Luna de sangre CAPÍTULO 20
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CAPÍTULO 20

La Bestia Despierta

Ethan apretó más fuerte, y Claire sintió que la conciencia se le escapaba. Pero justo cuando estaba a punto de perderse, algo explotó en su interior. Una oleada de energía que le recorrió cada célula del cuerpo, que le incendió la sangre, que le dio una fuerza que no sabía que tenía.

Sus ojos se abrieron de golpe. Y Claire supo, sin necesidad de un espejo, que ya no eran verdes. Eran dorados.

Agarró la mano de Ethan con las suyas y apretó.

La sorpresa del licántropo fue mayúscula cuando sintió los dedos de la humana clavarse en su piel con una presión que no debería haber sido posible.

Claire tiró de la mano con todas sus fuerzas, y Ethan, desconcertado, aflojó la presa lo suficiente para que ella pudiera respirar.

Claire inhaló aire como si fuera la primera vez. Y, con un grito que no sonó humano, le dio a Ethan una patada en el pecho que lo lanzó hacia atrás, atravesando la puerta de la cabaña y estrellándolo contra el porche.

Ethan se levantó del suelo con la camisa rasgada y la mirada incrédula.

—¿Qué… qué eres?

Claire no respondió. No podía. La rabia la dominaba, y con ella una sed de violencia que no reconocía como propia.

Su cuerpo se sentía diferente: más ligero, más fuerte, más vivo.

Podía oler a Ethan, oler su miedo, oír los latidos de su corazón acelerados.

Y cada sentido le gritaba que lo destruyera.

—Eres tú —susurró Ethan, retrocediendo—. El puente. La maldita puente.

Claire dio un paso adelante. Y otro. Y otro. Sus movimientos eran fluidos, felinos, como si hubiera nacido para cazar. Ethan retrocedió hasta topar con la barandilla del porche, con los ojos rojos fijos en ella.

—No te atrevas a matarme, humana. Soy sangre Thorne. Si me matas, la manada te ejecutará.

—¿Y si te dejo vivo? ¿Qué me garantiza que no volverás a por mí?

—Nada. Pero si me matas, mi hermano perderá a su beta y a media manada. Y sin apoyo, no podrá ser alfa mucho tiempo.

Claire se detuvo. La rabia seguía ardiendo en su interior, pero la razón empezaba a abrirse paso. Ethan tenía razón. Matarlo no resolvería nada. Solo daría a sus partidarios una excusa para rebelarse.

—Vete —dijo Claire, con una voz que sonó extraña en sus propios oídos, grave y áspera—. Vete y no vuelvas. Si te veo otra vez cerca de mí, te mato. Licántropo o no.

Ethan la miró durante un largo momento, con una mezcla de odio y de miedo que le arrugaba la cara. Luego, se dio la vuelta y desapareció en la oscuridad del bosque con la velocidad de una sombra.

Claire se desplomó en el porche, temblando. La energía que la había invadido se retiró como una marea, dejándola exhausta y vacía. ¿Qué había pasado? ¿De dónde había sacado esa fuerza? ¿Era el vínculo? ¿Era la transformación que Victoria le había anunciado?

Antes de que pudiera pensar en una respuesta, una forma oscura aterrizó en el porche frente a ella.

Grant, en forma de lobo, enorme, negro como la noche, con los ojos dorados fijos en ella.

La bestia la olfateó, le lamió la mano con una lengua áspera y caliente, y luego se transformó.

Huesos crujieron, músculos se reorganizaron, pelo se retiró, y en menos de cinco segundos, Grant estaba arrodillado frente a ella, desnudo y humano, con los ojos llenos de terror y de alivio.

—Claire. ¿Estás herida? ¿Qué ha pasado? Sentí tu miedo y luego… luego sentí algo que no había sentido nunca. Tu loba. Claire, tu loba ha despertado.

—Mi loba…

—Victoria tenía razón. Eres el puente. Tu transformación ha empezado sin necesidad de luna llena. El vínculo, combinado con el peligro, ha despertado tu parte licántropa.

Grant la abrazó con fuerza, hundiendo la cara en su cuello, y Claire sintió los temblores que le recorrían el cuerpo. No era ella la única asustada. Grant también lo estaba. La había casi perdido.

—Grant. Me atacó. Iba a matarme. Y entonces… algo despertó en mí. Algo que me dio fuerza para defenderme.

—Lo sé. Lo sentí a través del vínculo. Fue lo más aterrador que he experimentado en mi vida. Sentirte morir y no poder llegar a tiempo.

—Pero llegaste.

