Lucidez Chapter 160
91%

Chapter 160

—Además, ese no es Guerau —replicó Vincent medio minuto después—. Espero que todo esto no sea una broma malintencionada por su parte, Andrés. Tenía muchas esperanzas puestas en usted.

Repentinamente me sobrevino un implacable ataque de tos que me hizo retorcer de dolor.

Llevándome las manos al pecho, busqué aire para llenar los pulmones, sintiendo como si algo se partiera por dentro.

Con los ojos empañados, vi a Vincent observarme, con lo que me pareció una sonrisa a medio camino entre el hambre y el disfrute.

Un sabor frío y extraño inundó mi boca, como hierro oxidado y humedad antigua, un líquido tan viscoso que casi podía mascarse.

Extraje un pañuelo del bolsillo de la cazadora y escupí un gargajo sanguinolento.

—¿Está usted bien? —preguntó Vincent, aunque a mí me sonó más a una burla cruel que a una simple pregunta—. Puedo hacer que el dolor desaparezca. Solo tiene que pedirlo. A cambio, solo le pediría que compartiera su visión, su lucidez.

Volví a toser violentamente, y me aparté del escritorio retirando la silla.

—¡No creo nada de lo que usted me diga! —exclamé con la voz rota, dando un manotazo y esparciendo las fotos sobre el suelo aterciopelado—. No sé lo que quiere de mí, pero no lo va a lograr.

—¿Eso cree, Andrés? —Vincent cruzó las manos sobre la mesa y me observó detenidamente. La sonrisa dejó de parecerme humana—. ¿Está usted incumpliendo nuestro acuerdo? El tiempo no es tan amigo como cree. La línea es finita, y a usted se le está acabando.

—Puedo devolverle el dinero si es lo que quiere —repliqué, poniéndome en pie, aún luchando por respirar—. Pero no se acerque a mí. Usted y yo hemos terminado.

Vincent se incorporó lentamente, casi de forma antinatural, como una sombra que se deshilachara y reptara por la pared, con unos ojos que parecían saber demasiado.

Por un instante sentí que su presencia era más tangible que su propio cuerpo, como si allí habitara algo mucho más grande que un ser humano.

—Los pactos... son más difíciles de romper de lo que parecen.

Su destino ya está sellado —exclamó con una voz que parecía estar en todas partes.

Era la primera vez que lo escuchaba hablar sin el acento francés, como si por un instante algo más allá de él hablara—.

¿Acaso cree que alguna de las decisiones que ha tomado a lo largo de su vida le pertenecen?

Usted no puede rescindir el trato. Créame; cumplirá con lo pactado o pagará las consecuencias.

Retrocedí hacia la puerta, pero antes de alcanzarla trastabillé y caí de bruces sobre la moqueta.

Desde el suelo, miré por encima del hombro solo para ver que Vincent había desaparecido, dejando tras de sí únicamente el latido de mi corazón retumbando en las sienes.

Mi instinto de supervivencia me gritaba que debía huir sin mirar atrás y no quise contradecirlo; agarré el pomo y salí a la noche cerrada.

Apretando el paso, atravesé el recinto y me dirigí hacia el coche.

Con la respiración entrecortada, apreté la cazadora contra mí y volví a mirar hacia atrás; las luces parpadearon entre la niebla, y el viento pareció susurrarme algo que no quería oír.

Apenas había alcanzado el Kadett y buscaba las llaves en mis bolsillos cuando, de pronto, algo me impactó entre los omóplatos y me derribó. Sentí un dolor intenso cruzar mi espalda y el frío asfalto golpeando mi cara. Emitiendo un gemido, levanté la cabeza