Chapter 111
pulmón. Nueve años después se amplió para acoger otras patologías. A lo largo de la última década se han registrado numerosos casos de suicidio: pacientes que se arrojaban desde la novena planta, apodada ‘la jungla ’ ».
— «El caso trascendió a la prensa tras las denuncias de decenas de enfermeras y médicos, que alertaron de una sobrecarga de pacientes que excedía con creces la capacidad del centro.
Algunos internos relataron que el dolor prolongado por tratamientos invasivos empujó a enfermos a tomar la traumática decisión de quitarse la vida.
El director general de Sanidad ha comunicado que los usuarios de la residencia La Pineda —en su mayoría afectados por trastornos mentales y discapacidad psíquica, actualmente alojados en una de las alas del hospital— serán trasladados de urgencia a una nueva instalación en el barrio de Roc Blanc ».
—« En su nota oficial, el director general sostiene que, tras el suicidio de Guerau Mauri , la situación se volvió insostenible y que desde entonces el número de fallecimientos por autolisis supera la veintena.
En cualquier caso, el hospital del Tórax afrontará una inspección exhaustiva que podría terminar con su cierre, lo que obligaría al ministerio a redistribuir a los pacientes entre distintos centros de Cataluña. »
—Y dimos con la aguja en el pajar —sentenció Jorge, con la satisfacción de quien ha desenmarañado un nudo antiguo—. El tipo se quitó la vida hace más de veinte año.
—Según nuestro cliente, no —repuse, mientras volvía a doblar el diario y me cruzaba de brazos—. Asegura que sigue vivo y coleando por ahí. ¿Qué sabemos del hospital del Tórax?
—Lo cerraron hace un par de años —contestó él—. De hecho corre el rumor de que está encantado; dicen que rondan por allí los fantasmas de los que murieron de tuberculosis.
—Vaya, no pensé que creyeras en esas cosas.
—Mi bisabuela era bruja, ¿sabes? Hacía cosas, magia negra, rituales. De pequeño mi madre me contaba historias para asustarme; me amenazaba con invocarla si no me portaba bien.
—Una ricura, tu madre.
—¿A que sí?
Guardé silencio unos instantes, sumido en mis pensamientos.
La verdad es que no habíamos descubierto gran cosa sobre aquel tal Guerau, y mucho menos alguna pista que pudiera orientarnos hacia su paradero.
La información obtenida apenas arrojaba claridad sobre el asunto, y la crónica del periódico más bien insinuaba que aquel hombre había encontrado la muerte en el hospital.
—¿Qué te parecería si tú y yo nos vamos de excursión esta noche? —propuse finalmente.
—¿A dónde? —preguntó Jorge, y su rostro adoptó un matiz ceniciento.
—Al hospital del Tórax, por supuesto.
—¿Y tiene que ser precisamente de noche? ¿Es que no has visto nunca esas películas de terror en las que vas diciendo: “¡Ay, Paquito, no bajes al sótano que te van a pelar como a un ganso!”, y al final siempre terminan muriendo los protagonistas?