CAPÍTULO CINCUENTA Y SIETE
Durante los dos días siguientes, Kang y yo trabajamos para ultimar los detalles del nuevo plan.
Este seguía contemplando que Artie entrara en el edificio por el tejado y sacara a Somchai por la misma ruta.
Hasta entonces, lo único que tenía que hacer era vigilar a Somchai y asegurarse de que siguiera en ese edificio cuando fuéramos a por él.
Lo primero que teníamos que hacer era identificar a quien nos vigilaba a Kang y a mí. Con todo lo que nos había pasado, era evidente que nos estaban observando. Con un poco de contravigilancia, no tardamos mucho en descubrirlo.
Enseguida localicé a la chica que nos había dado las respuestas a los dos acertijos que habíamos resuelto con anterioridad.
Tardé un poco más en identificar a la segunda persona: otra chica a la que nunca habíamos visto.
Mi instinto me decía que podían ser dos, y había acertado.
Las chicas eran novatas en el arte de la vigilancia, pero era esencial que no nos perdieran de vista.
A partir de ese momento, les facilitamos que nos observaran y siguieran. Era parte del plan.
En segundo lugar, reservamos habitaciones en un nuevo hotel y trasladamos algunas de nuestras cosas para dar la impresión de que estábamos montando otro piso franco. Nuestras seguidoras nos pisaron los talones en todo momento, tal como esperábamos. Era parte del plan.
En tercer lugar, con la ayuda de Artie, nos reunimos con el dueño del bar Shark a plena luz del día.
Gesticulamos de forma exagerada y señalamos varios puntos en los tejados, dando la impresión de que estábamos preparando algo en Soi Cowboy.
Vi a una de las chicas con el móvil. Estaba bastante segura de que le estaba contando a su jefe paso a paso lo que hacíamos, que era justo lo que esperábamos. Era parte del plan.
Luego repetimos todo el espectáculo en Nana Plaza con otro dueño de bar que era amigo de Artie y de su confianza. Lo hicimos una vez más frente a nuestro nuevo hotel. Las chicas nos siguieron en todo momento.
Por último, contratamos un tuk-tuk, uno de esos rickshaws de tres ruedas, para que nos paseara de un lado a otro por Sukhumvit Road.
Solo que esta vez Artie tenía a sus hombres en otros dos tuk-tuks siguiéndonos.
Artie fingió señalar varios puntos de interés táctico mientras hablaba con sus hombres por walkie-talkie.
Cualquiera en su sano juicio habría concluido fácilmente que parecía que estábamos montando una gran operación de vigilancia.
Con esa parte del plan resuelta, dedicamos el segundo día a apostar a varios hombres en los tejados de Nana Plaza, Soi Cowboy y nuestro nuevo hotel. Les ordenamos que tomaran fotografías sin parar y grabaran los alrededores.
Como esperábamos, las dos chicas siguieron informando de nuestros movimientos, lo que hizo que aparecieran más efectivos.
Habían llegado refuerzos. Según Artie, todos eran miembros de la Tríada local.
Eso solo podía significar una cosa: habíamos captado la atención de Somchai, y quería saber qué demonios estaba pasando.
Después, Artie hizo que varios agentes de policía, pertrechados con material táctico y rifles de alta potencia, se unieran a los demás en los tejados.
Como sus hombres estaban repartidos a lo largo de casi un kilómetro de carretera, los siete vigilantes que controlaban cada uno de nuestros movimientos se dividieron para poder seguir mejor a los hombres de Artie.
Y, por supuesto, eso era parte del plan.
Con nuestro plan de vigilancia señuelo en marcha, los tres volvimos al Landmark, sin ningún ojo vigilante encima. Después salimos por una puerta trasera y subimos a una furgoneta de reparto que nos esperaba. Dentro había dos miembros del equipo de confianza de Artie.
—¿Adónde vamos? —preguntó Kang.
—A un restaurante que uso para reuniones —respondió Artie.
Una vez allí, dedicamos el resto del tiempo a repasar el papel de cada uno para asegurarnos de que el plan se ejecutara a la perfección.
La operación seguía prevista para esa noche.
Era importante que todos supieran qué se esperaba de ellos.
También intenté dibujar un plano del edificio basándome en mi última visita, cuando me habían secuestrado.
—Sé que no es exacto —dije mientras dejaba mi dibujo sobre la mesa—. Podría estar equivocada, pero tendrá que valer.
—Es útil —dijo Artie—, pero sigo sin entender por qué nosotros —se señaló a sí mismo y luego a sus hombres— no estamos al tanto de la otra parte de vuestro plan.
Era evidente que guardar silencio sobre ese detalle había sido un punto de fricción con Artie. No lo culpaba. Había compartido abiertamente con nosotros mientras nosotros le ocultábamos información, pidiéndole en esencia que confiara ciegamente en nosotros.
—Ya hemos hablado de esto. Para que Kang y yo participemos, necesitamos controlar ciertos aspectos de la operación. Este es uno de ellos.
—¿Ocultar información? ¿Eres consciente de lo peligrosa que es esta misión? Mis hombres y yo nos estamos jugando la vida.
—Lo entiendo, pero hasta ahora todo ha salido como esperábamos.
Justo entonces sonó el móvil de Artie.
—Sí, ya veo... ¿Estás seguro?... Buenas noticias.
Todas las miradas de la sala se clavaron en Artie.
—Me acaban de informar de que cuatro de los guardaespaldas de Somchai se han unido a los otros miembros de la Tríada, seguramente para evaluar la situación —informó.
—Los señuelos que plantamos están funcionando —observó Kang—. Esto reduce la resistencia en el edificio, que era justo lo que esperábamos.
—Es mejor, pero sigue siendo peligroso —dijo Artie—. Sigo sin saber cómo pensáis vosotros dos atraer la atención de los guardias de la entrada, y ojalá también los del interior, para alejarlos de sus puestos.
—No pensamos hacer nada. Nos han identificado. Sus hombres saben quiénes somos. Nos verán venir de lejos.
Artie levantó los brazos de frustración mientras sus hombres se removían en sus asientos y el murmullo de preocupación se hacía más intenso. La tensión en la sala se podía cortar.
Artie volvió a clavar los ojos en mí. Se mordió el labio inferior mientras movía las piernas con nerviosismo. Le costaba contener la ira en la voz.
—Si vosotras no hacéis nada, entonces ¿quién, Abby? ¿Quién atraerá la atención de los guardias?
Antes de que pudiera responderle a Artie, me llegó un mensaje de texto al móvil. Me levanté sin decir nada y me alejé de la mesa.
—¿Adónde vas? —me gritó Artie.
No respondí y salí de la pequeña sala de banquetes donde nos habíamos reunido. Empezó a interrogar a Kang en busca de una explicación mientras yo cerraba la puerta tras de mí. Unos minutos después, volví.
No estaba sola.