Lucidez Chapter 99
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Chapter 99

una bruma cargada de recuerdos. Por un instante me vi arrastrado hacia la juventud: días desbocados en los que la anarquía era ley y la violencia parecía un juego. Sin embargo, la realidad era evidente: ninguno de los dos éramos ya los mismos.

—Me alegra mucho verte, Andrés —entonó él con voz áspera.

—No sé si puedo decir lo mismo, Jacky —respondí sin inflexiones, como si la emoción se me hubiera agotado hace tiempo.

—Por favor, no me llames así —pidió, cerrando los ojos mientras daba una calada lenta—. Ese apodo pertenece a unos días que ya quedaron atrás.

—No para todo el mundo. Algunos seguimos lidiando con los demonios del pasado, sombras que regresan una y otra vez para devorarnos.

—Han pasado demasiadas cosas desde entonces, Andrés.

—Ni que lo digas.

—Mira que llegamos a hacer tonterías en aquellos años mozos.

—Demasiadas.

—Aquella noche… nos comportamos como auténticos monstruos.

—Os comportasteis —le corregí con dureza—. Yo solo hice el imbécil un rato, como siempre que estaba con vosotros. Bendita influencia la vuestra.

—Yo no maté a la chica —replicó, clavándome la mirada.

Sostuve sus ojos buscando grietas, esperando hallar un destello de culpa. El tiempo había pasado, sí, pero aún conocía bien sus gestos, su manera de parpadear, de tensar la mandíbula. No estaba diciendo toda la verdad, pero tampoco mentía.

—¿Qué ocurrió entonces? —insistí.

—¿Te acuerdas de Cristian? No sé qué demonios le pasó, pero perdió la cabeza.

Empezó a estrangularla… y te juro que intenté detenerlo, pero fue inútil.

—¿Cuándo sucedió eso? —pregunté a continuación.

—Poco después de que te marcharas.

—¿Quieres decir que no la violasteis? ¿Vas a convencerme ahora de que no tuviste nada que ver? Recuerdo tu mirada enloquecida embriagada por el alcohol y la lujuria.

¡Incluso me diste un puñetazo!

—Hubo… lo que viste, sí. Fuiste testigo de lo que pasó. Pero cuando te fuiste la cosa empeoró y se nos fue de las manos. Te juro por mi vida que yo no la maté.

—¿Y por qué apareció en los lagos de Rubí?

—De eso sí que soy responsable. Éramos unos críos y entré en pánico.

No sabíamos qué hacer con el cuerpo, así que robamos un coche y la llevamos allí.

Cristian se había criado en el barrio 25 de Setembre de Rubí y dijo conocer aquellos lagos.

La arrojamos al agua y huimos hacia Sabadell.

Pocos días después la policía nos detuvo.

—Erais menores de edad —repliqué.

—Sí, y por eso me internaron en los Hogares Mundet, en el Raval de Barcelona. Alegaban que sufría una psicopatía severa. Allí pasé un verdadero infierno, Andrés, uno que no puedes ni imaginar.

—Qué pena más grande siento —murmuré, con un sarcasmo apenas velado.

—No estoy bromeando. Aquel centro estaba regido por curas, y conmigo hicieron lo que quisieron.

—¿Y qué ocurrió al cumplir los dieciocho?