CAPÍTULO CUARENTA Y CUATRO
—Vaya , me voy un minuto y ya estás merodeando en busca de otro tipo —dijo Kang.
Su broma me hizo reír. —Perdona, pero estuviste fuera más de un minuto. ¿Había otras plantas?
—No, pero me acorraló la mama-san con dos de sus chicas. Tuve que invitarlas a una copa para poder escapar.
—Sí, seguro que te enfrentabas a la misma escapatoria imposible que los presos de Alcatraz.
Kang me ignoró y miró hacia el otro lado de la sala, donde estaba el hombre rubio que poco antes había ocupado el asiento junto a mí. —¿Quién es el tipo?
—John.
—Ya, ya sé que es un putero, pero ¿qué quería?
—En realidad, dijo que se llamaba John. Está aquí por la misma razón que todos los demás hombres, solo que él estaba interesado en mí, no en las bailarinas.
Kang echó la cabeza hacia atrás. —¿Se sentó sin más? ¿No lo invitaste tú?
—¿Estás loco? Sé que estoy de incógnito, pero no voy por ahí buscando hombres.
Kang murmuró algo antes de volver a mirar hacia el otro lado de la sala.
—Alguien parece celoso —canturreé.
—Anda ya. Tengo novia.
—Ah, entonces supongo que cuando aquella ladyboy te enganchó con las piernas la primera noche en la ciudad, eso no contó como infidelidad.
—¿Qué? Estaba siendo amable. Y no sabía que ella... él... era un ladyboy.
—Me encantaría oírte explicarle eso a Sushi.
—Es Suzi . ¿Y por qué no te cae bien?
—Me cae bien —mentí mientras intentaba aguantar la risa.
Kang frunció el ceño. —No, no te cae bien. Se nota.
—¿Qué? —continué, abriendo los ojos de par en par y quedándome boquiabierta mientras intentaba aparentar total inocencia.
—Sé que no te cae bien. Es tan obvio que la celosa eres tú .
«Dime que no acaba de decir eso». —Mira, que tú estés enganchado a algo y yo esté soltera no significa que esté celosa. Por cierto, a menos que estés ciego, ella es la que no me traga.
Ambos levantamos nuestros vasos para fingir que estábamos demasiado ocupados bebiendo como para hablar.
Al menos, esa fue la razón por la que yo di mil sorbitos seguidos sin apartar la copa de los labios.
Pero había una pregunta más importante: ¿por qué demonios estaba sintiendo celos?
Estaba segura de haberme quitado de encima el enamoramiento que había desarrollado hacia él cuando estuvimos juntos en el hospital.
¿Solo me había engañado a mí misma creyendo eso?
¿De verdad me gustaba Kang y solo me había dado cuenta cuando de repente dejó de estar disponible?
—Tienes razón —dijo él.
—¿En qué?
—Suzi está un poco celosa de nuestra relación. No paro de decirle que es estrictamente profesional...
—Por supuesto que lo es. Aquí no pasa nada. —Señalé entre nosotros dos.
—Probablemente sea la razón por la que no ha entrado en confianza contigo del todo.
«¿Entrar en confianza? ¿La Reina de Hielo es capaz de eso?»
—Pero no te preocupes. Las cosas no van muy bien entre nosotros ahora mismo.
«¡Yupi!» —¿Por qué?
—Bah, es la misma razón por la que rompimos. A veces puede ser un poco arpía.
—¿Un poco? —solté. «Espera. ¿Acabo de decir eso en voz alta?»
Kang me lanzó una mirada.
—O sea, ¿a qué te refieres con un poco?
—Ya sabes. Es muy regañona.
—Ah, sí. He oído que a los hombres no les gusta eso.
—Lo digo en serio. Critica todo lo que hago. Es muy perfeccionista. Nada de lo que hago le parece bien. Y sin embargo, depende de mí para todo.
—¿Por qué estás con ella si es tan «regañona» ? —enfaticé haciendo comillas en el aire.
Kang se encogió de hombros y dio otro sorbo a su cerveza.
—Necesitas encontrar a una mujer que te aprecie por quien eres, alguien guapa pero que también sea independiente y capaz de valerse por sí misma.
—¿Qué, alguien como tú?
—Sí, «como» yo, pero no yo en realidad. «Pero podría ser yo».