CAPÍTULO 54
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(Punto de vista de Aria)
La sonrisa de Sophie se afiló en cuanto comprendió que Vivian no iba a darle nada.
Así que se giró hacia mí.
—¿Sabes qué me ha hecho gracia siempre? —dijo, lo bastante alto para que la oyeran todos los que estaban cerca—.
En la escuela seguías a Ronan por todas partes como un cachorro perdido.
Siempre intentando llamar su atención. Siempre buscando ser útil.
—Inclinó la cabeza—. Y ahora estás aquí plantada como si estuvieras por encima de todo.
Los celos sí que le cambian la cara a una, ¿eh?
El aire se tensó. Nadie se movió.
Todos me conocían lo suficiente para saber que no me iba a tragar eso calladita.
Elena se movió primero.
—Sophie. —Su voz sonó inexpresiva—. Vas a cerrar esa boca. Ahora mismo. O te la cierro yo.
Sophie se echó a reír.
—Ay, relájate. Solo digo lo que ya está pensando todo el mundo.
—Pues que lo digan ellos mismos. —Elena dio un paso al frente—. No hablas en nombre de este grupo.
Sophie volvió a abrir la boca.
—Basta.
La voz de Ronan cortó el murmullo de la gente. Fría, breve, definitiva.
Sophie se quedó helada.
—Nadie te ha pedido comentarios —dijo él. No la miró—. Así que ahórratelos.
A Sophie se le puso la cara gris. Cerró la boca. No dijo una palabra más.
El grupo empezó a moverse hacia la salida y la tensión se fue diluyendo poco a poco. Caminé con Elena hacia las puertas principales.
Fuera, el aire de la noche nos recibió fresco y limpio.
Levanté la vista.
Kai estaba de pie junto al bordillo.
La luz de la entrada recortaba la línea de sus hombros, el ángulo de la mandíbula. Tenía las manos en los bolsillos de la chaqueta y no apartaba la vista de la puerta, como si llevara allí un buen rato.
Elena lo vio al instante y lo saludó con los dos brazos.
—¡Kai! ¡Aquí!
Recorrió el grupo con la mirada. Sus ojos me encontraron y se detuvieron.
Se acercó.
Me miró con esa expresión tranquila y relajada que siempre tenía, como si nada a su alrededor fuera especialmente urgente.
—Volvemos a vernos —dijo.
Algo se movió dentro de mí. Leve, callado, como algo que se desplaza bajo el hielo.
—¿Qué haces aquí? —pregunté.
—Un amigo me invitó a cenar aquí cerca. —Se encogió de hombros—. Terminé temprano.
—Sí, seguro. —Elena se cruzó de brazos—. Por cierto, lo llamé yo. Literalmente lo llamé y le dije dónde estábamos. —Miró a Kai—. Y has pasado de largo delante de mí para mirarla a ella.
Alargué la mano y le di un golpecito en la nuca.
—Deja de hablar.
—Solo digo las cosas como son.
Los compañeros que nos rodeaban ya habían empezado a cuchichear. Alguien le dio un codazo a otro. Otro se inclinó para susurrar algo.
—¿Ese es su novio?
—Hacen buena pareja.
—Espera, ¿cuánto tiempo llevan con esto?
Sophie se abrió paso hasta la primera fila.
—Ah, él. —Su tono era puro veneno—. Me acuerdo de él. Es taxista, ¿no? —Miró a su alrededor—. Lo vi recogerla una vez. Uno de esos coches de aplicación. —Sonrió—. Sin ánimo de ofender, pero me sorprende. Pensaba que Aria apuntaría al menos un poco más alto después del divorcio.
Elena tomó aire de golpe.
Levanté una mano antes de que pudiera decir nada.
—Sophie. —Mantuve la voz tranquila—. ¿Quieres hablar de cómo se gana el dinero la gente?
Ella parpadeó.
—Porque, desde donde yo lo veo —dije—, llevas tres años haciéndole compañía a un Alfa que ya tiene pareja. Y lo has hecho muy calladita. Con mucho cuidado. —Incliné la cabeza—. Me pregunto qué pasaría si eso dejara de ser tan calladito.
A Sophie se le fue el color de la cara.
—Eso… eso no es… —Sacudió la cabeza rápidamente—. No sé de qué me hablas.
