Luna renace (Libro 1) CAPÍTULO Veintiuno
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CAPÍTULO Veintiuno

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(Punto de vista de Aria)

La voz del abuelo cortó el ruido antes de que nadie más pudiera hablar.

—Construí Ravenshade con mis propias manos —dijo—. Si se derrumba por algo que decidí yo, que así sea. Es mi decisión y cargaré con ella.

Agnes lo miró fijamente, como si acabara de decir una obscenidad.

—Ese es exactamente el problema —replicó—. La has consentido tanto que ya no sabe lo que son las normas. Hace lo que le da la gana y tú te limitas a sonreír y a dejarla.

Mantuve la voz neutra.

—Ravenshade no necesita a Stormcrest para sobrevivir. Podemos valernos por nosotros mismos.

Agnes soltó una risa corta y afilada.

—Bonitas palabras. Primero enséñame resultados. Porque ahora mismo, lo único que le has demostrado a esta familia es cómo hacer saltar un matrimonio por los aires.

Hizo una pausa y añadió:

—Quizá sea el momento de pasarle a Derek el puesto de desarrollo territorial. Al menos él sabe sacar las cosas adelante.

La miré.

—¿Y qué ha hecho Derek exactamente para quedarse con mi puesto?

Agnes sonrió como si hubiera estado esperando esa pregunta.

—Ha arreglado uno de tus acuerdos fracasados —dijo—. La segunda fase de cooperación con la manada Stone, ¿te suena? Ya nos han dicho que no van a renovar contigo. ¿Se te olvidó mencionarlo?

Dejó que las palabras calaran un segundo.

—Si Derek no hubiera detectado el problema a tiempo y no hubiera ido él mismo a la manada Stone, ahora estaríamos ante una pérdida enorme. ¿Quieres hablar de resultados? Ese es un resultado.

Miré a Victor.

Algo le cruzó el rostro, solo un instante. Un destello de irritación.

Probablemente pensaba guardarse eso para la reunión de ancianos de mañana. Soltarlo delante de todos y verme tropezar. Agnes se le había adelantado.

Pero no parecía demasiado molesto. Ahora mismo teníamos público. Con eso le bastaba.

Los ancianos y los primos empezaron a hablar todos a la vez.

—Se metió en un proyecto que le venía demasiado grande...

—Pasó un año como Luna de Stormcrest y volvió con las manos vacías...

—Poner a una mujer al frente del desarrollo territorial siempre iba a ser un problema...

—Que se hagan cargo Victor y Derek. Al menos ellos se lo toman en serio...

Los dejé hablar. Mantuve una sonrisa pequeña y tranquila y esperé.

Entonces dije:

—¿La segunda fase con la manada Stone? Renuncié a ella a propósito.

La habitación se quedó en silencio.

La expresión de Victor se ensombreció.

—Renunciaste a propósito. Tratas los negocios de la manada como si fueran un juego.

—Marcus juega a dos bandas —dije—. De todas formas, no pensaba mantenerlo a largo plazo.

Dejé que eso calara y continué.

—Renuncié a la manada Stone porque ya tenía cerrado un acuerdo con la manada Greyveil.

Silencio.

Y entonces estalló el revuelo.

El rostro de Victor se quedó rígido. La sonrisa de Agnes se congeló en su sitio.

Agnes fue la primera en recomponerse.

—Eso es mentira. Derek ya intentó conseguir una reunión con Greyveil. No le abrieron ni la puerta. ¿Y tú me dices que entraste donde él no pudo?

—Greyveil y la manada Stone no están ni en la misma liga —añadió otro—. Tal y como está Ravenshade ahora mismo, conseguir un acuerdo con Greyveil es prácticamente imposible.

Me estiré y cogí el móvil del abuelo de la mesilla.

—¿Me lo prestas un momento?

Asintió.

Entré en la nube, busqué la carpeta donde había guardado la copia del contrato y la abrí. Levanté la pantalla para que la vieran todos.

El bando de Victor palideció.

Los que no se habían posicionado se inclinaron hacia delante. Se lo veía en la cara: el cálculo rápido. Si Ravenshade gana dinero, todos se llevan su parte. El bochorno de Derek no es su problema.

