CAPÍTULO TREINTA
Me habían puesto una bolsa oscura en la cabeza , con un olor que recordaba al aceite de motor.
No podía ver nada, ni siquiera el más mínimo destello de luz, pero aun así sabía que me habían metido en el maletero de un vehículo.
El ruido del motor, los movimientos bruscos y una suspensión deficiente que me sacudía la columna de vez en cuando no hacían más que confirmar lo obvio.
No perdí tiempo intentando descifrar cómo había acabado en esa situación.
Ya tendría ocasión de pensarlo después, cuando escapara, que era lo único que me importaba en ese momento.
En lugar de eso, me dediqué a contar los giros y las paradas del vehículo.
No sabía si serviría de algo, pero lo hice igualmente, como si me fuera la vida en ello. Y probablemente así era.
Durante veinte minutos, tomé notas mentales de los movimientos del vehículo. Había muchas cosas que contar y me preocupaba empezar a perder la cuenta. Pero justo cuando ese pensamiento me cruzó la mente, el vehículo se detuvo y el motor se apagó.
Oí las voces de dos hombres tailandeses que hablaban y el crujido de la grava bajo sus pasos, cada vez más cerca.
Un momento después, escuché el clic de un pestillo.
Unas manos ásperas me agarraron de los brazos y me sacaron del maletero de un tirón.
Las piernas me colgaron un segundo en el aire antes de encontrar apoyo en el suelo.
Seguía percibiendo solo a los dos hombres, pero debía suponer que podía haber más.
Cada uno me agarró de un brazo y me arrastraron hacia delante entre gruñidos en tailandés.
Me zarandeaban de un lado a otro mientras avanzábamos.
Por un momento pensé que estarían borrachos, pero descarté la idea.
Estaba bastante segura de que uno de mis captores formaba parte del grupo que nos había tendido la emboscada a Kang y a mí.
Los dos hombres me arrastraron hasta que los pies me chocaron contra unos escalones.
Subimos, yo medio andando, medio a rastras.
Conté cinco tramos de escaleras. Recorrimos lo que me parecieron unos tres metros más antes de detenernos en seco.
Oí que llamaban a una puerta y luego sentí una ráfaga de aire fresco antes de que mis captores me hicieran entrar en una habitación con aire acondicionado.
Tras unos pasos, uno de ellos me obligó a sentarme en una silla de metal. Una mano agarró la bolsa que me cubría la cabeza, pero no sin que antes discutieran entre ellos. Solo podía suponer que mis captores debatían si debían quitármela.
Segundos después, aspiré hondo mientras el aire artificial me enfriaba el rostro caliente y sudoroso.
Intenté abrir los ojos, pero la luz de la habitación me escocía y apenas conseguía entrecerrarlos.
Distinguí un escritorio frente a mí con alguien sentado detrás.
Decidí no hablar y me concentré en recuperar la vista.
—¿Sabe por qué está aquí? —La voz masculina tenía acento tailandés y venía del otro lado del escritorio. Negué con la cabeza.
—Estamos aquí para ayudarla, agente Kane.
¿Saben quién soy?
—Hay un hombre que está matando mujeres en Bangkok. Podemos darle información que la ayudará a atraparlo.
«¿Quién está matando mujeres? ¿Esto tiene que ver con el juego?». Un millón de pensamientos me cruzaron la mente mientras intentaba asimilar lo que me había dicho. —¿Quién es usted y cómo sabe quién soy?
—Agente Kane, la conocemos desde hace tiempo.
«Esto tiene que ser por el juego». —¿Es usted el cerebro detrás de la Persecución de Chinatown?
—El hombre al que busca se hace llamar el Creeper.
«Conozco ese nombre de la tabla de clasificación. El equipo Creeper está en Bangkok». —¿Se supone que debería saber quién es?
—No se haga la tonta, agente. Sabe perfectamente de qué va esto.
Para entonces, la vista se me había normalizado y pude mirar directamente al hombre regordete del que procedía la voz, solo que llevaba una máscara de plástico transparente que le ocultaba el rostro. Resultaba inquietante.
Procedió a dar una descripción precisa del aspecto que sabíamos que tenía el Creeper, pero aun así no entendía por qué los responsables del juego me estaban ayudando a atrapar a uno de sus jugadores.
Quizá habían perdido el control sobre él y querían eliminarlo, literalmente. O me estaban tendiendo una trampa.
—¿Cómo sé que no me está mintiendo? Tiene que ser consciente de lo extraña que resulta esta conversación —pregunté.
—Hizo som tum con carne humana.
«Vale, eso lo ha acertado». —¿Por qué me está ayudando? Respóndame a eso.
—Atrápelo, agente Kane, y responderemos a todas sus preguntas.
—Parece creer que la información que me ha dado es revolucionaria. No es nada que no supiéramos ya. Tiene que darme más.
—Como desee. El Creeper ha completado la primera Atracción y pronto se enfrentará a la segunda.
—¿Entonces irá al Sky Bar como hice yo esta noche para conseguir la respuesta al acertijo? —No sabía en qué estado se encontraba Kang, así que decidí no mencionarlo.
—No.
La paciencia con sus respuestas crípticas empezaba a agotárseme. Dejé escapar un suspiro. —¿Me está diciendo que el juego es diferente para cada jugador?
—El Creeper tiene una tarea específica que cumplir en la segunda Atracción, una que lo llevará directamente hasta usted.
—¿De verdad? Soy toda oídos.
—Le han ordenado eliminar al equipo Carlson.