CAPÍTULO 17
Derek Hale
Claire condujo de vuelta a la cabaña de Martha con la mente embotada y el corazón dividido.
La presencia de Grant latía en el fondo de su conciencia como un segundo pulso, constante y reconfortante, pero también le recordaba lo que había hecho y lo que estaba por venir.
Necesitaba hablar con alguien que no fuera Grant, alguien que conociera el mundo de la manada pero que pudiera darle una perspectiva diferente.
Pensó en Jake, pero descartó la idea. Jake era humano y no entendería. Pensó en el sheriff Hudson, pero su perspectiva era la de un hombre asustado que llevaba siete años callando. Necesitaba a alguien de dentro. A alguien que pudiera contarle las cosas como eran, sin filtros ni agendas ocultas.
Y entonces recordó un nombre que había aparecido en el diario de su madre: Derek Hale. El beta de Grant. El lobo leal que, según Margaret, era el único miembro de la manada que la había tratado con respeto.
No sabía dónde encontrarlo, pero decidió intentarlo en Thorne Lumber Company.
Si Derek era el beta, era probable que trabajara allí.
Condujo hasta los almacenes y preguntó en recepción.
La rubia de la mirada huidiza la reconoció y, sin hacer preguntas, le indicó que Derek estaba en el patio de carga.
Claire lo encontró supervisando la estiba de unos troncos en un camión.
Era un hombre alto, de unos treinta y tres años, con el pelo rubio oscuro cortado corto, los ojos azules y una complexión atlética que no alcanzaba la masividad de Grant pero que transmitía fuerza y agilidad.
Llevaba una camiseta gris de manga corta que dejaba ver unos brazos tatuados y un pantalón de trabajo lleno de bolsillos.
—Derek Hale.
Él se volvió. Su mirada azul la recorrió de arriba abajo con una frialdad que le erizó el vello, pero no había hostilidad en ella. Solo evaluación.
—Claire Bennett. El alfa me dijo que vendrías.
—¿Grant te lo dijo?
—No con palabras. Lo sentí. El vínculo se ha iniciado. Lo notamos todos los de la manada.
Claire tragó saliva. ¿Todos lo sabían? ¿Sophia? ¿Ethan?
—¿Puedes hablar conmigo un momento? En privado.
Derek asintió y la condujo a un almacén vacío, donde se sentaron en unas cajas de madera. El olor a aserrín y a resina llenaba el aire, y la luz entraba a raudales por las ventanas altas.
—Sé lo que eres —dijo Claire—. Y sé lo que es Grant. Y sé lo del vínculo.
—Entonces sabes más que la mayoría de los humanos que han pisado este pueblo. ¿Qué quieres de mí?
—La verdad. No la versión de Grant, ni la de Sophia, ni la de Victoria. La tuya. ¿Qué soy para la manada, Derek? ¿Una amenaza? ¿Una compañera? ¿Un peón?
Derek la estudió durante un largo momento, como si decidiera si merecía su confianza. Finalmente, suspiró y se pasó la mano por el pelo.
—Para la mayoría de la manada, eres una anomalía. Una humana que no debería saber lo que sabe. Pero para Grant, eres su mundo. Siempre lo has sido, desde que naciste. Y eso te convierte en algo peligroso, Claire. No por lo que eres, sino por lo que representas.
—¿Qué represento?
—El cambio. Grant lleva años intentando modernizar la manada, abrirnos al mundo humano, dejar de vivir en el miedo.
Pero hay muchos que no quieren cambiar. Ethan, Sophia, los puristas.
Para ellos, el vínculo de Grant con una humana es la prueba de que ha perdido el control.
Y si pierde el control, pierde el derecho a ser alfa.
—¿Tú qué crees, Derek?
—Creo que Grant es el mejor alfa que hemos tenido en generaciones. Y creo que, si lo destruyen, la manada se hundirá en la barbarie. Ethan no tiene escrúpulos. Si llega a ser alfa, convertirá a los humanos en ganado, como en los viejos tiempos. Y nadie podrá detenerlo.
—Entonces estás de parte de Grant.
—Estoy de parte de la manada. Y la manada necesita a Grant. Por eso vine a hablar contigo, Claire. Necesito que entiendas lo que está en juego.
Derek se inclinó hacia delante, con los codos en las rodillas y la mirada fija en ella.
—Si consumas el vínculo, te transformarás en una licántropa.
Y como compañera del alfa, tendrás un estatus en la manada que ninguna humana ha tenido nunca.
Serás la luna del alfa, su igual, su contraparte.
Con ese estatus viene poder, Claire. Poder para proteger a los que amas.
Poder para cambiar las cosas. Pero también viene el peligro.
Ethan te atacará. Sophia te atacará. Y si Grant cae, caerás tú con él.
—¿Y si no consumo el vínculo?
—Entonces el vínculo dormirá, pero no morirá.
Grant vivirá con un vacío en el pecho que lo consumirá lentamente.
Y tú vivirás con el mismo vacío. Y Ethan, que es paciente, esperará a que Grant se debilite lo suficiente para desafiarlo.
Sin ti, Claire, Grant no tiene razón para luchar. Y sin razón para luchar, perderá.
Claire se cubrió la cara con las manos. Era demasiado. Demasiada presión, demasiada responsabilidad. Ella solo era una estudiante de veintitrés años que había vuelto a su pueblo para cuidar a su tía. ¿Cómo había acabado en el centro de una guerra de hombres lobo?
—Derek, ¿qué harías tú en mi lugar?
