Lujuria, dinero y asesinato: súper pack (6 libros) 117
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—Cálmate —le dijo Janet a Dmitry.

Estaba en la habitación del hotel farfullando al teléfono mientras metía todo frenéticamente en la maleta. —¡Ese sueco grandote vendrá a por mí!

—Respira hondo y cuéntame exactamente qué pasó.

Dmitry intentó controlarse. Oír la voz firme de Janet le ayudó. Explicó todo desde el principio tan rápido como pudo, pero esta vez con las ideas claras y ordenadas.

—¿Estás en peligro en este momento? —preguntó Elaine.

Dmitry miró por la ventana, desde la que se veía la acera y la calle. —Nyet.

—Tienes que salir de esa isla lo más rápido posible.

—Lo sé —gimió Dmitry.

—¿Tienes alguna idea de cómo encontró Lexy a este hombre?

—No estoy seguro, creo que con mi tableta.

—¿Dónde está?

—Conmigo. —Acababa de meterla en la maleta.

—No cierres ninguna ventana del navegador ni borres nada, a ver si puedes encontrar su nombre.

—¿Ahora? —dijo Dmitry incrédulo, volviendo a mirar por la ventana.

—No, claro que no. —De fondo se oía el tecleo de un ordenador—. Hay un pequeño aeropuerto en Visby. Sale un vuelo de SAS a Estocolmo en... déjame ver... en menos de una hora, a las siete veinte. Ve con el coche de alquiler y súbete a ese avión, te tendré un billete preparado.

Ahora Dmitry se sentía un cobarde y un fracasado. —¿Y qué pasa con Lexy?

—Ella no es tu problema.

—Si vuelo al continente, quizá llegue a tiempo para intentar...

—No, no hay tiempo suficiente, lo más cerca que puedes aterrizar es Estocolmo. Además, es demasiado peligroso: podría haber alguien más esperando a Lexy al otro lado.

—Lo siento —dijo él con voz abatida.

—¿Por qué?

—Por cometer un error tan grande.

—No cometiste ningún error, no podías tener a esa chica encerrada. ¡Quiero que vayas directo al aeropuerto y salgas de ahí!

Dmitry salió del hotel aún sintiéndose mal por lo ocurrido, pero el miedo al sueco grandote lo eclipsaba todo.

Antes de colgar, Janet le había aconsejado que cambiara de aspecto todo lo posible.

Ahora llevaba una chaqueta azul oscuro y una gorra de lana azul más clara.

Le había dicho que al llegar al aeropuerto se mantuviera cerca de cualquier policía o guardia y pasara el control de seguridad lo más rápido posible.

Según ella, el sueco grandote que había estado cuidando de Pablo seguramente era un delincuente y no querría problemas con la ley.

Ahora que Dmitry pensaba con más frialdad, creía que probablemente tenía razón.

También le había dicho que si se topaba con el hombre, actuara completamente desconcertado, como si no tuviera ni idea de qué le estaba hablando.

«De todos modos, estoy segura de que estará mucho más preocupado por recuperar al bebé que por encontrarte a ti, así que intenta no preocuparte».

Aun así, Dmitry no dejó de mirar con ansiedad por el retrovisor durante todo el trayecto hasta el aeropuerto, que estaba a menos de diez minutos en coche.

El aeropuerto era realmente minúsculo: todas las instalaciones cabían en dos edificios con la torre de control asomando por encima. Había visto aparcamientos más grandes delante de supermercados de Moscú.

En cuanto cerró el coche de alquiler y entró en el vestíbulo bajo las luces brillantes, se sintió más seguro.

Recogió el billete en el mostrador de SAS, pasó rápidamente el control de seguridad y se dirigió a la puerta de embarque.

Había bastantes hombres de negocios haciendo cola para el vuelo.

Ahora se daba cuenta de que Visby no solo acogía a quienes tenían aventuras amorosas secretas, sino que también era el hogar de muchos trabajadores que, supuso, querían escapar del ajetreo de la gran ciudad.

Todos leían periódicos o tecleaban en sus móviles y tabletas.

Volvió a mirar a su alrededor y, más convencido de que se libraría de aquella, sacó la tableta y se puso a examinar las ventanas del navegador y los archivos que Lexy había abierto.