Luna de sangre Capítulo 25 #3
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Capítulo 25 #3

—Luego te veo —murmuró. Y en cuanto Julian quedó detrás de ella, movió los labios para formar unas palabras en silencio—: un puñetero triángulo amoroso .

Resoplé sin querer y esbocé una sonrisa. «Puñetera Naomi».

La boca de Julian dibujaba una extraña sonrisa, como si se hubiese enterado de todo y contuviese una carcajada. Tragó saliva y carraspeó.

—Y ahora, ¿a dónde vamos?

—Al comedor. He quedado a comer con mi compañera de cuarto.

—¿Cómo se llama?

—Stevie.

—Ah, cierto. La recuerdo de la fiesta.

Un recuerdo acudió a mí. Una imagen borrosa de Julian que me llevaba a mi cuarto y me metía en la cama. Una disculpa susurrada.

—Por cierto, gracias por asegurarte de que llegase bien a casa. Debí haber bebido más agua aquella noche.

—Me pareció que te lo habías pasado muy bien —contestó—. Y me gustaría pensar que tal vez algún día me concederás el beneficio de la duda.

—Tal vez —murmuré. Sabía que me iba a ser muy difícil prometerle nada a Julian.

Una vez en el exterior, paseamos por una larga acera que serpenteaba por el campus. Miré a Julian con atención y le pregunté a qué se refería al afirmar que sus huesos eran distintos.

Rio entre dientes.

—Es difícil de explicar, pero te aseguro que lo son.

Apreté los labios. Me detuve. Seguí caminando. Me cambié el bolso de lado.

—Yo…

—Te lo aseguro —repitió—. Lo son.

Me rasqué la cabeza sin dejar de caminar.

—De acuerdo… Está bien. El otro día, en el bosque, ¿me seguías?

—No —respondió, pero de inmediato noté algo diferente en él. Los músculos que la camiseta ocultaba se habían tensado, y apretaba los puños. Luego siguió con tono ácido—: Iba detrás de otra cosa.

Entrecerré los ojos para protegerlos del sol y seguí la mirada de Julian para descubrir a qué venía aquella reacción repentina. Seven, con una sonrisa deslumbrante, venía hacia nosotros.

Nada más saludarlo ya me estaba levantando en el aire con un cálido abrazo.

—¡Mira! Demonios, ¿cómo estás? —Tomó aliento—. ¿Estás bien? —susurró; supuse que lo preguntaba por Julian y su obvia incomodidad. Caí entonces en que Julian y Seven no eran amigos, y me pregunté qué diría Julian al respecto.

—Estoy bien —dije, y lo solté.

Me tocó el brazo y no retiró la mano.

—Deberíamos quedar algún día. Hace mucho que no nos vemos.

—Estaría bien, sí. Deberíamos —coincidí con él. Cuando apartó la mano, miré a Julian de soslayo. Tenía los dientes apretados y un gesto colérico.

—Tengo clase ahora mismo, pero te mandaré un mensaje —prometió Seven, y el comentario hizo que lo volviese a mirar. Al marcharse, chocó el hombro con el de Julian con una sonrisa burlona, una expresión que no le había visto hasta entonces.

Julian no se movió, solo le dijo algo mirando de medio lado, con voz grave.

—Vigila por dónde vas.

Seven se detuvo y, al volverse, puso las manos delante de él y agitó los dedos, como si esperase algo.

—¿O qué? —lo provocó, con una sonrisa que expresaba la más absoluta seguridad en sí mismo.

Julian se encaró a él.

—Vamos —dijo con los dientes apretados—. ¿Seguro que quieres seguir con esto?

—Ponme a prueba. Lo estoy deseando.

—¡Eh, eh! —Me interpuse entre ambos—. ¿En serio? —le dije a Seven, pero no me miró. Estaba demasiado concentrado en Julian, a la espera de su reacción.

Con suavidad, Julian extendió el brazo para hacerme a un lado… Y ese movimiento hizo saltar a Seven. De pronto, ambos estaban cara a cara, siseando, y Seven le clavaba la mirada a Julian.

—No la toques —gruñó.

Julian, con una mueca burlona, alzó la barbilla hacia él.

—Demasiado tarde.

Jadeé, boquiabierta, ante la vulgaridad de la situación. Ninguno de los dos se dio cuenta; estaban demasiado concentrados el uno en el otro. Como una niña, le di una patada al suelo y solté un gemido enfadado. Tuve que tirar de fuerza de voluntad para no empujarlos a ambos al césped.

Seven fue el primero en actuar. Los ojos, incluso bajo aquel sol cegador, parecieron oscurecerse. Menos de un segundo después, lanzó un puñetazo al pecho de Julian. Pero el golpe casi ni lo hizo trastabillar. Recuperó la posición como empujado por un resorte, con una mueca sarcástica en los labios.

Los estudiantes formaron un círculo alrededor, mientras intercambiaban susurros.

Algunos sacaron los móviles, otros se limitaban a mirar con los ojos muy abiertos.

Estaba a punto de gritarles algo cuando, de repente, un chico a quien yo había visto en el equipo de fútbol americano cogió a Seven por la camiseta con el logo de la universidad y tiró de él.

Seven no cedió, pero otro jugador intervino y lograron apartarlo.

—Estamos en una zona neutral —señaló uno de los jugadores.

—Ya seguiremos en otro sitio —añadió el segundo.

Seven se sacudió las manos de encima, se ajustó la camiseta y escupió en dirección a Julian.

—La próxima vez acabaré contigo. —Al marchase, se abrió camino a empujones entre sus amigos.

Julian estiró la mano para tocarme, y yo me aparté.

—Pero ¿qué leches os pasa?

—Mira, lo sien…

Lo dejé con la palabra en la boca y me fui, frustrada por aquel recordatorio de que Julian era tan horrible como decía, y dolida al comprender que Seven tampoco era tan dulce y amable como yo me había imaginado.