—Entonces estamos las dos confundidas —dije—. Dejémoslo así.
Sophie abrió y cerró la boca. Buscó apoyo con la mirada entre el grupo.
Agarró a Vivian del brazo.
—Vivian. ¿Vas a dejar que me hable así? Ronan, di algo. Dile que…
Vivian no dijo nada. La expresión de su cara era difícil de leer, pero sus ojos decían que consideraba a Sophie una idiota.
Sophie le soltó el brazo y lo intentó de nuevo, esta vez más alto.
—Es taxista. Lo vi con mis propios ojos. Sale con un taxista y está aquí plantada como si…
Un coche se detuvo junto al bordillo.
Suave, silencioso, de un gris plateado. Un Rolls-Royce Phantom.
El joven que había estado todo el tiempo en silencio, de pie al lado de Kai, se adelantó y abrió la puerta trasera.
—Señor Lawson —dijo—, su coche.
Nadie habló.
Sophie seguía allí plantada, con la boca abierta.
El grupo empezó a cuchichear. Alguien se rio por lo bajo. Otro comentó:—Vale, retiro lo que he dicho antes. Ha salido ganando con el cambio.Y otra voz, más baja:—La verdad, después de lo que Ronan le hizo pasar, me alegro por ella.
Me quedé mirando el coche.
«Ese no es un coche de VTC».
Pensé en la primera vez que Kai apareció en mi vida. En el momento en que lo hizo. En cómo las cosas tenían la costumbre de resolverse solas cuando él andaba cerca. En lo poco que todo aquello se parecía ya a una casualidad.
«¿Será otra vez obra de alguien?».
Ronan no había dicho una palabra. Podía sentir su quietud sin necesidad de mirarlo: esforzándose por mantener la compostura.
Sophie reunió fuerzas para un último intento.
—Ese coche probablemente sea de ella —dijo—. Seguro que se lo ha comprado ella. Seguro que es eso.
Nadie le respondió. El grupo ya había pasado a otra cosa. La gente se reía, charlaba, sacaba el móvil. Alguien me agarró del brazo y me dijo que tenía que ir a la taberna, que la noche empezaba a ponerse buena.
—Kai no es mi novio —dije con claridad.
El entusiasmo se desinfló a la mitad de golpe.
—Solo somos amigos —dije—. Nada más.
Se oyeron algunos murmullos de decepción. Alguien preguntó:—¿En serio?
—En serio.Agarré a Elena por la muñeca.—Vamos. Tengo que ir a ver a mi abuelo.
—Espera, ¿no vienes a la taberna?
—La próxima vez.Tiré de Elena y le di la espalda al grupo.
Llevábamos media manzana andada cuando oí voces a nuestra espalda, que se iban apagando.
(Punto de vista del autor)
Alguien se armó por fin de valor para preguntar.
—¿Entonces dice la verdad? ¿De verdad no estáis juntos?
Thane se quedó mirando hacia donde se había ido Aria. Ella ya había doblado la esquina. Aun así, siguió mirando.
Al cabo de un momento, dijo:—Todavía no.
Los que lo rodeaban intercambiaron miradas. El mensaje estaba bastante claro.
Él seguía intentándolo.
Vivian se cogió del brazo de Ronan.
—No me siento bien —dijo en voz baja—. ¿Podemos irnos? Quiero volver.
—Dame un minuto.Y se soltó el brazo.
Vivian lo vio alejarse. Los dedos se le fueron cerrando despacio junto al costado. Las uñas se le hundieron en la palma, con fuerza suficiente para dejar marca.
Ronan cruzó la acera en unas pocas zancadas y le cortó el paso a Thane.
—¿Quién eres? —Su voz era baja. Contenida—.
He hecho que investiguen a Kai Lawson. No hay nada.
Ni antecedentes, ni historial, nada. —Le sostuvo la mirada a Thane—.
Nadie se vuelve tan invisible a menos que esconda algo.
O a menos que alguien lo esconda. —Dejó que aquello calara un segundo—.
No busco problemas. Lo que digo es que Aria no tiene ni idea de con quién está tratando.
Y un hombre sin pasado que aparece en su vida justo ahora…
eso no estoy dispuesto a pasarlo por alto.
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