Luna de sangre Capítulo 42
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Capítulo 42

Tuve la conciencia clara de en qué me había convertido por ella.

Artículo II, Cartas perdidas de Aadan Primero

Nos quedamos en silencio, con el coche todavía detenido a un lado de la carretera. Traté de organizar mis pensamientos, pegada contra la puerta del coche, pero dudando. ¿Cómo era posible aquello?

Julian me devolvió el teléfono y me quedé mirando la pantalla. Agarré la manilla de la puerta. La solté. ¿A dónde iba a ir? Se quedó mirando por el parabrisas. A lo lejos, las nubes envolvían la luna roja.

—¿Quieres hacerme alguna pregunta?

Me mordí el labio inferior y apreté el teléfono en la mano. Lo que tenía eran demasiadas preguntas.

—No sé ni por dónde empezar. Esto es… Esto se pasa de increíble. ¿Cómo puedes ser las dos cosas?

Traté de respirar con más calma. Julian arrancó el coche y condujo unos cuantos metros antes de hablar.

—Hace siglos que esto le pasa a los de mi especie. Es más tenebroso que el cuento de hadas que se ha inventado la gente. Más tenebroso que lo que cuentan esos libros sobre Timber Plains.

»Hace muchas eras, llegaron los primeros vampiros, los llamados élites.

Todo empezó en Europa. Cuando los europeos huyeron a nuevas regiones, los vampiros los siguieron.

Fueran a donde fueran, llevaban enfermedades, que se contagiaban a través de la sangre de las víctimas que conseguían escapar.

Los humanos empezaron a morir en gran número. La gripe, la peste, los vampiros.

»Los élites arrasaron ciudades enteras por todo el mundo hasta que, un día, los cielos se abrieron y Aadan descendió. Cuando llegó al mundo, nació una nueva mutación. Los licántropos. Y, cuando Aadan se convirtió en lobo por primera vez, se dividió en dos.

»Aadan Primero y Aadan Segundo fueron los originales.

»Se dijo que los originales crearon un escudo protector en torno a la humanidad.

Eran lo único que podía acabar con un vampiro.

La manada creció y creció, y con el tiempo los lobos se extendieron por todo el mundo, al principio como una mutación en ciertos mortales, hasta que al final se aparearon para multiplicarse.

»A la manada original le llegó la noticia de que los élites habían viajado a Norteamérica para instalarse en el Medio Oeste. Aadan Primero y Aadan Segundo se desplazaron allí, al igual que muchos otros.

»Buscaron a los élites durante años, pero no los encontraron.

Eso causó división. Al final, Aadan Segundo sintió que era más fuerte, más ágil.

Siempre era un guerrero dispuesto para la batalla, mientras que Aadan Primero estaba cada vez más cansado.

La caza constante, las luchas y las matanzas, no le parecían una vida plena.

Y por eso, Aadan Segundo quiso ser el alfa… , pero solo podía haber un alfa.

»El primer Aadan trató de razonar con el segundo, pero, cuando eso falló, estalló la guerra.

Los lobos se enfrentaron entre ellos, lucharon a muerte.

El segundo Aadan destruyó ciudades enteras en su ira, mató a los humanos y a los lobos que seguían a Aadan Primero, hasta que por fin dio con la aldea oculta de los vampiros y acabó con ella.

»Entonces, una noche como esta, durante la luna de sangre, una vampira hizo un pacto con Aadan Primero en medio de la guerra. Si se unían, serían más fuertes que Aadan Segundo y podrían defender su territorio. Así nacieron los licanos de sangre, mi pueblo.

—¿Por qué no me lo contaste? —pregunté. No le di ocasión a responder, porque aquella era la historia que Rena me contaba—. Pero el lobo y la vampira no solo hicieron un pacto. Se enamoraron, ¿verdad?

—¿Quién te ha dicho eso? —Tenía la voz quebrada.

—Mi madre —dije. Julian me miró con los ojos entrecerrados, pero seguí hablando—. ¿Y cómo…, o sea, cómo se pudieron emparejar? Eran diferentes. ¿El pacto lo solucionó todo de verdad?

Clavó la vista en la carretera.

—Tuvo lugar una evolución. Lo que nosotros llamamos «compañeros predestinados».

Y no, no lo solucionó todo. —Me vio la cara de confusión y se explicó mejor—.

Es como una impronta, algo muy habitual en la naturaleza.

Los pájaros y otros animales nacen con la habilidad de la impronta, un mecanismo para fijarse a su madre, y más tarde determina con quién se emparejarán.

»En el mundo paranormal es un poco diferente.

Se trata de un proceso involuntario por el que los lobos y los licanos de sangre encuentran a su otra mitad.

Al principio tenía el objetivo de construir una comunidad más fuerte y cohesionada, con descendencia más adaptada.

Para los lobos, surge tras el primer encuentro con su futura pareja.

Para los licanos de sangre, llega en forma de sueños y visiones.

Pero tienen que probar mutuamente su sangre para saberlo de verdad.

Aquella nueva información me provocó una avalancha de preguntas. Lo primero que quería saber era si Julian había encontrado ya a su compañera predestinada, qué les pasó a los vampiros, si los lobos se rendían alguna vez.

—¿Tú ya tienes pareja? —pregunté.

—No —dijo a toda prisa, y pareció entristecido.

—Has dicho que el pacto no lo solucionó todo. ¿Por qué?

—Solo sirvió para enfurecer todavía más a Aadan Segundo.

Nuestras manadas están enfrentadas desde entonces.

Las guerras han durado años. Venimos de la misma sangre, pero eso a los purasangres no les importa.

Quieren que nos rindamos, quieren demostrar su poder, terminar lo que empezó Aadan Segundo.

Por lo que sea, en la nueva evolución nunca han tenido su propio alfa.

Eso sigue perteneciendo a la estirpe de Aadan Primero, y ser un alfa conlleva un poder del que ellos carecen. Un poder que desean.

—¿Y qué pasa con Seven? ¿También es un licántropo? ¿O un vampiro? ¿O una mezcla? ¿Y cómo…?

El coche se detuvo. Afuera, en fila en la calle, había un grupo de gente. Tenía cosas en común, todos eran altos y musculosos, pero de diferente género y varios tonos de piel. Busqué a Seven entre ellos y no lo vi.

Todos tenían los brazos extendidos y una expresión de rabia en el rostro, listos para el enfrentamiento.

—Son los purasangres. ¡Vienen a por ti! —rugió Julian. Me agarré a su camisa—. Si cruzamos la frontera del estado no podrán darte caza. Sería violar el tratado.

Dio marcha atrás. No me había dado cuenta de lo cerca que estábamos de la frontera estatal de Kansas.

Pisó el acelerador.

—¡Julian! ¡Los vas a matar!

—Te aseguro que no. Por la mañana estarán bien.

Pero, en ese momento, unos focos brillantes se encendieron apuntado hacia el costado de Julian. Era una trampa. Otro coche embistió contra el jeep a toda velocidad, y nuestro vehículo volcó y se salió de la carretera.