Lucidez Chapter 130
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Chapter 130

—»Guerau fue trasladado desde la unidad de urgencias del hospital General de Terrassa luego de cometer un crimen que incluso hoy las autoridades niegan, y tras lo que parecía un brote psicótico.

—Déjeme adivinar. Lo encontraron devorando a alguien —me adelanté.

—¿Cómo lo sabe...?

—Digamos que mi encuentro con él fue similar.

—Créame esto; la cosa empeora.

—Continúe por favor —la apremié.

—Como le decía, llegó al hospital bajo lo que parecía un cuadro psicótico y tuvimos que sedarlo con Pentobarbital.

Créame, ese sedante solo se administraba en casos excepcionales.

Aun así, mostró una resistencia inusual al fármaco, lo que sorprendió enormemente a los doctores.

Pasaron varios días hasta poder llevar a cabo un diagnóstico; no solo manifestaba delirios, también presentaba un cuadro grave de esquizofrenia paranoide.

Tampoco pudimos consultar su historial clínico, ya que no se tenía ningún dato del paciente y ni siquiera estaba registrado como ciudadano civil de España.

Tras varias sesiones de interrogatorio, las autoridades consiguieron averiguar su nombre y apellido, y al parecer procedía de algún lugar entre la frontera de Francia y España.

—¿Qué edad diría que tenía por entonces?

—No sé, es difícil de discernir. Diría que unos cuarenta y tantos años.

—Si hacemos cuentas, hoy tendría cerca de noventa. No parece sorprendida de que siga con vida.

—Si hubiera usted visto los mismo que yo, tampoco lo estaría. Todo lo que rodea a ese hombre es un misterio.

Me removí incómodo en mi asiento. ¿Dónde me estaba metiendo?

—¿Qué hicieron con él?

—Al principio lo tratamos con antipsicóticos como haloperidol y clorpromazina, con refuerzos de ansiolíticos de amplio espectro como lorazepam en dosis especialmente altas, pero no sirvió de nada.

Guerau apenas dormía y mantenía continuas conversaciones con un ente imaginario al que llamaba “ amo ”, intentando lesionarse, alegando que necesitaba liberarse de unas cadenas que, según decía, lo mantenían vinculado a una existencia de servidumbre eterna.

—»Transcurrido un año, los doctores decidieron que los métodos comunes no surtían efecto, así que establecieron un nuevo tratamiento con terapia de electrochoque.

Sin embargo, fue peor el remedio que la enfermedad: Guerau no solo empeoró, sino que empezó a transmitir sus síntomas al resto de pacientes, como si pudiera sugestionar incluso a los residentes más estables.

Y ojo, no hablo solo de enfermos mentales; también afectó a tuberculosos, doctores e incluso enfermeras.

—¿A qué se refiere exactamente?

—A que todo el mundo se volvió loco. Cualquiera que permaneciese un tiempo en el hospital manifestaba síntomas similares a los de Guerau.

—¿Usted incluida?

—Especialmente yo —admitió, y sus ojos se nublaron por un instante—. Empecé a ver siluetas que me perseguían. Escuchaba voces continuamente susurrándome al oído,