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A la tarde siguiente, Leon partió de la Base de la Fuerza Aérea de Langley a bordo de un jet militar rumbo a la Base Aérea de Spangdahlem, en Tréveris, Alemania. Allí se reunió con el MC asignado y planificaron la misión en detalle.
Tras dormir ocho horas, lo metieron junto con su equipo en un avión Stealth especial, un diseño a medida basado en el F-22 Raptor, y partieron hacia la región de Darfur, en Sudán.
La situación era la siguiente: extremistas islámicos retenían a un valioso agente de la CIA en lo alto de una cresta que rodeaba el Cráter Deriba, el punto más elevado del Sudán Occidental.
La misión de Leon consistía en liberar al activo y transportarlo en ala delta tándem hasta Chad, país aliado de Estados Unidos, cuya frontera más cercana quedaba a ciento treinta kilómetros al oeste.
Dado que la cresta se elevaba a unos tres mil metros —aproximadamente diez mil pies— y la relación de planeo del ala delta era de solo 18:1, Leon no podría alcanzar la frontera chadiana únicamente planeando: necesitaría la ayuda de un fuerte viento de cola del oeste,
que según los pronósticos sería de treinta a treinta y cinco nudos durante las siguientes cuarenta y ocho horas.
A Leon le daba más miedo lo que pudiera encontrar al volver a su casa de Georgetown que la peligrosa misión de extracción.
Su peor pesadilla era que Isabella hubiera desaparecido para siempre, junto con todas sus pertenencias.