días. Me daba pánico lo que pudiera hacerse.
Jared volvió.
Dijo que no podía dejar de pensar en ella. Que había cortado con Moira del todo. Que era a Elena a quien quería.
Le dije que no volviera con él. Se lo dije sin rodeos. Le dije que la había usado y que lo volvería a hacer.
Volvió con él de todos modos.
Poco a poco, las cosas parecieron estabilizarse. Dos semanas antes de la fecha prevista del parto, Jared dijo por fin que estaba listo. Quería marcarla formalmente. Dijo que tendrían una vida de verdad juntos.
Iban de camino a la ceremonia cuando ocurrió.
El coche se salió del paso elevado.
Ninguno de los dos sobrevivió.
Moira había echado una dosis alta de acónito en las botellas de agua del coche antes de que salieran. Suficiente para anularles la capacidad de curarse. Después los hizo salirse del puente.
Cuando los ejecutores de la manada trajeron a Moira, yo estaba allí. Ella misma me lo contó todo. Jared nunca había cortado con ella. Ni una sola vez. Su plan era dejar que Elena diera a luz, rechazarla formalmente después y llevarse a la criatura para criarla con Moira.
Lo tenía todo calculado al milímetro.
Lo que no había previsto era de lo que son capaces los celos.
Moira ya no lo soportaba. Cada día que Jared pasaba con Elena, cada noche, y ahora un hijo que los uniría para siempre. En el momento en que descubrió que iba a marcar a Elena —aunque fuera mentira, aunque fuera solo para tenerla tranquila—, algo se rompió dentro de Moira.
Los mató a los dos.
Aquel día me quedé allí de pie con tanta rabia que no podía respirar. Pero no tenía dónde descargarla. El hombre que había hecho daño a Elena estaba muerto. La mujer que la había matado estaba detenida. Todos habían recibido su castigo.
Y Elena ya no estaba.
Me juré a mí misma que, si alguna vez tenía otra oportunidad, no dejaría que esto volviera a pasar. No me quedaría mirando mientras Elena caminaba otra vez hacia ese hombre.
Había oído el nombre de Jared en el banquete de cumpleaños del abuelo. Pero el caos de aquella noche se lo tragó todo y no investigué a tiempo.
Y ahora ahí estaba.
De pie delante de mí, de la mano de Elena, sonriendo como si el local fuera suyo.
Elena me tiró de la manga.
—Jared te está saludando —dijo en voz baja.
Recompuse la cara y solté algún sonido que pasó por un saludo.
Elena me cubrió: le dijo que llevaba mucho tiempo sin pisar la taberna y que todavía me estaba adaptando.
Jared sonrió al oírlo. Tomó la mano de Elena y dijo que quería presentarle a algunos de los chicos de la banda. Había un concierto dentro de unos días. Dijo que trajera amigos.
Elena me miró y me arrastró con ella.
Jared fue presentando a todo el mundo. Un par de asentimientos, un par de nombres que no me molesté en memorizar.
Entonces uno de los hombres se reclinó en el sofá y soltó un silbido bajo.
—¿Entonces esta es una groupie? —le preguntó a Jared, señalando a Elena con la cabeza—. ¿Una de esas chicas de manada que siguen a la banda a todas partes y hacen lo que sea para acercarse a los músicos?
Elena se quedó helada.
Se quedó sin color en la cara y luego le volvió de golpe, ardiendo de humillación.
Jared actuó antes de que ella pudiera decir nada.
Agarró al hombre por el cuello de la camisa y lo levantó del sofá de un tirón.
—Es mi novia —dijo Jared con voz baja y del todo inexpresiva—. No es una groupie. No es una fan. Es mi novia. Cuidado con lo que dices.
El hombre balbuceó. Dijo que solo era una broma.
Jared lo dejó caer otra vez en el sofá.
—A Elena no le gustan esas bromas —dijo, y volvió junto a ella.
Elena lo miró como si acabara de bajarle la luna del cielo.
Se inclinó hacia mi oído.
—¿No es increíble? —susurró.
No contesté.
La conversación derivó al circuito de bandas, a las salas, a los próximos conciertos. Yo no sabía nada de todo eso y tampoco me importaba. Me recosté en el asiento y me dediqué a mirar.
Alguien llamó a Jared desde el otro lado del local.
En cuanto se apartó, me volví hacia Elena.
—¿Hasta dónde habéis llegado los dos?
Se le encendió la cara. Elena era capaz de hablar de cualquier cosa salvo de sus propios sentimientos; en cuanto salía el tema, se convertía en otra persona completamente distinta.
—Se ha portado muy bien —dijo en voz baja—. Solo me ha besado en la mejilla. No me ha presionado para nada.
Algo se me aflojó en el pecho. Solo un poco.
Vi a Jared abrirse paso de vuelta entre la gente.
Me puse de pie.
—Al baño —le dije a Elena.
Pero no fui al baño.
Crucé la taberna en diagonal e intercepté a Jared junto a la pared del fondo. Allí al fondo la luz era tenue y amarillenta. El pequeño pendiente de la oreja derecha le atrapó un destello. Me miró con esa sonrisa fácil y despreocupada todavía en la cara.
No me entretuve en cortesías.
—Quiero que te alejes de Elena.
❦ ❦ ❦