Lucidez Chapter 125
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Chapter 125

con el bullicio de varios clientes, algunos de los cuales parecían seguir con puntualidad el ritual matutino del laburante medio. Mientras avanzaba hacia el centro del local sentí el característico olor del café mezclado con el tabaco.

Busqué una mesa vacía, tomé asiento y pedí a la camarera un café solo.

Un par de minutos después me encontraba sumergido en mis pensamientos, fumando un cigarro y con el café humeante sobre la mesa.

Al dar el primer sorbo, me sobrevino un ataque de tos y sentí como si algo se quebrara en el pecho.

Tras recomponerme, percibí un sabor espeso y metálico llenando mi boca; utilizando una servilleta, escupí cuidadosamente y confirmé lo que temía: sangre.

Observé el pequeño gargajo un par de segundos y un pensamiento se abrió paso en mi mente: algo no andaba bien después de todo.

Tal vez Gemma tenía razón y debía someterme a un examen médico para asegurarme que todo estuviera bien.

Emitiendo un gruñido, desplegué sobre la mesa el informe médico de Guerau Mauri.

Entrecerré los ojos y traté de descifrar su contenido, pero la letra manuscrita de Marta Garrido resultaba casi indescifrable.

A pesar de ello, logré rescatar algunas frases:

—» El paciente sufre una demencia tan acentuada que, en ocasiones, afirma hablar con un amo imaginario que le dicta órdenes que lo empujan a autolesionarse, llevándolo a golpearse violentamente contra la pared —citaba un párrafo más legible

—, por lo que hemos tenido que inmovilizarlo al camastro .

—» Además, asegura pertenecer a una dinastía que se remonta varios siglos atrás y que, según sus propias palabras, dominaba la ciudad de París y sus alrededores.

Tras varias sesiones, hemos diagnosticado una esquizofrenia paranoide severa, ya que el paciente afirma comunicarse con una entidad extracorpórea que lo acosa y lo persigue incluso en la intimidad su habitación.

En ocasiones, cuando cree que nadie lo observa, parece mantener conversaciones con esa entidad, incluso después de haberle administrado un cóctel de clorpromazina y flufenazina, lo que ha sorprendido a los doctores, pues parece especialmente inmune a los efectos de los fármacos.

—» Como última vía hemos optado por administrar sesiones de electrochoque y, tras cuatro ciclos, hemos desistido de continuar con el tratamiento, ya que el paciente no solo no ha mejorado, sino que con cada nueva sesión se ha vuelto más agresivo e incluso ha empezado a emitir gruñidos guturales, imitando a los de un animal.

La ficha se volvía ilegible a partir de ese punto, pero el texto continuaba siendo mucho más extenso y abarcaba lo que parecían meses de tratamiento.

En cualquier caso, y sin considerarme una autoridad en la materia, estaba convencido de que una enfermedad mental no transforma tu cuerpo ni te convierte en algo que se asemeje a un monstruo.

Algo muy extraño debía haber sucedido con aquel tal Guerau Mauri si realmente era la misma cosa que había visto aquella noche en el barrio de Can Tussell.

El reloj marcaba las nueve y unos minutos cuando crucé las puertas del registro civil.

Al entrar en el recibidor, distinguí unas escaleras y a un agente que montaba guardia; con un gesto, me indicó que debía dirigirme a la tercera planta para acceder a consultas externas.

Allí encontré un puñado de departamentos y, sobre una pared, un letrero que