Lujuria, dinero y asesinato: súper pack (6 libros) 16
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Elaine pasó el resto del fin de semana sumida en la desesperación.

No podía creer que Nick estuviera haciendo algo malo.

Pero entonces recordó el viaje a Bielorrusia y los 10.000 dólares en rublos bielorrusos que él había pasado de contrabando en la maleta.

Nick le había pedido que no lo informara, diciendo que lo convertiría en dólares y diría que se había encontrado en Sofía.

Cuando se habían reunido para que Elaine cumplimentara sus DOPS, no se había mencionado el dinero.

Ni había vuelto a oír hablar de ello desde entonces.

El lunes por la mañana, Elaine se aseguró de llegar al trabajo antes que él para poder hacer las reservas sin llamar demasiado la atención. Nick se enteraría, por supuesto: tenía que aprobar cualquier solicitud de permiso personal.

Sobre las 10:30, apareció en la puerta de su oficina.

—Hola —dijo simplemente.

La miró con una sonrisa; sus ojos decían más de lo que las palabras podrían expresar. Bajó un poco la voz.

—¿Cómo estás?

—Bien.

Intentó mostrarse lo más cálida posible con él.

—¿Qué tal Rusia?

—Avancé mucho esta vez.

Abrió la chaqueta y le entregó un pequeño fajo de billetes de 100 dólares.

—Examínalos y comprueba si alguno coincide con los antiguos.

—De acuerdo.

Él se quedó allí, observándola. Tras mirar por encima del hombro, se acercó más y le tomó la mano. La besó con ternura, mirándola a los ojos.

—¿Estás segura de que te parece bien lo que pasó entre nosotros?

—Sí.

Se le encendió el rostro.

—Sé que es un poco incómodo...

—Nick, tengo que ir a Alemania mañana.

—¿Alemania? —dijo, desconcertado—. ¿Por qué?

—Una amiga mía de la universidad, Heather, se mudó allí con su novio. Él la dejó anoche.

Elaine se sintió fatal mintiéndole a Nick. Pero se dijo que era lo mejor: iría a hablar con Gene Lassiter y lo aclararía todo. Lassiter obviamente estaba equivocado respecto a Nick. Seguro que Nick no había aceptado esos rublos bielorrusos como un soborno de verdad.

—Heather está hecha un desastre ahora mismo. Le dije que iría a verla —añadió Elaine—. Solo será por un día.

—Oh.

Nick asintió. A Elaine le pareció ver un destello de sospecha cruzándole el rostro, pero no estaba segura.

—Bueno, te veré el... ¿miércoles?

—Sí, el miércoles.

—¿Qué te parece cenar el miércoles por la noche...?

—Me encantaría.

Le apretó la mano con calidez.

—Nos vemos el miércoles, entonces.