Lucidez Chapter 122
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Chapter 122

—Terrassa suele ser una ciudad tranquila, sobre todo si la comparamos con Rubí o Sabadell. Sin embargo, en apenas un año he sido testigo de cosas… bueno, cosas fuera de lo común.

—Si se refiere al incidente de Can Tusell, ya le conté todo lo que sabía.

El inspector dio una fuerte calada y expulsó el humo hacia el techo, observando cómo las volutas se deshacían lentamente en el aire cargado del despacho. Luego sonrió, pero era una sonrisa fingida, calculada.

—Sí, ya… el animal extraño y todo eso. —Manel apagó el cigarro aplastándolo contra el cenicero—. Dígame, Andrés, ¿dónde estuvo anoche?

—Estuve aquí, en mi despacho. Antes fui al hospital a que me revisaran la herida que, como puede ver, me hice tras caerme por las escaleras.

—¿Esas de ahí detrás? —señaló con el pulgar hacia el portal.

—Las mismas.

—Ajam. —Hizo una pausa dramática y entrecruzó las manos sobre el regazo—.

¿Sabe qué? No me cabe duda de que estuvo en el hospital, pero me pregunto si fue en el General o en el del Tórax.

—¿Qué hospital es ese? —improvisé.

El inspector golpeó la mesa con la palma de la mano, un sonido seco que retumbó en mis oídos, y a continuación me apuntó con el dedo, apretando los labios en una mueca que mezclaba rabia y reproche.

—Le sugiero que se calme —dije.

—Mire —dijo, reclinándose en la silla—, he estado a punto de llevarlo detenido, pero no tengo pruebas concluyentes.

Anoche, central dio parte de un avistamiento en las inmediaciones del hospital del Tórax: alguien se había colado en las instalaciones, linterna en mano.

De inmediato se reportó una patrulla que merodeaba cerca.

Al principio no parecía nada fuera de lo común.

A veces, por la noche, pequeños grupos de jóvenes se cuelan y hacen botellón u otras actividades.

Tenemos órdenes de no dejarlos entrar porque las instalaciones pueden ser peligrosas, y ya sabe cómo son los chavales…

—Manel tamborileó los dedos sobre la mesa—. El simple hecho de enviar un coche patrulla suele disuadirlos, pero anoche no fue el caso, y los agentes informaron de la presencia de luces dentro del hospital.

—Una historia muy entretenido inspector, pero no comprendo qué tiene eso que ver conmigo y qué podría…

—Tras la incursión —me interrumpió, levantando la voz con un filo de autoridad—, los agentes notificaron que habían escuchado ruidos procedentes de varias plantas, por lo que decidieron separarse.

Minutos después, uno de ellos aseguró haber visto a una persona que llevaba una linterna.

No supimos nada más hasta minutos más tarde, cuando el otro agente lo encontró en la última planta, herido de gravedad. Alguien le había propinado una paliza.

El inspector guardó silencio y me observó impasible, esperando alguna reacción que nunca llegó.

—No le comprendo —dije al fin—. ¿Está insinuando que yo ataqué a su agente?

—Dígamelo usted. ¿Ha tenido algo que ver?