Luna de sangre CAPÍTULO 40
80%

CAPÍTULO 40

La Recuperación

Nathan llegó al claro media hora después, alertado por Derek, que había sentido el combate a través del vínculo de la manada.

El médico examinó a Grant con una seriedad que ocultaba el miedo, cosiendo las heridas más profundas con hilo quirúrgico y aplicando hierbas que aceleraban la regeneración licántropa.

Claire lo observaba todo desde un rincón, con las manos en el vientre y el corazón en un puño.

—Nathan, ¿estará bien?

—Lo estará, Claire. Las heridas son graves pero no mortales. Un humano habría muerto, pero Grant es un alfa de pura sangre. Su cuerpo se regenerará en una semana. Lo importante ahora es que descanse y que no se mueva.

Claire asintió. Nathan y Derek trasladaron a Grant a la cabaña del bosque, donde lo acostaron en la cama con cuidado.

Victoria llegó al amanecer, y cuando vio a su hijo herido, Claire vio por primera vez una grieta en la armadura de la matriarca.

Victoria se sentó junto a la cama, le cogió la mano a Grant y cerró los ojos, murmurando palabras en un idioma que Claire no reconocía.

Una plegaria antigua, quizás. O un conjuro.

Fuera lo que fuera, Claire sintió que algo cambiaba en el ambiente, como si la energía de la habitación se concentrara en el cuerpo de Grant y lo ayudara a sanar.

—Tu madre lo quiere —le dijo Claire a Nathan, en voz baja, desde la puerta.

—Mi abuela no sabe querer como los humanos entienden el amor, Claire.

Pero quiere a su hijo a su manera. Y ahora, con Vincent muerto y Sophia exiliada, la manada está unida bajo Grant como no lo estaba desde hace años.

Tu hijo nacerá en una manada fuerte, Claire.

Eso es lo que Victoria quería. Y lo ha conseguido.

Claire se quedó junto a Grant durante los tres días que tardó en recuperar la conciencia.

Dormía en una silla junto a la cama, comía lo que Nathan le traía, y hablaba con el vínculo, enviándole pensamientos de amor y de fuerza que esperaba que llegaran a algún rincón de su mente herida.

Y cuando Grant abrió los ojos al cuarto día, con una sonrisa débil que le iluminó la cara, Claire supo que todo había valido la pena.

—Claire. ¿El bebé?

—Está bien. Se mueve. Nathan dice que es fuerte como su padre.

—Y tú. ¿Estás bien?

—Estoy bien, Grant. Estoy aquí. Y no me voy a ningún sitio.

Mientras Grant se recuperaba de las heridas, Claire tuvo que asumir responsabilidades que nunca había imaginado.

Como compañera del alfa, y con el alfa herido, era ella quien debía mantener la cohesión de la manada, presidir las reuniones, tomar decisiones.

Victoria la guiaba, sí, pero la matriarca le dijo claramente que el liderazgo debía venir de Claire, no de ella.

—Claire, la manada necesita verte fuerte. Si te ven dudando, si te ven dependiente de mí, perderán el respeto. Tienes que ser la compañera del alfa, no la niña asustada que llegó hace meses. Grant confía en ti. Yo confío en ti. Ahora, demuéstrales que pueden confiar en ti también.

Claire aceptó el reto con una determinación que la sorprendió.

Presidió su primera reunión de manada tres días después de la batalla, con Grant todavía en cama y Victoria a su lado como consejera.

Los lobos la miraban con una mezcla de curiosidad y de escepticismo, pero Claire no se dejó intimidar.

Habló con claridad, escuchó con atención, decidió con firmeza.

Y al final de la reunión, cuando los lobos se dispersaron, Derek se acercó a ella con una sonrisa que Claire no le había visto antes.

—Claire, has hecho un buen trabajo. La manada te respeta. Y Grant estaría orgulloso.

—¿De verdad? ¿No he sido demasiado blanda?

—Has sido justa. Y la justicia es lo que la manada necesita ahora. No fuerza, no miedo. Justicia. Grant lo entendió cuando te eligió. Y nosotros lo entendemos ahora.

Claire sintió una calidez en el pecho que no tenía nada que ver con el vínculo.

Era orgullo. Orgullo de sí misma, de lo que había logrado, de la mujer en la que se estaba convirtiendo.

La Claire que había bajado de aquel autobús hacía meses habría sido incapaz de presidir una reunión de lobos.

La Claire de ahora lo hacía con naturalidad.

Y la diferencia no era solo el vínculo, ni la transformación.

Era ella. Su crecimiento, su fuerza, su voluntad.

El vínculo le había dado las herramientas. Pero el coraje de usarlas era suyo.

La recuperación de Grant fue un proceso que Claire vivió con una intensidad que la sorprendió.

Cada día, le limpiaba las heridas, le cambiaba los vendajes, le preparaba comidas que él apenas tocaba.

Cada noche, se dormía a su lado, con la mano en su pecho para sentir su corazón latir, como si necesitara esa confirmación constante de que seguía vivo.

—Claire, no necesitas vigilarme. Estoy bien. Sanaré.

—Lo sé. Pero necesito sentirte. Necesito saber que estás ahí. Que no te has ido.

Grant le cogió la mano y se la besó. A través del vínculo, Claire sintió lo que él sentía: gratitud, amor, una ternura que le partía el alma. Y también miedo. Miedo de haberla perdido, miedo de lo cerca que había estado, miedo de que la próxima vez no tuviera tanta suerte.

—Claire, cuando Vincent atacó, durante un momento pensé que era el final.

Que no iba a volver a verte. Y en ese momento, lo único que sentí fue arrepentimiento.

No de haberte elegido, no de haber iniciado el vínculo.

Sino de no haberte dicho lo suficiente cuánto te amo.

De no haberte demostrado cada día lo que significas para mí. De no haberte dado todo lo que mereces.

—Grant, me lo has dado todo. Me has dado un mundo que no conocía, una familia que no esperaba, un hijo que no imaginaba. Me has dado a ti mismo. ¿Qué más puedo pedir?

—Tiempo, Claire. Quiero darte tiempo. Quiero envejecer contigo, ver crecer a nuestros hijos, correr contigo bajo cada luna llena hasta que no podamos correr más. Quiero darte una vida entera, Claire. Y voy a luchar por ella. Cada día. Cada hora. Cada segundo.

Claire lo besó. Un beso suave, lleno de promesas y de amor.

Y supo que, a pesar de las heridas, a pesar del dolor, a pesar de todo, Grant estaba diciendo la verdad.

Iba a luchar por ella. Y ella iba a luchar por él.

Juntos, iban a construir la vida que se merecían.

Y nadie, ni Vincent, ni Sophia, ni el destino mismo, iba a impedirlo.

Grant le cogió la mano y se la llevó a los labios.

Un beso suave, lleno de gratitud y de amor.

Y Claire, con el hijo de ambos creciendo en su vientre y la presencia de Grant latiendo en el vínculo, supo que había tomado la decisión correcta.

Que, a pesar de todo, a pesar de las muertes y las mentiras y los secretos, su lugar estaba junto a Grant Thorne.

Y que ningún ejército de lobos exiliados la arrancaría de su lado.