—No puedo responder a eso. No soy tú. Pero te diré una cosa: he conocido a muchos licántropos en mi vida, de muchas manadas.
Y nunca he visto a un alfa mirar a su compañera como Grant te mira a ti.
Lo que siente por ti es real, Claire. No es solo instinto, no es solo el vínculo.
Es amor. El tipo de amor que trasciende las especies y las leyes y el tiempo.
—Aun así, mató a mis padres.
—Lo sé. Y lo vive con él cada día. ¿Crees que no lo he visto? Grant no es un monstruo, Claire. Es un hombre que cometió un error terrible y que lleva veinte años pagándolo. La pregunta es: ¿puedes perdonarlo?
Después de la conversación con Derek, Claire fue a visitar a Nathan en su consulta del pueblo. El médico la recibió con una sonrisa que no revelaba nada, pero Claire, que empezaba a conocerlo, detectó en sus ojos dorados una curiosidad que no estaba allí la última vez que se habían visto.
—Claire. Qué sorpresa. ¿Necesitas algo?
—Necesito hacerte una pregunta, Nathan. Y necesito que me respondas con sinceridad.
—Te escucho.
—¿Grant te habló de mí antes de que yo llegara a Raven Creek? ¿Sabías quién era yo antes de que nos conociéramos?
Nathan la estudió durante un largo momento, como si decidiera cuánta verdad revelar. Finalmente, asintió con la cabeza.
—Sí, Claire. Grant me habló de ti. Me dijo que eras la hija de Margaret Bennett, la compañera transferida que había estado esperando durante veintitrés años.
Me dijo que vigilara tu llegada, que te observara, que le informara de todo lo que hicieras.
Pero también me pidió que no me acercara a ti hasta que él te conociera. Quería ser el primero.
—¿Y lo fuiste?
—Sí. Te vi llegar en el autobús, Claire.
Te vi bajar con tu maleta de lona y tu abrigo enrollado.
Te vi subir a la furgoneta de Old Pete y dirigirte al hospital.
Y te vi entrar en el diner de Ruby al día siguiente, donde Grant te esperaba.
Lo vi todo. Y se lo conté todo. Porque es mi padre, y porque le debo lealtad.
—¿Y no te incomoda? ¿Vigilar a la hermana que no conocías para informar al padre que apenas has tratado?
—Me incomodó al principio, Claire. No te voy a mentir.
Grant es mi padre biológico, pero no me crió.
Los Brooks lo hicieron. Y cuando volví a Raven Creek, Grant me trató con una distancia que me dolió.
Como si le avergonzara mi existencia. Como si yo fuera un recordatorio de un error que quería olvidar.
Pero con el tiempo, entendí que no era vergüenza.
Era miedo. Miedo de hacerme daño, de perderme como perdió a Margaret.
Grant ama a través del distanciamiento, Claire.
Es su forma de proteger lo que quiere. Y te quiere a ti más de lo que ha querido nada en doscientos años.
Claire procesó las palabras de Nathan. Era extraño pensar que Grant, el alfa temido, el hombre lobo que todos respetaban, amaba a través del distanciamiento.
Pero tenía sentido. Había mantenido a Nathan a distancia durante años, había vigilado a Claire desde las sombras, había esperado veintitrés años antes de revelarse.
Era la forma de un hombre que había perdido demasiado y que, por eso, temía perder más.
—Nathan, ¿crees que Grant me ama de verdad? ¿O que es solo el vínculo?
—Creo que ambas cosas, Claire. El vínculo es real, sí. Pero el amor que Grant siente por ti va más allá del vínculo. Lo veo en cómo te mira, en cómo te habla, en cómo se transforma cuando estás cerca. Eres lo que Margaret fue para él: la razón para vivir. Y esta vez, está decidido a no perderla.
Después de la conversación con Nathan, Claire fue a la cabaña del bosque a esperar a Grant.
Él llegó al atardecer, con un ramo de flores silvestres en la mano y una expresión que mezclaba la esperanza y el miedo.
Claire lo recibió en el porche, le cogió las flores, y lo besó.
Un beso largo, profundo, que le dijo todo lo que las palabras no podían.
—Grant, he decidido. Quiero saberlo todo. Sobre la manada, sobre las leyes, sobre lo que eres, sobre lo que soy yo para ti. Todo, Grant. Sin secretos. Sin medias verdades. Y a cambio, yo te escucharé. No prometo perdonarte. No prometo aceptar el vínculo. Pero te escucharé.
—Claire, ¿estás segura?
—Más segura que nunca. He hablado con Derek, con Nathan, con Lily. He pensado, he llorado, he dudado. Y al final, siempre llego al mismo lugar: a ti. No puedo dejar de pensar en ti, Grant. Y si voy a seguir pensando en ti, necesito saber quién eres de verdad.
Grant la abrazó con una fuerza que la dejó sin aliento. A través del vínculo, Claire sintió lo que él sentía: gratitud, alivio, amor. Y una determinación feroz de merecer la oportunidad que ella le estaba dando.
—No te arrepentirás, Claire. Te lo juro. Te contaré todo. Y si al final decides que no quieres esto, te dejaré ir. Pero al menos lo habremos intentado. Y eso es más de lo que teníamos ayer.
Claire no respondió. No sabía la respuesta.
Pero mientras conducía de vuelta a la cabaña, con la presencia de Grant latiendo en el fondo de su mente y las palabras de Derek resonando en sus oídos, supo que tendría que encontrarla pronto.
Porque la luna llena se acercaba, y con ella, la transformación.
Y una vez que se transformara, no habría vuelta atrás.