17
La reunión tuvo lugar en el Ritz-Carlton, en el centro de Berlín. Elaine encontró a Gene Lassiter sentado en un reservado del bar, con dos cervezas delante.
La recibió con calidez y dijo:
—Espero que te guste la cerveza. Nadie hace cerveza como los alemanes.
A Elaine no le interesaba la cerveza, sino averiguar exactamente por qué estaban investigando a Nick, pero dio un sorbo, aguardando tensa el momento oportuno.
El anciano se quedó allí sentado, sonriéndole, con una mano sobre la otra encima de su bastón con punta dorada. El puño tenía forma de cabeza de caballo.
—Tienes bastante reputación —dijo.
Elaine se puso aún más tensa.
—¿A qué te refieres?
—A identificar billetes falsos. Se corre la voz.
—Ah —dijo, aliviada. Temía que de alguna manera supiera que se había acostado con Nick. Se ordenó dejar de ser tan paranoica.
—Es un don —continuó Lassiter—, ser capaz de detectar falsificaciones a simple vista, sin necesidad de equipos sofisticados. Ya sabía que tenías talento cuando te di clase en Laurel.
—Bueno, a estas alturas debería ser medianamente buena —dijo Elaine con modestia—. Es prácticamente lo único que he hecho en los últimos doce meses.
Deseaba que le hablara del problema en el que creía que estaba metido Nick.
—¿Sabes?, hace solo tres semanas estaba a punto de llamarte para ofrecerte un trabajo en el Tesoro. Quería que te unieras a un nuevo proyecto especial en el que estoy trabajando.
Había un brillo en sus ojos.
—Cuando empecé a investigarte, descubrí que el SAIC de tu oficina está bajo investigación interna.
—¿Nick LaGrange? —dijo Elaine, solo para asegurarse de que hablaban de la misma persona.
—Sí. LaGrange.
—¿Por qué lo están investigando?
—¿Sabes algo de un caso relacionado con falsificaciones hechas con una auténtica máquina KBA Giori?
—Sí. Nick lo ha mencionado alguna vez.
—¿Qué te dijo exactamente?
La información no era clasificada, así que no había inconveniente en compartirla.
—Dijo que existe la posibilidad de que los rusos, o alguien en Europa del Este, tengan una prensa de intaglio KBA Giori. Está llevando el caso personalmente.
—Más o menos —dijo Lassiter.
El viejo hizo girar lentamente el bastón entre los dedos.
—Entonces, no has tenido ninguna participación en ese caso...
—No.
—Menos mal para ti —dijo Lassiter.
—¿Por qué? ¿Qué crees exactamente que ha hecho Nick?
—Por lo que he podido averiguar, está jugando a dos bandas.
—¿Quieres decir que acepta sobornos?
—Exactamente. Para despistar al resto del Servicio Secreto y a la Interpol.
—No me lo creo —dijo Elaine.
—Pues más te vale creerlo. LaGrange va a pasar mucho tiempo en prisión por esto, Elaine. Lo que está haciendo equivale a traición. Le caerán veinte años en una penitenciaría de máxima seguridad. Si has tenido alguna implicación en sus actividades, podrías caer con él.
Elaine tragó saliva. Técnicamente, había falsificado sus DOPS para cubrir las huellas de Nick.
Lassiter la observaba atentamente.
—¿Cuánta confianza tenéis tú y LaGrange?
—No mucha —dijo Elaine, demasiado deprisa—. Quiero decir, somos buenos amigos. Pero nada más.
¡Maldita sea! Por supuesto que solo podían ser buenos amigos a ojos de Lassiter: ¡Nick era su jefe!
Lassiter dio un sorbo a su cerveza, observándola como si no acabara de creerse sus respuestas.
—El caso es que te necesitamos en el Tesoro para un proyecto muy interesante, uno relacionado con detener a estos criminales que tienen la prensa Giori. Es un proyecto en el que podrías sacar un partido espectacular a tu talento para identificar falsificaciones.
Hizo una pausa y enarcó una ceja.
—¿Te interesa?
Elaine lo pensó. ¿Por qué tenía que pasarles esto a ella y a Nick? ¿Solo tres días después de haberse acostado con él?
—Te daremos un aumento del veinte por ciento —añadió Lassiter.
—No haré nada contra Nick —dijo Elaine.
—No te estoy pidiendo eso. Pero necesitas salir de Bulgaria y lavarte las manos de todo esto. Y de verdad te necesitamos en este nuevo proyecto. Si lo consigues, será un éxito fantástico para ti.
Por dentro, Elaine era un torbellino de emociones contradictorias, desde la indignación hasta el dolor. Estaba furiosa por encontrarse en una posición tan horrible. Pero no era culpa de Lassiter.
—¿Quieres pensarlo? —dijo Lassiter.
—Si Nick realmente es culpable, no quiero quedarme en Bulgaria, Sr. Lassiter.
—Gene —dijo, sonriendo—. Llámame Gene.