Luna renace (Libro 1) CAPÍTULO 41
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CAPÍTULO 41

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(Punto de vista de Aria)

La empleada volvió a negar con la cabeza.

—Lo siento, no podemos aceptar objetos personales como pago.

Al chico se le hundieron los hombros. Se quedó allí plantado, con el pendiente y la cadena en la mano, sin saber qué hacer.

Me acerqué al mostrador.

—Yo me encargo —dije.

La empleada me miró. El chico se giró de golpe.

—No hace falta que…

—No pasa nada.

Le tendí la tarjeta.

Se quedó esperando mientras la pasaban, con el gato aún apretado contra el pecho. Cuando salió el recibo, me miró con una expresión a medio camino entre el alivio y la vergüenza.

—Gracias —dijo. Luego titubeó—. Sé que ya es mucho pedir, pero no llevo nada encima. Ni para el autobús. ¿Podría prestarme un poco más?

Saqué algo de efectivo y se lo di sin darle importancia. Me pidió mi número para devolvérmelo y lo apunté en el dorso del recibo.

Volvió a darme las gracias, en voz baja, y regresó junto a su gato.

De camino al coche, Elena esperó hasta que nadie pudiera oírnos. Entonces volvió la cabeza hacia mí.

—¿Lo conoces?

—Se llama Isaac —dije—. Es el heredero del Grupo MK.

Elena se paró.

—El Grupo MK. —Lo dijo despacio—. ¿La marca de lujo MK?

—Sí.

—Estuve en la presentación de su producto en Europa —dijo—. La serie limitada se agotó en menos de una hora. Lo vi con mis propios ojos. —Miró de nuevo hacia la clínica—. ¿Y ese es él?

—El mismo.

Subió al coche y se quedó un momento sin decir nada.

Luego preguntó:

—¿Lo tenías planeado?

—No.

—Pues parecía planeado.

—No lo estaba.

Me abroché el cinturón.

—No tengo todos los detalles resueltos solo porque sepa algunas cosas. Mucho de esto lo voy improvisando sobre la marcha.

Lo dio por bueno y luego preguntó:

—¿Y qué hace aquí?

—Intenta recuperar algo —dije—. Oliver lo descubrió mientras investigaba los antecedentes de MK.

La abuela materna de Isaac murió el año pasado.

Su último deseo fue que la enterraran con un collar de zafiros azules que le había regalado su marido años atrás.

El collar desapareció después de algún tipo de incidente.

Su familia se pasó más de un año buscándolo.

Averiguaron que lo tiene un Alpha de la zona y que sale a subasta mañana por la noche.

Elena se quedó callada.

—Isaac ha venido hasta aquí por eso —añadí. Luego hice una pausa—. Y resulta que ese collar también tiene que ver con que pueda cerrar o no los derechos de distribución de MK para la región de las Montañas Rocosas.

Me miró.

—Entonces es por las dos cosas.

—Por las dos cosas.

Después pasamos unas horas en el centro comercial. La cena se alargó. Cuando Elena por fin dijo que quería irse a casa, la detuve.

—Quédate en mi casa unos días.

Levantó una ceja.

—¿Tan hecha polvo te dejó Ronan que ahora has proyectado tus sentimientos en mí?

—Algo así.

Se echó a reír. Luego se inclinó hacia delante y bajó la voz, con una mirada seductora exagerada.

—Así que por fin te has dado cuenta de que soy el amor de tu vida.

—Por favor, para.

Se rio aún más fuerte. Yo también.

Volvimos a mi apartamento. Elena entró en el aparcamiento mientras yo me bajaba primero.

Fui hacia la entrada del edificio.

Fue entonces cuando lo vi.

Estaba al otro lado de la calle, bajo la farola, alto e inmóvil. Allí plantado, como si esperara algo.

Kai.

Crucé y me detuve a unos dos metros de él.

—¿Qué haces aquí? —pregunté.

Mantuve la distancia a propósito. La noche anterior él había mostrado una preocupación que no encajaba del todo con la amistad. No estaba lista para acortar esa distancia.

—He venido a cambiarte el vendaje —dijo.

—Ya me lo han cambiado en la clínica.

Lo miré.

—Vete a casa.

No se movió. Solo me miró.

Aquel silencio me provocó algo raro en el pecho. Un pequeño tirón de culpa que no me sabía explicar.

Dio un paso adelante.

Me rodeó con el brazo y me atrajo hacia él antes de que pudiera reaccionar.

Se me estrelló la cara contra su pecho. Olía a hierbas y, por debajo, a algo más frío, como a pino en invierno.

El corazón me golpeó las costillas. Chloe se agitó en alguna parte muy profunda, un movimiento brusco, y luego volvió a quedarse en silencio.

Una moto pasó a toda velocidad junto a nosotros, con el motor rugiendo, y el motorista nos gritó algo al adelantarnos.

Me quedé inmóvil un segundo.

Entonces lo entendí.

Estaba demasiado cerca del bordillo. Me había tirado hacia atrás.

Lo aparté y di un paso atrás. Me ardía la cara. Cuando levanté la vista, había algo en sus ojos que bien podía ser diversión. Aparté la mirada.

Los pasos de Elena se acercaron a mi espalda.

Se detuvo al ver a Kai.

Lo miró. Luego me miró a mí.

—¿Y este quién es?

—Kai —dije—. Un amigo.

Le sostuvo la mirada un momento y después se inclinó hacia mi oído.

—¿Es tu nuevo chico?

—Llevo divorciada menos de dos semanas.

—Ronan ya se paseaba con Vivian por todas partes antes de que tú presentaras los papeles —dijo—. Tienes derecho a tener amigos.

No supe qué responder a eso.

Antes de subir, Elena me llevó aparte.

—Si quieres subirlo —dijo en voz baja—, mándame un mensaje antes. Cogeré un taxi. Tengo mi llave.

Y desapareció.

Me volví hacia Kai.

—¿Por qué haces esto? —pregunté—. Portarte tan bien conmigo.

Lo miré directamente a los ojos.

—Acabo de salir de algo que terminó muy mal. No me interesa nada ambiguo.

Esta vez no se quedó callado.

—Ya sabes por qué —dijo.

Me quedé mirándolo.

—Hace poco rechacé a un Alpha —dije—. Mi loba está dormida. Puede que para siempre. Y tú eres humano.

Mantuve un tono neutro.

—También le hice daño a la persona que más le importaba a mi exmarido. ¿Eso no te preocupa? ¿Que puedas acabar igual?

Me observó un momento.

—No eres de las que hacen daño sin motivo —dijo—. Y si alguna vez le hiciste daño a alguien… seguramente se lo había buscado.

Me quedé inmóvil.

Lo había oído hablar con calma. Lo había oído hablar con educación. Pero nunca lo había oído hablar así de nadie: con ese tono tan plano, tan seguro, sin una sola concesión.

Algo se movió en mi pecho. No supe cómo llamarlo.

—No me conoces —dije—. Solo nos hemos visto unas pocas veces. No tienes por qué estar tan seguro de mí.

Me sostuvo la mirada, firme.

—Te conozco.

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