Después de que Ethan huyera, Claire se quedó en el porche de la cabaña de Martha, temblando de una mezcla de adrenalina y de conmoción que no le permitía moverse.

La energía que la había invadido durante el combate se había retirado como una marea, dejándola exhausta y vacía, como un recipiente que hubiera sido llenado y vaciado de golpe.

Su cuerpo le dolía en sitios que no sabía que tenía, y sus manos, que habían agarrado a Ethan con una fuerza sobrenatural, le temblaban incontrolablemente.

Grant la envolvió en una manta y la abrazó contra su pecho, meciéndola como a una niña.

Claire podía sentir su corazón latir acelerado contra su mejilla, y a través del vínculo, sentía lo que él sentía: un alivio tan intenso que bordeaba el dolor, una gratitud feroz, un amor que amenazaba con desbordarse.

Grant la había casi perdido. Y la idea de perderla lo había destrozado.

—Claire, ¿cómo te sientes? ¿Te duele algo?

—No. Solo… cansada. Muy cansada. ¿Qué me pasó, Grant? ¿De dónde saqué esa fuerza?

—Tu loba despertó, Claire. Antes de tiempo, antes de la luna llena. El peligro, el miedo, la necesidad de defenderte, todo contribuyó a acelerar el proceso. Tu loba estaba latente, esperando la luna llena paraemerger, pero Ethan la forzó a salir. Y lo hizo con una potencia que no había visto nunca.

—¿Es normal? ¿Que la loba despierte antes de tiempo?

—No. Es extremadamente raro. Solo ocurre en casos de compañeras transferidas con un vínculo especialmente fuerte.

Tu madre tenía algo que Grant llamaba «la vista», Claire.

La capacidad de percibir la verdadera naturaleza de las cosas.

Y creo que tú la has heredado. Tu loba no es como las demás.

Es más antigua, más poderosa, más conectada con el mundo espiritual. Es parte de lo que te hace el puente.

—¿El puente? ¿Qué es eso?

—Mi madre te lo explicará mejor que yo. Pero básicamente, eres el primer ser en doscientos años que puede unir los dos mundos, el humano y el licántropo.

Tu existencia es la prueba de que la coexistencia es posible.

Y tu hijo, si lo tienes, será la primera criatura nacida de esa unión.

Por eso Ethan te teme, Claire. No porque seas peligrosa en sí, sino porque lo que representas lo es.

El cambio. Y los lobos como Ethan odian el cambio más que a cualquier enemigo.

Después de que Grant se transformara y corriera al encuentro de Claire, la noche se llenó de aullidos.

La manada, que había sentido la batalla a través del vínculo, se puso en movimiento.

Derek llegó primero, en forma de lobo, y se apostó en el perímetro de la cabaña de Martha.

Nathan llegó después, en su coche médico, con un botiquín y una expresión de preocupación profesional.

Y Victoria, alertada por Grant, observaba desde Thorne Manor con una tensión que raramente mostraba.

Claire estaba en el porche, envuelta en una manta, con Grant a su lado en forma humana. Nathan la examinó con cuidado: le tomó el pulso, le miró los ojos, le palpó el cuello donde Ethan la había agarrado. Y al final, asintió con la cabeza.

—Claire, estás bien. Tu loba te protegió. Las marcas en el cuello sanarán en un par de horas. Pero hay algo que debes saber: tu loba despertó antes de tiempo, antes de la luna llena. Es algo que no había visto nunca. Y significa que eres más fuerte de lo que creíamos.

—¿Es por el vínculo?

—Es por ti, Claire. Por lo que eres. Por la sangre de la luna que llevas dentro.

Tu madre la tenía, y tú la has heredado.

Y ahora que el vínculo la ha activado, tu loba está lista para emerger.

Pero necesitamos controlarla, Claire. Una loba sin control es peligrosa. Para ti y para los que te rodean.

—¿Puede Grant enseñarme?

—Puede, y lo hará. Pero también te enseñaré yo, y Victoria, y Derek. Será un trabajo de equipo, Claire. Porque lo que está en juego no es solo tu seguridad. Es el futuro de la manada. Y el futuro de tu hijo, si lo tienes.

Claire lo miró con sorpresa. ¿Hijo? ¿Nathan sabía algo que ella no?

—Nathan, ¿a qué te refieres?

—Al vínculo, Claire. Al vínculo transferido. Cuando se consume, como ustedes lo han consumido, la compañera se transforma. Y con la transformación llega la fertilidad. Si sigues junto a Grant, es probable que quedes embarazada. Y si quedas embarazada, tu hijo será especial. Muy especial.

—Siempre llegaré, Claire. Siempre.