Chapter 151
así que eso era lo que iba a terminar con mi penosa existencia: unos grilletes con la forma de algo tan inofensivo que resultaba casi ridículo.
Llevaba ya dos días sin saber de mi ayudante y, tras revisar mentalmente las pruebas fotográficas y toda la información que había reunido sobre Guerau Mauri, no estaba convencido de querer seguir investigando.
Quizá no valiera la pena. Me quedaba poco tiempo de vida y aquel asunto se había vuelto demasiado turbio.
Nunca he sido un hombre supersticioso, pero la sensación de estar jugando con algo que podía costarme el alma no era precisamente alentadora.
Y menos ahora, cuando sentía a San Pedro aguardándome a la vuelta de la esquina.
Sin mucho más que hacer, tomé el teléfono y marqué el número de Gemma.
Necesitaba hablar con alguien capaz de comprender por lo que estaba pasando; ¿y quién mejor que la persona que me había anunciado mi propia muerte?
Tras unos segundos, escuché el tono de ocupado y supuse que debía estar en otra llamada.
Colgué y esperé, con la esperanza de que se desocupara.
Minutos más tarde volví a intentarlo, pero de nuevo la línea estaba fuera de servicio.
Disgustado, me serví una copa de coñac y dejé que el tiempo se deslizara entre mis pensamientos.
No había duda: estaba atravesando un momento muy oscuro si la situación había degenerado hasta el punto de beber a esas horas de la mañana.
Pero cada uno se alivia como puede, oye.
Cerca del mediodía, tras innumerables intentos fallidos de comunicarme con Gemma, decidí ir a buscarla al hospital.
No conocía su domicilio —la noche anterior ni siquiera se me había ocurrido preguntárselo—, así que era el único lugar donde podía encontrarla.
Conduje hasta allí y aparqué junto a urgencias.
Luego me dirigí al departamento de información.
Un chico joven y muy amable me atendió. Cuando me preguntó qué deseaba, le respondí:
—Busco a una doctora que trabaja aquí.
—¿Cómo se llama?
—Gemma Torres.
—¿Sabe en qué departamento trabaja?
—A veces se encuentra en urgencias —repuse.
El chico movió los dedos sobre el teclado a la velocidad del pensamiento y durante un minuto no levantó la mirada del monitor.
—No encuentro ninguna referencia sobre ella señor...
—Andrés —señalé.
—Señor Andrés, no existe ningún registro de una doctora con ese nombre, ni de ningún interno. ¿Está seguro de que trabaja para este hospital?
—Tan seguro como de que estuve con ella aquí ayer por la tarde, haciéndome unas pruebas.
—Deje que consulte su historial médico. ¿Me facilita su número de identificación?
Rápidamente recité mi DNI de memoria y el chico comenzó la búsqueda. Al cabo de un instante, chasqueó la lengua y me miró por encima del monitor.
—Creo que el sistema está corrupto —alegó—. La última entrada data del año 73, cuando le operaron de la pierna. No hay más registros desde entonces.
—Pero eso no puede ser posible; he sido atendido varias veces luego de eso.