17
—Justo aquí, debajo de la Academia, hay un pasadizo que lleva hasta la ciudad —dije satisfecho.
Luna me miró, petrificada.
—Eso parece, pero podría estar en los planos y no haber sido construido nunca. A veces, la gente planifica cosas, pero después se les termina el dinero y no las hacen…
—Nah. Presiento que está ahí. Tu sueño nos trajo hasta aquí, recuérdalo.
—Ya, pero si existiera, tu padre lo sabría y lo habría usado para salir de la Academia. No habría sido necesario permanecer encerrados en plena nevada. Y, además, si Markus lo supiera… nos habría hablado antes de él, ¿no crees?
—Sí… igual que nos habló de los Archivos Prohibidos… y del diario de Altea Parker… y de que existía una habitación escondida detrás de la cocina.
Luna soltó un gruñido.
Yo tenía razón, y ella lo sabía.
Se cruzó de brazos y volvió a mirar el plano.
—Vale. Supongamos que el túnel existe. Eso no significa que siga abierto. Puede haberse derrumbado hace décadas.
—O puede llevar cien años esperando a que dos estudiantes increíblemente inteligentes lo encuentren —repliqué.
—Querrás decir una alumna increíblemente inteligente y otro increíblemente presumido.
—No sé a quién te refieres —respondí, y me atusé el pelo adrede—. Es más: si este túnel existe realmente, podría explicar por dónde desaparecieron nuestros compañeros. ¿Y si se marcharon por aquí, Luna?
Luna negó con la cabeza, aunque ya no parecía tan convencida de que aquello fuera una mala idea. Sus rizos, cada día más rebeldes, rebotaron en su espalda como espirales con vida propia.
Deslicé el dedo por la línea discontinua del plano.
—Solo hay una forma de comprobarlo… —murmuré.
—Supongo que podríamos ir a echar un vistazo —dijo Luna—. Aún falta un buen rato para la cena…
Luna entrecerró los ojos con aire malicioso.
—Y, ¿sabes qué? Tengo un plan.
Se me escapó una carcajada.
—¿De qué te ríes, Zanahoria con patas?
—Tiemblo con tus planes.
Puso los ojos en blanco.
—Lo dices como si tus planes fueran siempre lógicos y normales —replicó, poniendo los brazos en jarra—. ¿O te has olvidado de cuando se te ocurrió perseguir a Superbigotes con una bici, montado en el manillar?
—Pero funcionó, ¿no?
—Venga. A ver ese plan magistral.
—No tendrás unas botas de nieve por ahí, ¿verdad?
La miré, tratando de adivinar qué tramaba.
—Puede ser que tenga algo…
—¿Y no tendrás un par extra para prestarme…?
Sonreí.
Empezaba a entender qué pretendía, y en el fondo, me gustaba la idea.