Chapter 149
—»Esta mañana, al clarear, comenzaremos la excavación. Aún no sabemos qué es lo que buscamos. Solo nos han comunicado que no debemos dejarlo allí.
Lo que sea que duerme bajo esta tierra… lleva demasiado tiempo soñando".
Gemma me miró de reojo, con una sonrisa traviesa en los labios. Yo, sin embargo, me quedé inmóvil, incapaz de reaccionar.
—Se pone interesante —dijo, pasando al siguiente texto.
Levantó la vista un instante y me dedicó una sonrisa ladeada, pero yo no correspondí.
—¿Estás bien? —preguntó.
Asentí, aunque no lo estaba. Aquella sensación, la del susurro en sueños, me resultaba extrañamente familiar; no por lo que decía, sino por cómo lo decía. Como si el texto no lo hubiera leído ahora, sino antes… o dentro de mí.
—Continúa —dije.
"Jerusalén, 17 de marzo de 1809
—Hoy hemos abierto la cripta. Los muros estaban cubiertos con símbolos que no sé reconocer.
Arameo, tal vez. Quizás algo más antiguo.
Dentro, no huele a tumba, sino a amanecer.
Yo he sido el primero en bajar, pero lo único que he encontrado ha sido silencio.
Sin embargo he sentido como si algo respirara desde dentro de las paredes.
—»No sé cómo explicarlo, pero hay algo allí. No un cuerpo, no un cadáver, sino una presencia imperturbable y una geometría equivocada. Cuando miré la roca, supe que me estaba devolviendo la mirada.
—»Esta noche soñé con un ojo que parpadeaba dentro de mi pecho. Me hablaba.
Me mostraba cosas que no pueden existir al mismo tiempo. Vi mi nacimiento y mi muerte en la misma imagen.
—»Me ha dicho su nombre, aunque no encuentro las palabras adecuadas en mi mente. El que ve a los que ven, tal vez. Me ha dicho que no necesito alma para entender lo que hay más allá del velo. Me ha dicho que me prestará su mirada.
—»El caporal Antoine se pegó un tiro esta mañana. El resto no me habla. Creo que no pueden verme del todo. Siento que mi sombra ya no me obedece. Mañana volveré al pozo. Ya no tengo miedo. Quiero entender."
La sonrisa de Gemma se desvaneció. Esta vez no dije nada. Observé el papel como si fuera un espejo empañado. El ojo de mis sueños. Aquello no podía estar pasando, y aún así, supe que debía conocer cómo proseguía.
—¿Estás segura de que es eso lo que pone? —pregunté.
—Lo estoy.
Me costó tragar saliva.
—Sigue.
Mirándome de reojo, Gemma agarró el tercer texto y continuó leyendo.
"Jerusalén, 22 de marzo de 1809