—El contrato está cerrado —dije—. Solo falta la firma del tío Victor. Pensaba presentárselo oficialmente mañana.

Bajé el móvil y miré directamente a Victor y a Agnes.

—Lo que quiero saber es por qué Derek actuó a mis espaldas y metió mano en un proyecto del que yo soy responsable sin decirme ni una palabra.

Mantuve la voz serena.

—Y quiero saber si ya ha firmado algo con la manada Stone. Porque si lo ha hecho, eso es un incumplimiento de contrato. La penalización sale de su bolsillo, no del de la manada.

Agnes abrió la boca. La cerró.

Victor puso cara de haber mordido un limón.

Ravenshade solo tenía recursos para sacar adelante una gran cooperación a la vez. Manada Stone o manada Greyveil: cualquiera de los presentes sabía sumar.

Agnes atrajo a Victor hacia sí y empezó a hablar en voz baja y muy rápido.

—La penalización no es ninguna tonería. Ahora mismo no podemos reunir ese dinero. Quizá lo mejor sea seguir con la manada Stone y retrasar un poco lo de Greyveil...

—¿Lo dices en serio? —la cortó uno de los ancianos—. ¿Tenemos un contrato con Greyveil en la mano y quieres conformarte con la manada Stone?

—Ravenshade no es el fondo personal de tu familia —dijo otro—. Nos estás pidiendo a todos que asumamos una pérdida para que Derek salga del lío que él mismo se ha buscado.

Otra voz, más fría:

—Si «ahora mismo no podéis reunir ese dinero», significa que podéis reunir una parte. Derek cometió el error. Derek lo paga.

Me quedé al margen y los vi pelearse entre ellos.

Esta era la gente que decía «manada» y «linaje» como si las palabras significaran algo. En cuanto hubo dinero de verdad sobre la mesa, se lanzaron unos contra otros sin pestañear.

Dejé que se les agotara el fuelle.

Entonces dije:

—Si ninguno de vosotros confía en mí y pensáis que Ravenshade ya está acabada, os compro las acciones. A precio de mercado. Todas.

Aquello hizo callar a toda la sala de golpe.

Nadie respondió. Se miraron entre ellos, me miraron a mí, miraron al suelo.

Vender acciones no era algo que se decidiera en una habitación de hospital. Eso había que pensarlo.

Recorrí con la mirada aquel silencio.

—Si no hay nada más, deberíais marcharos todos. El abuelo necesita descansar.

Fueron saliendo uno a uno. Algunos murmuraban entre ellos de camino a la puerta. Nadie me dijo nada directamente.

Cuando el último se marchó, dejé caer los hombros.

El abuelo me observaba. Tenía en los ojos una dulzura que me encogió un poco el pecho.

No dijo mucho. Solo:

—Ven a buscarme cuando todo te supere.

Le sonreí.

—Estoy bien. No te preocupes.

Lo decía en serio. Más o menos.

No me quedé mucho más. Tenía otra cosa de la que ocuparme.

Ya en el pasillo, paré a una enfermera y le pedí prestado el móvil un minuto.

El mío seguía en manos de Kai.

Marqué mi número.

(Punto de vista del autor)

Connor empujó la puerta del despacho con tanta fuerza que se abrió de par en par.

—Ya sé de dónde salió —dijo—. Esa publicación contra Aria fue cosa de Vivian. La mujer de Ronan. Lo montó todo ella.

Se dejó caer en la silla frente a Thane.

—Tú da la orden y voy a por ella ahora mismo.

Thane estaba sentado en el sofá. No se movió.

—No —dijo—. Hazle llegar las pruebas a Aria. Deja que lo resuelva ella misma.

Connor frunció el ceño.

—¿Por qué? Sería más rápido si simplemente…

—Esto no es el Territorio Renegado —dijo Thane—. Aquí te llevas a alguien por delante y la cosa no acaba bien. Déjalo.

Connor se recostó y luego volvió a inclinarse hacia delante con una sonrisa que se le ensanchaba por la cara.

—Vale, otro tema. —Bajó la voz hasta un tono casi de burla—. Esa noche que estuvisteis los dos solos… ¿De verdad Logan logró contenerse? Porque, sinceramente, tal como yo lo veo, ya deberías haberla marcado. Te habrías ahorrado un montón de vueltas.

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