Lumpini Park (Thriller del FBI de Abby Kane 4) CAPÍTULO CINCUENTA
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CAPÍTULO CINCUENTA

Po Po contestó al primer timbrazo. Eso me dijo que había estado esperando una llamada con impaciencia.

—¡Abby!

—Sí, soy yo.

—¿Estás bien? ¿Qué pasó? Lucy estaba llorando.

—Estoy bien. ¿Dónde está Lucy?

—Durmiendo. Estaba muy alterada antes. ¿Qué pasó?

Fui sincera con mi suegra. Necesitaba saber lo que había pasado.

Ella sería quien tendría que lidiar con las consecuencias inmediatas en casa.

—Resumiendo, me atacaron mientras hablaba con Lucy.

Perdí el teléfono en el forcejeo y ella debió de oír el jaleo —dije, suavizando los acontecimientos de la noche.

Si Lucy lo había oído todo, bueno, no tenía sentido repetirlo y alterar también a Po Po.

Po Po me contó que Ryan había encontrado a Lucy acurrucada en su armario, con el teléfono pegado a la oreja y sollozando.

—Espera. ¿Ryan la encontró? —Eso ni se me había ocurrido. Ahora tenía que preocuparme por lo que él había oído.

—Abby, Ryan me contar lo que oír en teléfono. Tú no tener pelea pequeña. Él también llorar, ¿sabes? Dijo que te estaban haciendo daño. Te oyó pedir ayuda.

Una oleada de emociones estalló en mi pecho y se extendió por todo mi cuerpo. Sentí que las piernas me flaqueaban y el estómago me daba vuelcos. La respiración se me entrecortó mientras mi mente pasaba como diapositivas las imágenes que mis hijos podrían haberse imaginado.

Oficialmente me había convertido en la peor madre del planeta Tierra.

Sin querer, había sometido a mis hijos a una situación inimaginable, una que ninguna madre querría que sus hijos vivieran.

¿Quién en su sano juicio expondría a sus hijos a semejante daño psicológico?

Yo, la egoísta luchadora contra el crimen.

Había hecho que mis propios hijos creyeran que su madre, su protectora, la única persona con la que siempre podían contar para darles consuelo y amor, su refugio seguro, había sido asesinada.

El teléfono del hotel era inalámbrico, así que me llevé la conversación al baño y cerré con llave.

Luego vinieron las lágrimas. Intenté contenerlas.

De ninguna manera podía ser yo quien se derrumbara.

El pilar de una familia no hace eso. Yo soy la roca.

Soy a quien los demás pueden recurrir, la que soluciona los problemas.

Y sin embargo, había hecho lo contrario y herido a quienes más amaba.

Po Po me contó que, cuando llegó a la habitación de Lucy, encontró a los dos niños llorando desconsoladamente. Dijo que Ryan tenía el móvil de ella en la mano, pero cuando lo comprobó, la línea estaba muerta.

—Yo remarcar último número, pero solo salir grabación en tailandés y yo no entender.

—Pésimo momento. Mi teléfono se quedó sin saldo justo entonces.

—Cuando yo preguntar a Ryan qué pasar, él solo poder contar trocitos, pero suficiente para saber que algo malo pasar en teléfono.

Escuchar a Po Po completar la historia me destrozó. Cada palabra de su boca era un puñetazo en el estómago. Me doblé de culpa y me costaba respirar. En ese momento, me sentí una completa fracasada. No los merecía a los tres.

Los dos niños estaban dormidos y le pedí a Po Po que no los despertara. Le dije que hablaría con ellos más tarde, pero me ignoró y ya iba camino a la habitación de Ryan.

Antes de que pudiera decir otra palabra, oí su voz.

—Abby, estás bien —dijo, sorbiéndose la nariz.

—Sí, cariño. Estoy bien. Estoy perfectamente.

—Estaba tan preocupado. Oí una pelea, y te oí gritar, y necesitabas ayuda, y...

—Shhhh. Todo está bien. Tu mamá está bien. ¿Me oyes? Estoy bien.

—Pensé que habías... que estabas...

—¿Qué? ¿Qué pensaste? Ya lo sabes. Soy tu mamá dura.

—Sí, lo sé. Eres mi mamá dura.

—Así es. Soy tu mamá dura y nunca me va a pasar nada. Quiero que entiendas eso.

—Vale —sorbió. Oí movimiento en el teléfono y luego la dulce voz de mi pequeña.

—¡Mamiiiii! —gritó Lucy al teléfono—. Estaba tan preocupada por ti. Parecía que estabas en problemas.

—Mami está bien. No estoy herida. Mami tuvo un problemilla, pero ya pasó todo. Todo está bien y pronto estaré en casa.

Lucy siguió llorando y diciéndome que me echaba de menos. Después de unos segundos, Po Po volvió a ponerse al teléfono.

—Ryan llevar a Lucy a su habitación. Mejor que ella descansar.

No sabía qué decir. Mi hijo acababa de irse a consolar a su hermana, mi hija. Ese era mi trabajo, otra señal evidente de que había, una vez más, fracasado como madre. Espera. Olvida eso. Había fracasado como buena persona, punto. ¿Qué demonios me pasa?

Después de unos segundos de silencio, Po Po me preguntó cuándo volvería a casa. No tenía respuesta y dije lo que siempre decía. —Pronto.

Llamaron a la puerta y oí la voz de Kang. —Abby, ¿está todo bien?

—Sí, salgo enseguida. Dame un minuto. —Cogí unos pañuelos de papel de un dispensador de plástico sobre la encimera del lavabo y me sequé los ojos. La mejilla izquierda se me había hinchado por un puñetazo que había recibido antes.

—Kyle —llamé.

—Sí, ¿qué pasa?

—¿Podrías traerme un poco de hielo?

—Voy.

Para ir tirando mientras tanto, mojé la esquina de una toalla bajo el grifo y me la presioné contra la cara. Se sentía fresca contra el latido cálido que se había vuelto mucho más notable ahora que el chute de adrenalina se había disipado.

Me miré en el espejo, me aclaré la garganta, aparté mis emociones y puse mi mejor cara. Un instante después, salí del baño, lista para trabajar.