CAPÍTULO SIETE
Reilly había recibido respuesta de los altos mandos y, sorprendentemente, no querían destinar demasiados efectivos al informe.
Le dijeron que el tiempo de la Oficina se aprovecharía mejor centrándose en los problemas de nuestro propio país.
Había mucho delito que combatir en los queridos Estados Unidos de América.
—¿Qué significa eso? —pregunté.
—Significa que el informe será escueto. Les enviamos a todos la información que tenemos y les damos una videoconferencia de una hora para responder preguntas. A partir de ahí, se las apañan solos.
—¿Y qué pasa con el cerebro del juego?
—Para mis superiores, no les preocupa. Creen que todos deberían centrarse en atrapar a los jugadores. El cerebro, según ellos, es una incógnita. Dijeron que las pruebas que has descubierto, aunque prometedoras, no bastaban para convencerlos de que existe.
—¿Prometedoras? ¿Qué demonios significa eso? Mira, si este tipo encontró a veinte psicópatas para su juego, seguro que puede encontrar a veinte más. Cargarse a los jugadores no resuelve el problema.
—Abby...
—O sea, que tengo que dejarlo correr. Archivarlo como si no importara.
—¡Abby! —Reilly alzó la voz—. Yo no he dicho eso, y estoy de acuerdo contigo.
—¿Eh?
—Di la cara por ti. —Una sonrisa se dibujó en el rostro de Reilly—. Sé que quieres seguir con el juego, y la única forma de hacerlo es ir a Bangkok. Estaban en contra. No querían que una agente rebelde causara estragos en otro país, pero los convencí de que podíamos confiar en ti.
Tragué saliva.
—Por supuesto que pueden.
—Me la estoy jugando. No me dejes en mal lugar.
—No lo haré, siempre que no venga con condiciones estúpidas.
—Necesitas el visto bueno de Bangkok. En cuanto tengas los materiales listos, los pondré al corriente y tantearé la posibilidad de que trabajes con su gente.
—Ya me conoces. No puedo trabajar atada de pies y manos, ni voy a pedir permiso a nadie de allí para cada paso que dé. No funciono así.
—Lo sé, pero primero veamos si están abiertos a la idea.
—¿Habrá otras agencias implicadas? ¿La CIA?
—De momento no. Tenemos a uno de los nuestros en la embajada estadounidense. Será tu enlace.
—Querrás decir el que tiene que vigilarme.
—Si quieres verlo así, sí.
—No necesito niñera.
—Pues procura no armar jaleo mientras estés allí.
Pasé el resto del día y buena parte del siguiente preparando una presentación con toda la información que habíamos recopilado, junto con algunos consejos útiles para atrapar a los asesinos.
Esperábamos que las fuerzas del orden de cada país atraparan a los participantes del juego en sus ciudades antes de que completaran sus Atracciones y se esfumaran.