Lucidez Chapter 110
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Chapter 110

sonrisa tan amplia como la misma puerta de Alcalá, portando bajo el brazo un ejemplar de diario que parecía custodiar con orgullo.

—¡Buenos días, jefe! —entonó con un entusiasmo contagioso, más feliz que unas castañuelas—. Tengo algo para ti.

Sin perder tiempo, se sentó frente al escritorio y, como si quisiera subrayar la importancia del momento, encendió un cigarro.

—Dime que has encontrado algo que nos sirva de verdad —le pedí mientras le servía una taza de café recién hecho—. Necesitamos una base sobre la que trabajar.

—Te dije que no te fallaría. Mira, estuve hurgando por la biblioteca, aunque al principio no sabía por dónde empezar.

Entonces se me ocurrió preguntarle a un muchacho que, por su aspecto, parecía bastante avispado, de esos que dan la impresión de haber pasado media vida entre libros.

Bueno, que me enrollo como una persiana...

El caso es que estaba ocupado metiendo los viejos diarios en los ordenadores esos...

—Digitalizando documentos, querrás decir —apunté.

—Sí, eso mismo. Ahora que lo mencionas, así lo llamó.

Para que no se pierdan, o algo por el estilo.

El caso es que le pregunté dónde podía encontrar información sobre el tal Guerau Mauri, y él se puso a buscar en un ordenador.

Y fíjate tú, me llevé una sorpresa enorme, porque aseguró haber encontrado una coincidencia.

Entonces me guió hasta un estante repleto de diarios municipales de Terrassa.

Y allí, cubierto de polvo y olvido, dimos con un ejemplar del periódico El Día .

Jorge colocó con solemnidad la reliquia sobre la mesa, y yo la tomé con curiosidad para hojearla.

La portada llevaba fecha del ocho de junio de 1972 y recogía varias columnas con noticias de distinta índole.

Una de ellas hablaba de Ramon Pont i Bas, otra relataba un trágico accidente vinculado al temporal, y también había una referencia al hospital del Tórax, que, hasta donde yo sabía, había cerrado sus puertas.

—¿Y te han permitido llevarte este ejemplar sin más? —pregunté, arqueando una ceja.

—No, hombre, qué va. Es una réplica. Tuve que pagar doscientas pesetas para que me hicieran una copia.

—Entonces dime exactamente qué debo mirar.

—¿Ves la noticia anexa sobre el hospital del Tórax? Pues busca la crónica completa en la página tres —señaló con un gesto.

Giré las páginas del ejemplar hasta dar con la crónica indicada. Allí estaba: una fotografía a toda página del hospital, bajo un titular que clamaba —con la solemnidad de los grandes escándalos—:

« Trágicos sucesos inexplicables en el hospital del Tórax despiertan el interés nacional de las autoridades sanitarias ».

—« El pasado mes de noviembre —comencé a leer en voz alta— s altaron las alarmas cuando el ministerio de Sanidad convocó una reunión de emergencia para evaluar el estado de alarma declarado en el hospital del Tórax, situado al norte de la ciudad de Terrassa ».

—« El hospital fue inaugurado en 1952, con la presidencia del generalísimo Francisco Franco, con la intención de acoger a pacientes de tuberculosis y cáncer de